Redacción

Santi Vila fue un estrecho colaborador de Carles Puigdemont. Formó parte de su Gobierno como consejero de Empresa y perteneció a su círculo de confianza hasta que el ahora expresidente de la Generalitat huido en Waterloo decidió apostar por la leyes de desconexión y la vía unilateral. Vila no genera indiferencia en Cataluña. Los secesionistas lo consideran un traidor y sus relaciones con sus antiguos compañeros son casi nulas, salvo con Artur Mas, su mentor político.

En una entrevista con Efe, Vila carga contra el actual presidente de la Generalitat, Quim Torra, al que considera un «agitador y un activista». También habla de él como un «gran desconocido». Reconoce que no empatiza con Torra, algo que es recíproco. El ejemplo de esta absoluta falta de sintonía fue lo ocurrido durante el juicio del desafío secesionista. Torra le dio la espalda por los pasillos del Tribunal Supremo y salió al lavabo durante el alegato final. Nunca se saludaron.

«Se mueve en una contradicción espiritual entre su alma como activista, incluso como agitador, y su alma como político o como máximo representante institucional de Cataluña», valora Vila a Torra, quien, en su opinión, está mucho más cómodo en su faceta de activista que cuando ejerce de máximo responsable del Ejecutivo catalán. «Le cuesta doblemente ser el presidente de todos, no solo de los independentistas», asegura.

A Vila le gustan los ejemplos como cuando se le pregunta por el procés. «Tensamos la cuerda y al final se nos escapó de las manos y así hemos tenido que asumir las consecuencias, aunque unos más que otros», señala. Confiesa que se esperaba una sentencia dura del Tribunal Supremo, pero no tanto porque «penas de 13 años por hechos que finalmente son descritos como una ensoñación... pues resulta paradójico justificarlo». Vila utilizó esta teoría gráfica en el juicio para explicar lo sucedido en Cataluña, que finalizó con la declaración en diferido de la independencia, un argumento que tuvo en cuenta el tribunal para descartar el delito de rebelión.

El exconsejero catalán cree que hubo negociaciones hasta el final para evitar el choque frontal entre la Generalitat y el Gobierno de Rajoy. Vila pone como ejemplo la respuesta del Ejecutivo a las leyes de desconexión, cuerpo doctrinal del referendo del 1-0. «Cuando se aprueban las tristes leyes, el Gobierno no toma la decisión de aplicar el 155; eso quiere decir que entre los dos Ejecutivos existía la intuición de que se podía evitar el choque».

Vila reprueba sin matices la violencia, pero aboga por no demonizar el derecho de manifestación. Ensalza la tarea de Miquel Buch, denostado por sus propios socios, y reprocha a Pedro Sánchez que no le haya cogido el teléfono a Torra. «Guste más o menos, es el presidente de la Generalitat y acaba de superar una moción de censura». Sobre el futuro, Vila cree que tras las elecciones del 10N habrá comicios en Cataluña. Dice que Torra no es la mejor baza del independentismo para dialogar y apuesta por hombres con «perfil institucional» como Artur Mas.

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«Torra es un agitador y un activista», dice Vila, exconsejero con Puigdemont