La importancia de trolear al Estado Islámico

Ridiculizar a los yihadistas es un antídoto al terror del que se nutre su ideología

Dos iraquíes atiende a la noticia de la muerte del lider del EI, Abu Bakr al Bagdadi
Dos iraquíes atiende a la noticia de la muerte del lider del EI, Abu Bakr al Bagdadi

Beirut / E. La Voz

«Ya que el islam es misericordioso, masacramos y repartimos la carne. Y como tenemos que reducir el tráfico, explotamos coches bomba». Con estos versos se burla la banda libanesa Al Rahel al Kabir de la doctrina de Abu Bakr al Bagdadi, difunto líder de Estado Islámico (EI).

Muerto Al Bagdadi, la amenaza de la ideología extremista continúa. Su eficaz aparato propagandístico atrajo más de 40.000 hombres y mujeres de 80 países a Siria e Irak para vivir bajo un califato (2014-2019) que llegó a tener el tamaño del Reino Unido. En el marco de la guerra psicológica, el EI se distinguió por difundir en redes sus macabros vídeos de decapitaciones o crucifixiones con un objetivo: sembrar el miedo para subyugar a los locales y envolverse en un aura de ‘temibles yihadistas invencibles’.

Una respuesta efectiva

Una manera de romper ese aura de terror fue sustituir las caras de los ‘temibles’ yihadistas con patitos de goma al grito de Allahu Cuakbar -en vez de Allahu Akbar (Alá es el más grande)-. Así lo hicieron los troles de Internet, en el fórum 4chan. Según el analista William Merrin, en su libro Digital War, ese «espíritu de troleo» ha sido «una respuesta más efectiva contra el Estado Islámico que los esfuerzos gubernamentales de contrapropaganda» porque «contrarresta el miedo y la seriedad que el grupo explotaba» interpelándolos a su mismo nivel: la cultura de Internet. «Ante los apocalípticas amenazas de EI, el trol responde: ¿estás loco tío?», resume Merrin. 

Por ejemplo, cuando un comandante del Estado Islámico llegó a Raqa, ciudad bajo el yugo de los yihadistas durante cuatro años, las redes le convirtieron en un meme ya que su uniforme de camuflaje le asemejaba a un kebab.

El académico Ahmed al Rawi en su investigación sobre «humor anti-ISIS [como también se conoce al EI]» concluye que «el ridiculizar, contrarrestar y desacreditar la ideología de los terroristas es un esfuerzo de resistencia cultural que persigue combatir el terrorismo».

Un clásico son las compilaciones de vídeos de yihadistas cayéndose, disparándose unos a otros o auto inmolándose por error. Según Merrin, «la representación de su caos, miedo y desventuras han probado ser una importante arma de información contra el auto creado mito de yihadistas invencibles».

Cuando se declaró el califato, los usuarios de Twitter lanzaron preguntas tipo: «¿Cuándo abrirá el EI al turismo?» o «En serio habéis prohibido los pepinillos?» Bajo el hashtag #PelículasISIS, algunos propusieron: «No es país para cristianos», «Kill Bill y todos los demás» o «Tres decapitaciones y un funeral». 

Durante el momento álgido del Estado Islámico, en el 2014 y el 2015, televisiones de Irak, el Líbano o Palestina emitieron programas mofándose de los yihadistas.

El libanés Jiscar Lahoud fue productor del programa Ktir Salbeh que dedicó más de 20 episodios al Estado Islámico. «Nos centramos en mostrar que EI tiene nada que ver con el islam y representamos a los terroristas del EI como personajes estúpidos a los que les han lavado el cerebro» explica. 

Con el declive del califato territorial, la sátira contra el grupo terrorista ha ido perdiendo fuelle, ya que la amenaza parece menos inminente. Pero la ideología del EI persiste, así como la mofa a esta. Aunque a veces sea inintencionada: el obituario de Bagdadi en The Washington Post leía: «Austero erudito religioso al mando del ISIS muere con 48 años». Una usuaria de Twitter respondió: «Hannibal Lecter, reconocido psiquiatra forense y experto gastronómico muere a los 81».

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