Sánchez acusa al PP y a Cs de «achantarse» ante Abascal

Pide concentrar el voto en el PSOE para salvar el «bloqueo»


Madrid / La voz

Pedro Sánchez acusó ayer a Pablo Casado y a Albert Rivera de haberse «achantado» en el debate televisivo del lunes ante una «ultraderecha envalentonada». El presidente del Gobierno en funciones cargó en sus mítines de Valladolid y Badajoz contra los líderes del PP y Cs por mirar hacia otro lado cuando el candidato de Vox, Santiago Abascal, lanzaba sus rompedoras propuestas para la «supresión de las comunidades autónomas» o la ley contra la violencia machista.

Siguiendo la estrategia que tan buen resultado le dio la pasada campaña, en la que martilleó con las amistades peligrosas de azules y naranjas, Sánchez lamentó que dos partidos que se autoproclaman primos hermanos de la CDU o de La République En Marche no imiten el cordón sanitario que Merkel y Macron levantaron en sus respectivos países contra la ultraderecha para alejarla de las instituciones de gobierno. «Callan porque hacen todo lo contrario a lo que hace el PP en Europa o los centristas en Francia», criticó.

El objetivo de estos ataques frontales contra «la España en blanco y negro» no es otro que el de movilizar al electorado progresista, entre descontento y apático por el fracaso en la investidura de este verano. Los ataques contra Podemos son más sibilinos. El socialista busca concentrar el voto en sus siglas al plantear el 10N como una disyuntiva entre «votar al PSOE o votar un montón de siglas a izquierda y derecha para continuar con el bloqueo».

En ese intento de asfixiar a Iglesias, Sánchez eligió para un brevísimo paseo electoral el barrio de Pajarillos, uno de los más populares de todo Pucela. 

La economía y el secesionismo

El miedo a la ultraderecha y el voto útil para el PSOE fueron los dos pilares sobre los que Sánchez construyó sus actos de campaña de ayer. De Cataluña y del dinero le tocó hablar a la gallega Nadia Calviño, la ministra de Economía a la que Sánchez aupará a una vicepresidencia si logra ser reelegido. Tras quitar hierro a los últimos datos del paro, al asegurar que octubre es un mes muy poco propicio para el empleo, Calviño relacionó el mal momento económico que atraviesa Cataluña, con un crecimiento inferior al de la media española, con el desafío secesionista, que ahuyenta a inversores y empresarios.

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