«Our Boys», Israel abierta en canal

H. J. Porto REDACCIÓN / LA VOZ

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El actor Shlomi Elkabetz, a la derecha, en una escena de la serie «Our Boys», donde encarna al agente encubierto cuyo nombre en clave es Simón
El actor Shlomi Elkabetz, a la derecha, en una escena de la serie «Our Boys», donde encarna al agente encubierto cuyo nombre en clave es Simón

La investigación del asesinato de un joven palestino (que remite a hechos ocurridos en el 2014) por un agente de la inteligencia israelí explora las contradicciones y complejidades de una sociedad inmersa en la división y el odio que alimenta el conflicto israelo-palestino

18 nov 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Algo debe haber hecho bien la coproducción televisiva estadounidense-israelí Our Boys cuando no ha contentado a Israel, ni a la derecha ni a la izquierda, y tampoco a Palestina. Algún acierto debe encerrar esta miniserie cuando el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu salió en tromba para -tras tacharla de artefacto antisemita y de ataque al Estado judío- promover su boicot. Quizá la crítica más admisible venga de las organizaciones de izquierda cuando reprochan a sus creadores que hayan blanqueado los métodos de los servicios de inteligencia israelíes al presentarlos como demasiado humanistas y empáticos y que hayan pasado por alto la ocupación de los territorios palestinos.

Y, sin embargo, estos argumentos no invalidan Our Boys, que se eleva como un trabajo de ficción (de inclinación documental) a una altura no muy lejos de otro excelente producto distribuido por HBO, Chernobyl.

Our Boys parte de los hechos acaecidos en Jerusalén en el verano del 2014, el 12 de junio, cuando tres jóvenes israelíes fueron secuestrados cerca de la ciudad cisjordana de Hebrón. Tras dos semanas de tensión, fiebre racial enardecida y oración colectiva suplicando por su regreso a casa con vida, aparecieron sus cadáveres. Netanyahu culpó a Hamás de sus muertes. Y la tensión social fue en aumento. Hasta que el asesinato horripilante de un adolescente palestino amenaza con llevar la ira de la masa hacia el clímax máximo.