JxCat y ERC se declaran la guerra con la mirada puesta ya en las autonómicas

El diálogo con Sánchez se convierte en el campo de batalla entre las fuerzas secesionistas

El presidente del grupo de ERC en el Parlamento catalán, Sergi Sabrià, este sábado, en Barcelona
El presidente del grupo de ERC en el Parlamento catalán, Sergi Sabrià, este sábado, en Barcelona

madrid / la voz

Que el independentismo dista mucho de estar a partir un piñón no es un secreto. La negociación de ERC con el PSOE para facilitar la investidura de Pedro Sánchez ha colocado bajo los focos la fractura con sus socios en el Gobierno de la Generalitat. JxCat, y muy especialmente el presidente Torra, se resisten a quedar relegados del liderazgo de la hipotética negociación que, sobre el conflicto catalán, los republicanos le han puesto a los socialistas como condición por su abstención en la investidura. Y es que Torra es muy consciente de que, pendiendo sobre su cabeza la espada de Damocles de su más que probable inhabilitación, esa mesa de negociación -que ni siquiera está asegurada- puede ser su último minuto de gloria en la arena política y no está dispuesto a renunciar a él.

El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) lo juzgó hace apenas dos semanas por un delito de desobediencia, por ignorar el requerimiento de la Junta Electoral Central para que retirara de la Generalitat los lazos amarillos y las pancartas de apoyo a los líderes independentistas presos. Se juega hasta dos años de inhabilitación que, aunque no se harían efectivos hasta que el Tribunal Supremo confirmara la firmeza de la sentencia, le apartarían de la escena política y abocarían, con toda seguridad, a unas elecciones anticipadas en Cataluña. Y ese es precisamente el trasfondo que explica la extrema beligerancia que se ha desatado entre los posconvergentes y los republicanos que, como personajes animados de los autos locos, no dejan pasar oportunidad para sabotearse. Todo sea por rentabilizar ante el electorado secesionista por el que compiten que son la formación más entregada a la defensa de una causa que hace agua.

Así, mientras que ERC, con Gabriel Rufián a la cabeza, monopoliza en Madrid las conversaciones con el PSOE, desde las filas de JxCat -que no se moverá de su negativa a investir a Sánchez- se esfuerzan en torpedearlas desde todos los frentes. Al primer paso de marcar distancias con la estrategia de diálogo de los republicanos, mostrándola ante su potencial electorado como «blanda» frente a su «no» sin fisuras, a su entrega total a la independencia, le ha seguido el de vender la piel del oso antes de cazarlo, imponiéndose como interlocutor imprescindible en la mesa de negociación «entre Gobiernos» -de llegar a constituirse- que los independentistas le reclaman al PSOE para buscar una solución «política» al conflicto catalán. Por supuesto, el derecho a la autodeterminación o la amnistía para los políticos condenados estarían entre los puntos a discutir. Sin líneas rojas

Torra, el «imprescindible»

El vicepresidente de la Generalitat y coordinador nacional de ERC, Pere Aragonès, aseguraba este miércoles que la presencia de Torra en dicho diálogo «no era imprescindible» y que, en cualquier caso, vendría determinada por el rango de los interlocutores de la otra parte. Sin embargo, su jefe de Gobierno le enmendó la plana inmediatamente, dejando claro ya no solo que era imperativo que él, como presidente, formara parte de la negociación, sino que Pedro Sánchez debía «llamarle».

Y por si el golpe en la mesa no había atronado lo suficiente, la portavoz de JxCat en el Congreso, Laura Borràs, hizo el bis el viernes, acusando de «desleal» a Aragonès por su intento de regate a Torra. Con los ojos puestos en una cada vez más próxima cita con las urnas, las lealtades en el seno del Gobierno han perecido. La batalla por el voto no ha hecho más que empezar.

Los republicanos dicen «no tener ningún tipo de prisa» porque lo que les importa es «el acuerdo, no el calendario» 

El objetivo inicial del PSOE de tener Gobierno para Nochebuena se aleja por momentos, ya que los republicanos pretenden tomarse con mucha calma la negociación. No les preocupa el calendario, sino el contenido del acuerdo, como recordó este sábado Sergi Sabrià. El presidente del grupo de ERC en el Parlamento catalán aseguró por ello que no tienen «ningún tipo de prisa» y que «si no hay acuerdos, nadie podrá responsabilizar a ERC de unas terceras elecciones».

Ambas formaciones, que se reunieron el pasado jueves en Madrid, retomarán las conversaciones este martes. Sabrià insistió en que a los republicanos, que piden a los socialistas «movimientos» explícitos que prueben un compromiso real, les da igual «esperar un mes o dos» para cerrar un pacto de investidura. La condición para abstenerse en la votación y entregarle a Sánchez la presidencia es que el PSOE acepte abrir una mesa de diálogo entre iguales, sin líneas rojas y con un calendario y garantías de cumplimiento.

El diputado republicano también quitó hierro a la polémica desatada esta semana con sus socios de Gobierno sobre quién debería acudir a dicha negociación, si finalmente se produce. «Lo de menos es quién se acaba sentando en la mesa en el día a día» porque «si hay un acuerdo, deberá llevar la rúbrica de los dos presidentes», es decir, Pedro Sánchez y el catalán Quim Torra.

Pero lo que para los republicanos es un asunto menor, no lo es en absoluto para la formación de Torra, JxCat. El presidente dejó bien claro el jueves en el Parlamento autonómico que su presencia era imprescindible, y este sábado su consejera de Presidencia y portavoz de la Generalitat, Meritxell Budó, volvió sobre el asunto: «No hay suficiente con que participe solo uno de los partidos del Govern».

En una entrevista en la Cope, reivindicó también, además de que Torra esté al frente, que se pueda «hablar de todo». «No pedimos nada que no se produjese en la mesa de Pedralbes», dijo, en referencia a la reunión celebrada en diciembre del pasado año en el palacio de Pedralbes, en la que estuvieron los dos presidentes. 

La «represión» del PSOE

Lo que sí descartó Budó es que las notorias diferencias entre JxCat y ERC sobre contribuir o no a la gobernabilidad de España signifique una crisis de Gobierno que obligue a un adelanto electoral. Aprovechó para responsabilizar a Sánchez y su actitud -le acusa de mantener la misma «represión» que el PP- de impedir a JxCat cambiar su no.

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