La guerra de los herederos del Chapo Guzmán

El aumento de los asesinatos está ligado a la pugna entre carteles por el negocio de la droga y su fragmentación

Un tiroteo de siete horas entre miembros del cartel del Nordeste y las fuerzas de seguridad  se saldó el sábado con 14  muertos en Villa Unión, fronterizo con Texas. En la huida abandonaron un vehículo con un arma automática
Un tiroteo de siete horas entre miembros del cartel del Nordeste y las fuerzas de seguridad se saldó el sábado con 14 muertos en Villa Unión, fronterizo con Texas. En la huida abandonaron un vehículo con un arma automática

México / E. La Voz

Las redes de narcotráfico en México se encuentran en un proceso de fragmentación. La creciente división de los antaño grandes carteles y su pugna por hacerse con rutas, plazas y negocio explican el dramático incremento de los homicidios experimentado en los últimos años. Son carteles contra carteles. Carteles contra las autoridades. Carteles contra la sociedad. En el 2018 más de 34.000 mexicanos fueron asesinados. Este año, el primero de Andrés Manuel López Obrador como presidente, se están batiendo récords por lo que todo apunta a que se superará esta cifra.

La estrategia de «descabezamiento» puesta en marcha por Felipe Calderón (2006-2012) en el inicio de su guerra contra el narcotráfico está en el origen de la multiplicidad de grupos delictivos, según expertos como Martín Barrón, criminólogo del Instituto Nacional de Ciencias Penales (Inacipe). Esto provocó que el número de grupos criminales en México pasase de apenas seis organizaciones (Sinaloa, Tijuana o Arellano Félix, Juárez, Golfo, Familia Michoacana y Beltrán Leyva) hasta más de 200, algunas de apenas 50 o 60 miembros y con implantación en pequeños territorios.

Históricamente, el cartel de Sinaloa, liderado por Joaquín el Chapo Guzmán (preso en EE.UU.) e Ismael Mayo Zambada (en libertad), fue la organización criminal más poderosa de México. Siempre se centró en el narcotráfico, sin entrar apenas en otros negocios ilícitos como el huachicoleo (robo de combustible), tráfico de personas o extorsiones. Para entender la importancia de Sinaloa: cuatro de los grandes carteles proceden de ahí: Juárez, Beltrán Leyva y Arellano Félix. Sagas de narcos nacidas en el mismo territorio y que centran su negocio en el trasiego de estupefacientes (marihuana y cocaína) al norte.

Sin embargo, surgen competidores. Ahora, según Guillermo Valdés Castellanos, exdirector del Cisen (los servicios secretos mexicanos), el dominio de Sinaloa está amenazado por otro grupo en auge: el cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Liderado por Nemesio Oseguera Cervantes, el CJNG fue en su día una parte del de Sinaloa que llevaba los negocios en Jalisco. A la muerte de Ignacio Coronel, asesinado en el 2010, el grupo se descontrola. Y llega un momento en el que se ve con capacidad de disputar las plazas a otras estructuras armadas. 

Violencia y diversificación

Estos eran los años de auge de Los Zetas, un grupo de antiguos militares que terminaron configurando su propio grupo delictivo y que imprimieron un nuevo carácter: violencia desmedida y diversificación del negocio. Los Zetas también se dividieron y ahora un sinfín de grupúsculos pugnan en Tamaulipas o Veracruz: Zetas Nuevos, Zetas Vieja Escuela o cartel del Nordeste son algunos de los que reclaman ser los herederos de uno de los grupos con un historial más salvaje en México.

El CJNG se inspiró en esta voracidad para desarrollar sus negocios. Su estrategia es llegar a un territorio y disputar a los delincuentes locales su negocio. Por ejemplo, llega a Guanajuato, estado por el que pasan los oleoductos de petróleo, y entra en guerra con el cartel de Santa Rosa por el tráfico ilegal de combustible. Llega a Playa del Carmen, en Quintana Roo, y le disputa a los restos de los Zetas el narcomenudeo en las zonas turísticas. «Por ahora nadie ha sido capaz de frenarlo», dice Valdés Castellanos.

Al margen de Sinaloa o CJNG, aproximadamente una decena de grupos mantienen una relevante implantación territorial. Todos tienen una vinculación con su lugar de origen. Por ejemplo, los Arellano Félix en Tijuana o la Familia Michoacana en Michoacán. De estos últimos también surgieron los Caballeros Templarios, con una característica cuasi religiosa.

Ciudad de México siempre se consideró un oasis en el que no entraban los grandes carteles pero tiene sus propios grupos delictivos como la unión de Tepito, el cartel de Tlauac o el de Iztapalapa. Los expertos coinciden en que no parece que el actual Gobierno de López Obrador tenga una estrategia clara para poner fin al crecimiento de los grupos criminales. Sus antecesores fallaron. Los carteles siguen multiplicándose.

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