Lucas perdió la piel, le tuvieron que coser los párpados y darle quimioterapia: todo por un error médico

Tiene 11 años y un doctor le suministró una dosis de medicina cuatro veces superior. Ha sobrevivido de milagro y su familia ha denunciado al Servicio Extremeño de Salud


redaccion

Con tan solo 11 años, Lucas ha vivido un verdadero infierno. Está vivo, literalmente, por muy poco. Todo porque un médico le recetó un fármaco para la epilepsia y se equivocó con la dosis. Realmente fue una cadena de errores cometidos en tres centros extremeños (Virgen del Puerto de Plasencia, Valencia Alcántara de Cáceres y Materno-Infantil de Badajoz). 

A los cuatro años a Lucas le diagnosticaron epilepsia y comenzaron a medicarlo tras sufrir un atragantamiento y, a pesar de que nunca había tenido ninguna crisis. En enero del año pasado, con once años, su médico sumó un fármaco más al tratamiento, Lamictal. El problema fue la dosis: cuatro veces superior a la que debía administrársele debido a la interacción con otro medicamento que ya estaba tomando (Depakine). 

Pronto comenzaron las complicaciones, como relata el Periódico de Extremadura. Primero aparecieron llagas en la boca, algo que confundieron con un herpes. Después llegó la fiebre. Ya ingresado en el hospital Virgen del Puerto de Plasencia, las llagas y las quemaduras se extendieron por todo el cuerpo,que se comenzó a poner negro. La piel se caía a tiras, al igual que las uñas y hasta los pezones. 

La situación empeoraba día tras día por lo que lo trasladaron al Materno Infantil de Badajoz. Fue allí donde le diagnosticaron el Síndrome Stevens-Johnson,un trastorno grave y extraño de la piel y de las membranas mucosas. Por lo general, fruto de una reacción a un medicamento. 

El siguiente paso fue llevárselo al hospital madrileño de La Paz en helicóptero. El niño llegó al borde de la muerte. Allí estuvo 16 días en Cuidados Intensivos en los que hubo que coserle los párpados para que no se quedara ciego a causa de la quemazón. También hubo que ponerle quimioterapia. Lucas ha sobrevivido aunque, como cuenta su madre en el diario El Mundo, «ahora no le gusta mirarse al espejo. No ha recuperado alguna de las uñas, ha tenido que aprender a comer con llagas en la boca y tiene una fotosensibilidad brutal, de forma que casi siempre va con gafas de sol».

La familia reclama más de 300.000 euros al Servicio Extremeño de Salud (SES), aunque sus abogados no descartan ampliarla tras conocerse otro posible agravante. En el hospital La Paz no encontraron ningún rastro de epilepsia por lo que sospechan que le fue diagnosticada sin padecerla. 

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