Macron intenta calmar a los sindicatos y matizará su reforma de las pensiones

Propone la introducción gradual de los cambios para ferroviarios y profesores

Un grupo de manifestantes protestan por las calles de Marsella
Un grupo de manifestantes protestan por las calles de Marsella

PARÍS / E. LA VOZ

Hay que tener paciencia hasta el miércoles a las 12 horas, porque solo en ese momento, el jefe del Gobierno francés, Edouard Philippe, desvelará «la totalidad del proyecto del Gobierno» sobre la reforma de las pensiones. Mientras tanto, el primer asalto lo han ganado los sindicatos. A la vista del éxito de la primera convocatoria, los organizaciones opuestas a este proyecto estrella de Emmanuel Macron no van a esperar y han llamado a una nueva jornada de huelga y manifestaciones para el martes. Esa misma noche, se reunirán de nuevo para decidir si el movimiento social se mantiene. Este viernes volvieron a afirmar su «rechazo a un sistema por puntos llamado universal que llevaría inevitablemente a un recorte de pensiones y un nuevo aumento de la edad de la jubilación», como indicaron en un comunicado conjunto.

Confiado por la amplitud del primer día de huelga, Philippe Martinez, secretario general de la CGT, uno de los sindicatos promotores de la misma, espera sin más que el Gobierno «retire la reforma» para comenzar a discutir sobre nuevas bases, y espera que se sumen más personas a la movilización, «es necesario que sean más si queremos pesar en la toma de decisiones». 

«No es un capricho»

Por su parte, Bernadette Groison, secretaria general de la FSU, principal sindicato de profesores, advirtió que los trabajadores están «determinados a seguir, no se trata de un capricho de unos días».

El jefe del Ejecutivo se vio obligado a tomar la palabra para intentar calmar los ánimos. En una intervención televisada, Edouard Philippe afirmó que su lógica «no será jamás la de la confrontación» y que escucha el descontento que expresan los franceses que hicieron huelga el jueves, así como «a los que sufren» los inconvenientes de la movilización sindical. Aseguró que él cree en el diálogo social y rechazó las críticas que les hacen sobre el exceso de «verticalidad» por parte del Gobierno en la toma de decisiones, porque tienen la voluntad «firme» de llevar a cabo la reforma pero «sin brutalidad».

Además, abrió la puerta a matizar algunos de los aspectos más lesivos de la reforma para intentar calmar los ánimos de los manifestantes. Edouard Philippe confirmó la desaparición de los regímenes especiales, aunque añadió que estaba dispuesto a que sea una «transición progresiva» que minimice los perjuicios a los trabajadores del ferrocarril y a los profesores. Y se mostró persuadido de que «encontraremos el buen punto de equilibrio con las organizaciones sindicales». De momento solo la Confederación Francesa Democrática del Trabajo (CFDT) sigue apoyando la idea de un régimen universal de pensiones.

A la espera de la nueva huelga general el martes, los trabajadores de ferrocarriles siguen manteniendo la presión sobre el gobierno y seguirán movilizados este fin de semana, lo que significa que solo circularán entre el 10 y el 15 % de los trenes habituales, como este viernes, a pesar de que el número de huelguistas descendió considerablemente en relación con el jueves (del 55,6 % al 31,8 %). También se les unirán varios transportistas que organizarán bloqueos en las carreteras, mientras que dos sindicatos de policías piden a los suyos que sigan con el «servicio mínimo»

Para los comerciantes, el primer día de huelga supuso un «30 % menos de actividad» según la Alianza del Comercio.

El recuerdo de la protesta de 1995, que hizo tambalear al Gobierno, amenaza el Elíseo 

La reacción contra la reforma de las pensiones en Francia guarda paralelismos con la que hubo de ser retirada en 1995 por una huelga histórica que trastocó durante casi un mes la actividad del país, un precedente que forzosamente tiene en mente Macron.

El paro iniciado este jueves tiene, al igual que en 1995, un seguimiento masivo en los ferrocarriles y en los transportes metropolitanos de la región de París, donde viven 12 millones de personas.

El director de orquesta es el primer ministro de Macron, Édouard Philippe, que la próxima semana será el encargado de presentar los detalles. Ironías del destino: el padrino de Philippe en la política no es otro que Alain Juppé, primer ministro en 1995.

El conservador Juppé fue el autor de aquella fracasada reforma y quien la tuvo que retirar bajo la presión de una huelga que duró 23 días y que, como por ahora, se asentó en la casi unanimidad de los sindicatos.

Jacques Chirac había ganado las elecciones en mayo de ese año con un programa cuyo eje principal era luchar contra la «fractura social». Macron conquistó el Elíseo en el 2017 con un programa de corte liberal.

En lo que sí coincide la situación de diciembre del 2019 con la de hace justo 24 años es en un clima social muy deteriorado, ahora simbolizado por las protestas de los chalecos amarillos.

El 10 de diciembre de hace 24 años, Juppé, que se había forjado una imagen de inflexible y soberbio, anunció que los regímenes especiales como el de la SNCF se mantendrían, y se aplazó la reforma de la compañía ferroviaria.

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