Johnson y Corbyn se juegan el «brexit»

Los conservadores atisban su victoria, pero la oposición confía en el voto táctico de los europeístas

Una seguidora laborista se hace un selfi ante el autobús de campaña
Una seguidora laborista se hace un selfi ante el autobús de campaña

Londres / E. LA vOZ

Más de 46 millones de británicos están llamados hoy a las urnas para elegir un nuevo Parlamento en un inusual proceso, que tiene más sabor a segundo referendo sobre la permanencia en la Unión Europea que a unas elecciones generales anticipadas en sí. El brexit, el tema que ha copado la atención del país desde el referendo del 2016, ha dominado la campaña electoral y ha sido el pilar central de las ofertas de los partidos que aspiran repartirse los 650 escaños en la Cámara de los Comunes en disputa.

Así, por ejemplo, los conservadores del primer ministro Boris Johnson, incluso titularon su programa de Gobierno como «Culminemos el brexit y liberemos el potencial del Reino Unido» (Get brexit done unleash britain's potential, en inglés). Por no decir nada del Partido del Brexit del eurófobo Nigel Farage, quien hasta bautizó a su nueva formación con el nombre del asunto que se ha vuelto un quebradero de cabeza para la política británica. En el otro bando, por su parte, ponerle freno el divorcio con la UE ha sido casi la única oferta que han hecho a los electores los liberaldemócratas y los nacionalistas escoceses, mientras que los laboristas la han acompañado con llamativas y millonarias promesas sociales. 

Una contienda dura

La contienda electoral fue inusualmente dura y agria para los estándares británicos, donde los dos principales contendientes (el tory Boris Johnson y el laborista Jeremy Corbyn) incluso se acusaron de ser una amenaza para la seguridad del país.

Tres candidatos con poco tirón

Y aunque el tema de la pertenencia a la UE ocupó buena parte de las cinco semanas de campaña, en la recta final comenzó a ceder protagonismo la segunda preocupación de los electores: La sanidad pública (NHS). ¿La razón? En un primer momento, por la difusión por parte de Corbyn de unos papeles que demostrarían que, en el marco de las negociaciones para un tratado de libre comercio con EE.UU., la posibilidad de privatizar el sistema público de salud estaría sobre la mesa, lo cual fue negado con vehemencia por los tories. Y esta misma semana, por la reacción del premier a la fotografía de un niño enfermo que dormía en el suelo de un hospital en Leeds por falta de camas. Johnson no solo rechazó en un primer momento ver la imagen, que se volvió viral, sino que le arrebató el móvil al periodista que trataba de obtener de él una reacción.

Está por ver si este patinazo le resta votos y lo saca de la confortable zona donde lo ubican la mayoría de las encuestas, con una cómoda ventaja. 

Como Thatcher

El grueso de los estudios de opinión vaticinan que los conservadores ganarán las elecciones y algunos incluso pronostican que lo harán con una mayoría no vista desde los tiempos de la venerada Margaret Thatcher (1979-1990).

El grueso de las encuestas colocan a Johnson con entre 6 y 10 puntos de ventaja sobre Corbyn. Esto, a pesar de sus salidas de tono o de que alguna de sus promesas han sido calificadas como mentiras como la de contratar a 50.000 nuevas enfermeras. Mientras, el líder de la oposición parece no haber conseguido conectar con la ciudadanía y cambiar la mala percepción que se tiene de él. Así, el veterano político sigue atesorando el infausto honor de ser el candidato más impopular de un partido mayoritario desde el inicio de la demoscopia. Solo el 22 % de los británicos dice fiarse en él. Pese a esto malos augurios, la oposición confía en que los ciudadanos contrarios al brexit voten a los rivales de los tories, sin importar el partido al que representen. Sería la única forma de impedir que Boris Johnson pueda gobernar solo. 

Danza de los millones

A Corbyn parece que no lo han ayudado sus atractivas promesas de ofrecer Internet gratuito a todos los hogares o de incrementar a diez libras (11 euros) por hora el salario mínimo. El laborista sigue siendo visto como un representante de la vieja izquierda y sus anuncios de que si llega al 10 de Downing Street nacionalizaría parte de las telecomunicaciones, de la energía o los ferrocarriles siguen generando recelos entre los votantes centristas y sobre todo en los grandes capitales.

Sin embargo, ambos candidatos han coincidido ofrecerle a los electores el fin a los recortes iniciados precisamente por los conservadores durante el primer mandato de David Cameron. Johnson incluso ha llegado a ofrecer también un aumento del salario mínimo, más dinero para salud, educación y seguridad; y una reducción de impuestos a los pequeños empresarios. Promesas cuya materialización expertos ponen en duda. Habrá que esperar el veredicto de las urnas.

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juan francisco alonso
PA Wire dpa

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Faltan menos de 72 horas para que los 46 millones de británicos registrados para votar acudan a las urnas a elegir a los 650 nuevos integrantes del Parlamento de Westminster, que a su vez escogerán a un nuevo primer ministro. No obstante, todo parece indicar que el inquilino del 10 de Downing Street no tendrá nada de nuevo, porque todas las encuestas apuntan a que el conservador Boris Johnson ganará las elecciones. Esta posibilidad mantiene en vilo a los europeos residentes en el país, entre ellos a los gallegos, por las consecuencias que puede traer para la materialización del brexit.

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