washington / E. La Voz

Demasiado progresistas, demasiado viejos, incapaces de movilizar al electorado afroamericano, homosexual, mujer... A un mes para que se inicie el proceso de primarias, el debate sobre las opciones electorales del Partido Demócrata para volver a la Casa Blanca parece más centrado en los posibles inconvenientes que en los argumentos para la ilusión. Quizá porque existe el precedente inmediato del 2016, donde pocos anticiparon que Donald Trump llegaría a la presidencia. 

JOE BIDEN

El exvicepresidente lidera un pelotón. Los demócratas proclamarán a su elegido o elegida a la presidencia a mediados de julio, pero será a partir de febrero, con los caucus de Iowa, cuando comenzará a agilizarse el monumental atasco de candidaturas que obligó en junio a organizar dos noches de debate televisado. El tráfico todavía es denso, pero los 15 nombres que mantienen su empeño quedan lejos de los 28 que llegaron a probarlo, y bastan los dedos de una mano para contar a los que tienen opciones reales. El exvicepresidente Joe Biden ha liderado en todo momento las encuestas nacionales. 

sanders y warren

Los senadores despiertan más dudas que certezas. La extrema polarización partidista que ha exacerbado la presidencia de Donald Trump pone entre interrogantes uno de los valores que harían en teoría de Biden un candidato más efectivo frente a Trump que, por ejemplo, los senadores Bernie Sanders y Elizabeth Warren. En lo que en Estados Unidos se denomina electability (los elementos que, más allá de las encuestas, suman o restan en favor de un determinado candidato), la moderación programática de Biden podría tener más opciones de pescar votos republicanos que las propuestas más izquierdistas de Sanders y Warren. Sin embargo, con el 90 % de conservadores aprobando la gestión de Trump, ¿se puede contar con restarle votos al presidente? E incluso, ¿cuántos potenciales electores demócratas se abstendrían de votar a un candidato del establishment político de Washington como sucedió en el 2016 con Hillary Clinton? ¿Se quedarían en casa los más moderados si es un candidato más radical aunque ello abriera la puerta a más Trump? ¿Qué harán los votantes independientes? 

EL DEBATE IDEOLÓGICO

¿Restauración o revolución? El alma demócrata se debate entre retroceder a un tiempo anterior a Donald Trump o aprovechar la coyuntura para reinventar el modelo de país. Pero ni Estados Unidos podrá ignorar el efecto de Trump ni tampoco parece en disposición de darle la vuelta al calcetín y convertirlo en una socialdemocracia a la europea. Lo diagnosticó Barack Obama hace unas semanas: «Este sigue siendo un país que está más interesado en mejorar que en ser revolucionario». 

Joe Biden dice que está en una «batalla por el alma de Estados Unidos» e incluso se ha ofrecido como el político ideal para restablecer los puentes entre demócratas y republicanos. Su intento por recuperar la corrección política se ha encontrado con un obstáculo mayúsculo: el impeachment contra Trump nace del empeño del presidente por lograr que Ucrania le ofreciera material comprometedor sobre el propio Biden. Viejos amigos suyos en el otro bando, como el senador Lindsey Graham, se han sumado al aquelarre de la conspiración. Sus buenas intenciones naufragan en la tempestad desatada por la Casa Blanca. En el último debate, celebrado en Los Angeles antes de las Navidades, Biden advirtió que sin consenso «estamos muertos como país». 

DONALD TRUMP

El pegamento demócrata. Se debate con pies de plomo para no abrir una grieta insalvable entre las (al menos) dos almas del Partido Demócrata. La obsesión por batir a Trump es el pegamento de la unidad del partido, aunque no es lo mismo la idea de una sanidad universal pública defendida por Warren y Sanders que la mejora del Obamacare, propuesta por Biden. Hay matices en materia de control de armas, cambio climático o inmigración, pero por lo general se impone una cortesía solo alterada por ataques casi quirúrgicos que van variando en función de lo que dicen las encuestas. Por eso, en Los Angeles fue Pete Buttigieg la diana favorita. El alcalde (gay) de una pequeña población de Indiana lidera las encuestas en Iowa. Ganar allí no garantiza nada, pero ofrece una valiosa visibilidad mediática. 

michael bloomberg

En otra liga. Quien de momento juega en otra liga es el exalcalde de Nueva York Michael Bloomberg. Su inmensa fortuna económica le permite no depender de donaciones de campaña, lo que a su vez le inhabilita para participar en los debates televisivos, dado que el partido requiere un determinado número de donantes para cualificar. Recientemente les restó importancia y los descalificó como un mero «entretenimiento». Lidera la inversión en publicidad televisiva, pero de momento figura quinto en las encuestas. Los cinco primeros, a excepción de Buttigieg (37), son septuagenarios. De ellos, Biden, Sanders y Bloomberg vencerían a Trump, mientras Warren y Buttigieg serían competitivos. Claro que en la noche electoral del 2016, The New York Times calculó que las opciones de que Hillary Clinton fuera presidenta eran del 85 %.

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Restauración o revolución, el debate demócrata para batir a Donald Trump