Matan a un gallego de 32 años en una operación antidroga en Filipinas

Fuentes próximas a la familia del coruñés Diego Bello, antiguo estudiante del colegio Compañía de María de la ciudad herculina, ponen en duda la relación de la víctima con el narcotráfico

Agentes de la Policía filipina, en una imagen de archivo
Agentes de la Policía filipina, en una imagen de archivo

A Coruña

Diego Bello Lafuente (A Coruña, 1987) murió este miércoles en una operación policial en la isla filipina de Siargao, situada a unos 800 kilómetros del sureste de Manila. El joven coruñés, que realizó sus estudios en la Compañía de María de la ciudad herculina y era muy popular entre los aficionados al surf, que llevaba un par de años residiendo en esa localidad, practicaba con frecuencia este deporte como se puede ver en las fotografías de sus redes sociales. Según la agencia Efe, la policía filipina afirma que Bello llevaba encima 10 gramos de cocaína y 30.000 pesos filipinos en billetes marcados (600 dólares) y valora la acción como una «operación exitosa en la lucha contra las drogas».

Fuentes próximas a la familia, originaria de Uxes (Arteixo), se mostraron sorprendidas por las noticias que han trascendido esta mañana y ponen en duda la relación de la víctima con el narcotráfico. Por otra parte, fuentes policiales aseguran que el joven no tenía antecedentes de ningún tipo, y aseguran que la embajada española en Filipinas ha abierto una investigación para esclarecer lo sucedido y de momento no ha querido hacer declaraciones al respecto.

Bello fue trasladado al hospital, donde se confirmó su muerte, según el portavoz de la Policía Regional de Siargao del Norte, Reynel Serrano. «Fue una operación en legítima defensa», apuntó el representante de la policía, Serrano, quien sostiene que Bello llevaba una pistola calibre 45 y disparó primero a los agentes.

El joven tenía un hermano unos años menor que él. Al finalizar los estudios estuvo algún tiempo viviendo en el extranjero, aunque luego regresó a A Coruña para volver a irse al exterior. Estuvo un tiempo en Utila, Honduras, trabajando como monitor de buceo. En la actualidad trabajaba en un negocio hostelero en la localidad donde residía en Filipinas, The White House.

Los que lo conocían se mostraron muy afectados tras conocer la noticia y defienden también su inocencia. «Era luz, amable hasta llamar la atención, educado y muy atento», comenta una compañera suya de A Coruña. Los padres de Diego regentan una tienda de venta de artesanía y regalos en Santiago de Compostela. Fuentes cercanas a la familia están "absolutamente convencidas" de que a Diego lo asesinaron. Sostienen que fue víctima de una extorsión policial, algo común en aquel país, donde agentes tratan de amenazar a extranjeros con involucrarlos en el narcotráfico si no les entregan una gran cantidad de dinero. "Seguramente, Diego se negó y lo mataron, poniendo luego junto a su cuerpo la droga y una pistola de grandes dimensiones", apuntan familiares cercanos.

Organizaciones de derechos humanos, señala Efe, han denunciado que la policía filipina falsifica pruebas para justificar ejecuciones extrajudiciales en la sangrienta guerra contra las drogas que comenzó hace tres años bajo el mandato del presidente Rodrigo Duterte.

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