Yolanda Díaz, militante desde la cuna y artífice de la primera alianza de izquierdas alternativas

Abogada experta en temas laborales, asume una cartera de Trabajo mermada en sus competencias y en un contexto económico complejo


La Voz

YOLANDA DÍAZ PÉREZ, MINISTRA DE TRABAJO. (Fene, 1971) Abogada formada en la Universidade de Santiago. Fue concejala y teniente de alcalde en Ferrol, diputada autonómica y nacional.

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En otoño del 2012 un joven profesor asociado de la Complutense acudió a Galicia a la llamada de una antigua compañera de las Juventudes Comunistas para que le ayudara en la primera campaña electoral en España a la que acudía con un experimento, una formación transversal de izquierdas entre federalistas e independentistas: se llamó Alternativa Galega de Esquerdas, AGE. Aquel treintañero estuvo dos meses viviendo en un piso en la plaza de España de A Coruña, asesorando al partido y advirtiendo que lo que sucedía en aquella campaña -que volvería a ganar Feijoo- podía trasladarse al resto de España. Faltaban dos años para el nacimiento de Podemos, y ahí vio su germen. Él se llamaba (se llama) Pablo Iglesias; ella, Yolanda Díaz.

Ese episodio es clave para advertir lo que ha pasado después en la política española y por qué esta abogada ferrolana ocupará desde la próxima semana el Ministerio de Trabajo, convertida desde hace ya tiempo en la mano derecha de Iglesias.

Ese ministerio queda desinflado al perder competencias, pero supone la culminación de una actividad política iniciada muy joven, desde la cuna (Fene, 1971), por nacer en una familia militante, de afiliados al PC y a Comisiones Obreras (aunque otra parte de la familia está vinculada al Bloque, partido cuya relación con Yolanda Díaz es nula).

La futura ministra desarrolló esa militancia (izquierdista y feminista) en las calles de Santiago -allí estaba su madre, limpiadora en un hospital- mientras cursaba Derecho y trabajaba para pagarse los estudios. Al acabar la carrera, optó por convertirse en autónoma (sin duda, le servirá esa experiencia para su futura actividad), con despacho propio en Ferrol, cuando lo fácil habría sido aceptar el ofrecimiento que le hicieron en CC.OO. para ser una liberada junto a su padre, Suso Díaz, metalúrgico e histórico secretario xeral del sindicato, y a quien se espera el lunes en la toma de posesión de la cartera ministerial de su hija (hace años falleció su madre, Carmela, nombre que ha tomado para su hija). 

Cuando se puso la toga eran inicios del siglo XXI. Seguía militando en una Esquerda Unida a la baja, formación con arraigo en Ferrol y a la que logró rehabilitar devolviendo las siglas a la corporación, y convenciendo a la vieja guardia de la formación de que ella tenía que ser la candidata. Se forjó cuatro años en la oposición en el Concello, hasta que en el 2007 alcanza su primer hito: teniente de alcalde con el socialista Vicente Irisarri en un gobierno de coalición del que ambos acabaron fatal.

El siguiente paso fue dejar Ferrol y montar AGE con Xosé Manuel Beiras de padrino y Pablo Iglesias de becario, consiguiendo su acta en el Parlamento de Galicia. Tras varios desencuentros, dio el salto a Madrid, primero como diputada y ahora convertida en ministra (lo que la aparta de seguir su carrera en Galicia), pese al «sacrificio personal» -es algo que repite constantemente- por aquello de que apenas puede ver a su hija (intenta cuando puede recogerla de las clases de ballet) y a su marido Andrés. Le tocará negociar con unos sindicatos que conoce muy bien, con una patronal que la mira de recelo, y moverse en un contexto económico en el que le costará dar buenos datos de paro. 

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