Rigor y mano izquierda con las cuentas

Montero y Calviño son las piezas clave de la ecuación para sacar adelante los presupuestos


redacción / la voz

Mano izquierda para contentar a los socios de Gobierno y ortodoxia en las cuentas para evitar descarrilamientos. María Jesús Montero y Nadia Calviño son dos caras de la misma moneda en el Ejecutivo de Sánchez. La sevillana estará en primera línea política para vender la cara más amable y social de las reformas, para apaciguar a los socios de Gobierno. La coruñesa se encargará de las labores de centinela: enderezar la economía y ponerla a salvo de potenciales volantazos. Los roces serán inevitables. Montero siempre se ha mostrado más sensible con las demandas de la izquierda, que el Ejecutivo ha hecho suyas con propuestas como la de subir el salario mínimo a los 1.200 euros o mantener la revalorización de las pensiones.

Calviño, consciente de los problemas que pueden acarrear unos presupuestos demasiado expansivos con el gasto, blandirá el cepillo para contender la sangría en las arcas públicas. Es el dique de contención de Sánchez contra el despilfarro y su mejor garantía para que Bruselas respalde los planes del socialista. El equilibrio es complejo y no está exento de trampas. Con una deuda pública en el 96,6 % del PIB, un déficit tres décimas por encima del objetivo del 2 % y un crecimiento por debajo del 2 %, el margen para los fuegos artificiales es casi inexistente. El gasto público no podrá exceder del 0,9 % del PIB. Eso significa que Calviño se estrenará con ajustes por valor de 9.617 millones de euros. Confía en la vía de los ingresos, con subida de impuestos y eliminación de exenciones, pero Bruselas ya le advirtió en el último año que tendrá que sacar la tijera y pasarla a las pensiones, ahora vinculadas al IPC.

Cada una cuenta con un escudero para librar sus batallas ministeriales. Montero tendrá a Yolanda Díaz en Empleo para darle la vuelta a la reforma laboral de Rajoy (2012). Calviño es contraria a su derogación. Es gastar energía en «tejer y destejer», alegó. La coruñesa se apoyará en el actual director de la Airef, José Luis Escrivá, para acometer las reformas que necesita la Seguridad Social si quiere garantizar la sostenibilidad de las pensiones. Otro de los puntos calientes será la reforma de la financiación autonómica, un campo de minas. Por el momento, el Gobierno de la Xunta de Galicia reclama a Montero una deuda pendiente de 370 millones de euros. La sevillana reconoce los 200 millones en recaudación del IVA que adeuda desde finales del 2017, pero se niega a aceptar la factura de 170 millones extra comprometidos por el anterior Ejecutivo de Mariano Rajoy.

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