Teresa Ribera, una ecologista y antitaurina para liderar el cambio a una energía verde

También afrontará el enorme reto de frenar la despoblación rural

Europa Press

Redacción / La Voz

TERESA RIBERA, VICEPRESIDENTA DE TRANSICIÓN ECOLÓGICA. Madrid, 1969. Jurista, madre de tres hijos, pertenece al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado del que es funcionaria excedente desde el 2012. Fue secretaria de Estado de Cambio Climático y ministra de Transición Ecológica. Ahora, como vicepresidenta, integrará las políticas ambientales de todos los ministerios y liderará la descarbonización de la economía.

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Teresa Ribera peca de un discurso excesivamente técnico, enrevesado en las formas, que en ocasiones oculta su absoluta claridad de ideas y su perseverancia para llevarlas a cabo. Jurista de formación y funcionaria del Cuerpo Superior de Administradores del Estado se ha convertido en un referente mundial en la lucha contra el cambio climático, incluso más reconocida fuera de España que dentro de ella.

Hábil y tenaz negociadora ha sido elegida en más de una ocasión para desatascar las farragosas cumbres de la ONU del clima, como ocurrió el pasado diciembre en Madrid, aunque solo fuera para alcanzar un acuerdo de mínimos ante la dificultad de la presidencia chilena. Suyo también fue el mérito de organizar la conferencia en España en un tiempo récord.

Le sobra prestigio internacional, que empezó a labrarse en el Gobierno de Zapatero, primero como directora de la Oficina de Cambio Climático y luego como secretaria de Estado y tras su paso como directora del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales, con sede en París.

Socialdemócrata por convicción, madre de tres hijos, ecologista por devoción, que incluso utilizaba el transporte público antes de ser ministra, antitaurina y contraria a la caza se ha ganado la antipatía de importantes sectores de la sociedad, pero también la admiración de Pedro Sánchez por su solvencia, quien la eligió para su gabinete de sabios antes incluso de ser presidente. Es su mujer de confianza, algunos incluso dicen que es su ojito derecho, por lo que no extraña que ahora la haya nombrado como vicepresidenta de Transición Ecológica y Reto Demográfico.

Méritos no le faltan, pero le ha tocado afrontar una de las misiones más complejas y complicadas del futuro Gobierno. Será la encargada de lidiar con la descarbonización de la economía y la transición energética que ello supone, por lo que tendrá que lidiar también con las demandas de otros ministerios. Dicho así parece poco, pero supondrá de aquí a los próximos años una auténtica revolución, no solo en la economía, sino que también tendrá un impacto directo en los ciudadanos.

Vivirá momentos duros que la obligarán, entre otras medidas de impacto, a que el cierre planificado de las centrales térmicas se lleve a cabo con una alternativa económica y justa para la población afectada. En As Pontes y Cerceda lo saben bien. Será solo el principio de lo que le espera por delante, que pondrá a prueba su habilidad negociadora.

Por si fuera poco, Sánchez le ha encomendado la misión de llenar la España vaciada y frenar la despoblación. Como madre de tres vástagos e hija de familia numerosa, el reto no le asusta.

Vicepresidenta de Transición Ecológica y Reto Demográfico

Jurista, madre de tres hijos, pertenece al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado del que es funcionaria excedente desde 2012. Fue secretaria de Estado de Cambio Climático y ministra de Transición Ecológica. Ahora, como vicepresidenta, integrará las políticas ambientales de todos los ministerios y liderará la descarbonización de la economía.

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