Un español, en la antesala del Nobel de Física

Pablo Jarillo-Herrero, investigador en el MIT, ha sido galardonado con el premio Wolf de Física


redacción

«Para mi, el sábado es un día de la semana súper chulo, y el lunes también. Ningún día de la semana es un dolor de cabeza». Para el físico Pablo Jarillo-Herrero (Valencia, 1976), el trabajo es su pasión. Más que una profesión es una vocación a la que da rienda suelta en el mejor lugar del mundo para desplegar su talento, el mítico Instituto Tecnológico de Massachussetts (MIT), que lo fichó hace once años de la Universidad de Columbia (Nueva York) después de formarse en la Universidad de Valencia (1999), la Universidad de California y la Universidad Técnica de Delft, en Holanda, donde hizo el doctorado.

Especializado en física de la materia condensada puede presumir de haber recibido multitud de premios, como el que en el 2013 le entregó el propio expresidente de los Estados Unidos, Barack Obama, como el mejor científico joven de Estados Unidos. O el Oliver E. Buckley, el más importante en su campo, otorgado el pasado año por la Sociedad Americana de Física. Fue el único español en lograrlo, en este caso por demostrar que el grafeno, el material prodigioso destinado a revolucionar a la industria, también tiene propiedades superconductivas cuando se apila en dos capas orientadas en ángulo. Es una cualidad totalmente inesperada que abre la puerta a revolucionar la transmisión de energía y el campo de la física teórica.

«Es un reconocimiento muy grande al trabajo de mi grupo de investigación, de mis estudiantes y de mis posdoctorales. Es el premio más prestigioso del mundo en mi campo», dijo cuando recibió el galardón. Poco podía imaginarse que en muy poco tiempo recibiría una distinción aún mayor: el premio Wolf de Física, que acaba de obtener de forma compartida con el canadiense Allan H. MacDonald y con el israelí Rafi Bistritzer.

Otorgado en Israel, este reconocimiento está considerado de forma unánime por la comunidad científica como la antesala del Premio Nobel de Física. Jarrillo es el segundo español que lo obtiene, después del catalán Ignacio Cirac, que trabaja en el Instituto Max Planck de Alemania. Cirac aún no ha logrado el galardón que concede la Real Academia de Ciencias de Suecia, pero en cuanto la computación cuántica, de la que fue pionero, empiece a desarrollarse, es muy probable que ingrese en la selecta nómina. Y puede que en el futuro le llegue también el turno al físico valenciano. Aún es joven y tiene tiempo para consolidar su carrera.

El trabajo de Jarillo, MacDonald y Bistrizer ha demostrado que las propiedades de conductancia de las interfaces de grafeno se pueden controlar rotando las capas, descubriendo que, en ciertos ángulos, los electrones exhiben un comportamiento físico sorprendente. Este hallazgo podría conducir a una revolución energética.

Sin embargo, un obstáculo que impide esa revolución es que todavía no existe una teoría que explique el comportamiento de los superconductores a altas temperaturas. En ausencia de una base teórica sólida, es difícil desarrollar nuevos y mejores materiales. Esta es una de las razones por las que están puestas las esperanzas en las posibilidades del grafeno bicapa y su ángulo mágico, que permite comprender mejor lo que sucede a nivel microscópico cuando se pasa de un estado conductor a otro superconductor.

Aún habrá que esperar, pero pocos dudan de que el futuro pasa por esta nueva y sorprendente propiedad del grafeno, un material con el que empezó a trabajar en el 2006 y cuyo hallazgo le valió en el 2010 el premio Nobel de Física a Andréy Gueim y Konstantín Novosiólov.

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