Alertan de la normalización del juego como forma de ocio entre los jóvenes

Los hombres entre 18 y 30 años son los que tienen más problemas de adicción según un nuevo estudio


redacción

Un nuevo estudio elaborado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, en colaboración con la FAD, alerta de la normalización del juego como una forma más de ocio entre los jóvenes. El informe habla de que cada vez más adolescentes practican este tipo de actividades animados por el grupo de amigos, «aunque inicios similares no implican que los hábitos se consoliden, o lo hagan de igual manera». «Frente al estigma que representan las personas que juegan, beben y consumen algunas drogas de manera individual y ‘solitaria' —recoge el documento—, la inclusión de los mismos hábitos y consumos en patrones de comportamiento grupal procura la integración de esos hábitos y consumos de manera desproblematizada: frente al ‘vicio' que supone el consumo y el hábito individual, se abandera la ‘diversión' que toma al grupo como referente».

Así pues, según el estudio, que ha recogido testimonios de adolescentes y profesionales especializados en este problema, jugar se asume como una opción más de ocio y entretenimiento que sustituye a otras como el cine, por ejemplo, y en algunos casos se relatan episodios en los que las primeras experiencias se producen al faltar al colegio y acudir a un salón de juego. De hecho, la principal sensación que los jóvenes asocian al juego es la diversión, seguida del refuerzo social, la evasión, la competitividad y la inmediatez, entre otras.

El perfil y el género

El informe también da algunas claves sobre el perfil de los jugadores, mayoritariamente masculino y con una franja de edad bastante acotada. «Digamos que la población de mayor riesgo, que habría que poner más atención, es la población de adultos jóvenes —narra una de las expertas consultadas—. Que son personas que se encuentran entre los 18 y los 30 años, más o menos. En este pico sí que las prevalencias, tanto de uso como de problemas, aumenta». Se ha constatado que la cifra de mujeres que juega es menor, y se atribuyen comportamientos distintos por género ante la aparición de problemas asociados al juego: «Es habitual señalar que los hombres adquieren problemas psicológicos tras su adicción al juego, mientras que las mujeres terminan jugando como consecuencia de problemas psicológicos previos», aseguran.

Otro de los problemas al que hace referencia esta encuesta es el afán de profesionalización de los jugadores en ámbitos como el de las apuestas deportivas. Es decir, que algunos jóvenes aspiran a vivir de ello. «Se constituye en una meta muy concreta, que si bien no es el objetivo de muchas de las personas que juegan, sí propicia que se consoliden objetivos y fantasías intermedias, que alimentan el juego».

Entre las conclusiones destaca una opinión extendida entre los expertos, que señalan «el riesgo de un mal uso por parte del sector de la etiqueta ‘juego responsable' (expuesta en campañas y anuncios como teórica señal de atención, y como marchamo de una perspectiva ética del negocio)». Consideran que asimilar el «juego responsable» con el juego «legal», «difumina o confunde la frontera entre la responsabilidad del sector (cumplir las leyes) y la de la persona que juega, que manejaría una ‘responsabilidad' despojada de sentido (jugar a algo legal… que no se puede controlar)».

«La etiquetita ‘juego responsable' implica que esta entidad está bajo la supervisión de la Dirección General de Ordenación de Juego. Simplemente eso. Pero que sea juego responsable, el juego responsable lo tendría que hacer el jugador. ¿Pero cómo vas a ejercer tú responsablemente tu libertad para jugar cuando estás sistemáticamente engañado por el sistema?», concluye una de las psicólogas que participan en el trabajo.

«La primera vez fui con un amigo. Ahora voy todos los días»

El aumento y normalización del juego se ha confirmó en su día en la Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en España (ESTUDES), en la que se confirma que en dos años (desde 2016 a 2018) ha aumentado casi cuatro puntos porcentuales el número de jóvenes entre 14 y 18 años que han jugado con dinero «on-line» y casi diez puntos quienes lo han hecho presencialmente.

«Hace 8 años, el 70 % de los usuarios venía por máquinas tragaperras. —asegura otro de los testimonios profesionales que aporta el documento— […] Y lo que hemos estado viendo es que cada vez está viniendo gente más joven, de hecho creo que ahora es un 20 % de los usuarios que atendemos que son menores de 25 años, que han empezado en edades tempranas, 16, 17 años. Y lo que estamos viendo es que había un descenso del tema de las máquinas tragaperras e iba subiendo el tema de apuestas deportivas, ya sea presencial u on-line, y que ahora lo que estamos viendo es que hay un repunte en el tema de la ruleta electrónica. Y muchos de ellos en combinación».

La recompensa inmediata es una de las cosas que más engancha a los jóvenes, según revelan los propios adolescentes. «Yo la primera vez que fui fue con un amigo, no quería ir en realidad, porque no me quería enganchar a eso. —cuenta uno de los entrevistados—. Pero cuando fui, tuve un poco de suerte, por decirlo así, y gané bastante dinero. Gracias a un amigo mío. Y pues de ahí, ya me llamó la atención cada vez iba a más y más, hasta que ya voy todos los días».

El informe explica también que, para los adolescentes, la adicción al juego no se nota ni tiene consecuencias visibles a corto plazo. «Supongo que la solución de la ludopatía es más fácil a lo mejor que otras —dice otra entrevistada—. No te va a dejar tampoco unas secuelas que sean irreversibles. A lo mejor el alcohol y las drogas te pueden dejar tonto, y la ludopatía al fin y al cabo es dinero. ¿Qué es lo máximo que te puede hacer?: Dejarte en depresión porque no tienes dinero».

Por otra parte, los expertos recalcan también que los padres no son conscientes del peligro real del juego. «Cuando les hablan de apuestas lo ven como algo divertido. Nos ha costado dios y ayuda que entiendan que darle una copita de vino al niño de 14 años puede generar problemas a largo plazo; y nos va a costar dios y ayuda sensibilizarlos de no hacer la quiniela con ellos, no comprarles un boleto de lotería o no llevarles al bingo cuando cumplen 18 años, que en algunas familias es incluso tradición».

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