El cerrojo mexicano frena las opciones de la caravana de migrantes

Decenas de desplazaron que el lunes trataron sin éxito cruzar el río Suchiate pasaron la noche al raso

Las fuerzas mexicanas frenan a un grupo de inmigrantes tras cruzar el río Suchiate
Las fuerzas mexicanas frenan a un grupo de inmigrantes tras cruzar el río Suchiate

ciudad hidalgo / e. la voz

Sergio Bonilla tiene 23 años y lleva seis meses sin trabajar. Hondureño, de Choloma, un municipio cercano a San Pedro Sula, su historia reúne las dos razones por las que huyen los centroamericanos: violencia y pobreza. Cuenta que trabajaba en una empresa de autobuses, pero que empezó a sufrir extorsiones. Primero la Mara Salvatrucha (MS-13), una de las dos grandes pandillas centroamericanas. Después, el Barrio 18, su gran rival. Las reglas de este sistema son perversas: si el dueño no paga, matan a los empleados.

En el caso de la empresa en la que trabajaba Bonilla, seis compañeros pagaron las consecuencias y fueron ejecutados. «Caían uno, y luego otro… tuve que dejar el trabajo», dice el joven.

Bonilla es uno de los miles de centroamericanos que el lunes trataron de cruzar a las bravas desde Guatemala a México a través de la orilla del río Suchiate, que separa ambos países. Después de correr y chocar con la barrera de la Guardia Nacional, el joven se dio cuenta de que el sueño de atravesar México con destino a EE.UU. iba a ser más difícil de cumplir de lo que esperaba.

Tras los incidentes entre militares y migrantes, se impuso la calma tensa en la frontera. Decenas de migrantes pasaron la noche al raso, en la orilla del Suchiate, a los pies de los mismos uniformados que horas antes les habían impedido el tránsito. Otros muchos decidieron darse la vuelta y dormir en el campamento improvisado ante la casa del migrante de Tecún Umán, en Guatemala. Allí, al menos, están unidos y reciben alimentos que dona la iglesia católica.

Hay mucha incertidumbre en la frontera. Después del intento fallido los migrantes están frustrados. Algunos culpan a la prensa. Otros están enojados con el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, a quien le acusan de haberles engañado. López Obrador prometió 4.000 empleos, pero estos nunca se han materializado.

El Gobierno mexicano, por su parte, defiende la actuación de la Guardia Nacional. A pesar de las imágenes que muestran a uniformados placando a los migrantes, lanzando piedras o poniéndoles la zancadilla para impedir su avance, tanto el canciller, Marcelo Ebrard, como la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, afirmaron que no se puede hablar de represión.

Las opciones de pasar de los centroamericanos son cada vez más reducidas. López Obrador ha desplegado la Guardia Nacional y decenas de agentes forman un muro humano en la orilla del Suchiate. La pregunta es cómo responderán los centroamericanos. Algunos se han rendido y se darán la vuelta. Para otros, como Bonilla, darse la vuelta «no es una opción». Mientras aguardan en Tecún Umán, un municipio complicado en el que sus habitantes empiezan a mostrar signos de hartazgo con los foráneos.

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