Iowa abre la carrera demócrata para derrotar a Trump

Bernie Sanders y Joe Biden lideran las encuestas de un partido dividido entre progresistas y moderados

La senadora Elizabeth Warren, Joe Biden y Bernie Sanders, en un debate el pasado 14 de enero
La senadora Elizabeth Warren, Joe Biden y Bernie Sanders, en un debate el pasado 14 de enero

Washington / E. La Voz

Es un estado con poco más de tres millones de habitantes en un país donde viven alrededor de 330 millones de personas. De allí salen solo 41 delegados de los casi 4.000 que deciden el candidato demócrata en la convención nacional del partido, apenas un 1 % de todos ellos. Y aún así, los principales aspirantes llevan meses recorriendo casi cada uno de los rincones de Iowa, un estado del medio oeste estadounidense, rural y de mayoría blanca, intentando seducir al electorado demócrata. Horas de carretera para dirigirse, en ocasiones, a apenas un puñado de parroquianos. Una «cura de humildad», según John Zogby, experto en sondeos electorales, porque quienes aspiran a llegar al despacho más poderoso del planeta «compiten como si lo hicieran para un puesto local».

Comenzaron a debatir en junio y por el camino han caído ya dieciocho aspirantes. Quedan once, pero los que tienen opciones reales, o razonables, casi se cuentan con los dedos de una mano. Y uno de ellos, el exalcalde de Nueva York Mike Bloomberg, ni siquiera se presenta a los caucus que se celebran mañana. De hecho, no empezará a intentar sumar delegados hasta dentro de un mes, pasadas las tres primeras citas del calendario. Si le sale bien la jugada, «la magia de los caucus de Iowa desaparecerá», vaticina Steffen Schmidt, politólogo y profesor en la Universidad Estatal de Iowa. «Porque desde 1976», aunque hay alguna excepción, «debes quedar primero, segundo o tercero en Iowa para conseguir la nominación del Partido Demócrata» a la presidencia. Bloomberg, multimillonario, entrará en liza en el conocido como supermartes, el 3 de marzo, cuando se celebran primarias en más de una decena de estados, que aportan el 34 % de los delegados. 

Bloomberg. el plan B

Para John Zogby, Mike Bloomberg es una especie de plan B del Partido Demócrata en caso de que decaiga la candidatura de Joe Biden. «Para Bloomberg lo perfecto sería que no hubiera nada claro después de Iowa y [de las primarias de] Nuevo Hampshire, que se disipara el apoyo a Biden y que hubiera preguntas sobre si puede ganar», explica Zogby. El exvicepresidente de Barack Obama sigue siendo el favorito en las encuestas a nivel nacional entre los votantes demócratas, pero no le pierde rastro el senador Bernie Sanders, que estuvo a punto de derrotar a Hillary Clinton en las primarias del 2016 y lidera las encuestas en Iowa. «Sanders lo está haciendo extremadamente bien», apunta el encuestador, y eso puede poner nervioso al aparato del partido, más proclive al moderado Biden que al socialista Bernie Sanders. «Y Bloomberg está contando con eso», señala Zogby.

Sanders y Biden encarnan la doble alma del Partido Demócrata y el dilema que arrastra durante meses sobre cuál es la forma más efectiva de hacer frente a Donald Trump en noviembre. Es el cara a cara entre la fórmula más izquierdista de las bases más jóvenes y la versión moderada del establishment. La batalla entre la transformación radical del país y el intento de dar marcha atrás al reloj y regresar a la presidencia de Barack Obama. O, en palabras de John Zobgy, «la nostalgia por los años de Obama». Sin embargo, si la votación midiera el entusiasmo, pocos parecen generar tanto entre los suyos como el que despierta Bernie Sanders, a quien sus seguidores «aman», asegura Zogby. 

Los demócratas necesitan encontrar el equilibrio para movilizar a votantes de muy diferentes bagajes. Al contrario que los republicanos, que han afianzado su poder gracias al electorado blanco, rural y cristiano, los demócratas representan con más precisión la compleja diversidad de Estados Unidos. Necesitan apelar a blancos progresistas, afroamericanos, latinos, asiáticos, creyentes, agnósticos y ateos. Y solo la mitad de los demócratas se siente progresista. 

Recelos y credibilidad

Es decir, al menos la mitad puede mirar con cierto recelo a Elizabeth Warren, que durante meses pareció discutirle a Sanders la hegemonía de la izquierda, pero que parece haber ido perdiendo apoyo. Su intentó por agitar las aguas acusando a su «amigo desde hace mucho, mucho tiempo» de haberle dicho que una mujer no puede ganar las elecciones, parece haberle costado credibilidad frente a Bernie.

Según Zogby, «Warren ha de ganar Iowa» y hacerlo también en Nuevo Hampshire». Un segundo o tercer puesto, «podría no ser suficiente». Lejos de esas previsiones se encuentra la también senadora Amy Klobuchar, uno de cuyos fuertes como posible candidata para batir a Trump es que ha demostrado su «capacidad para ganar en distritos que son tradicionalmente republicanos». Klobuchar busca competir con Joe Biden y con Pete Buttigieg por el voto más moderado. El exalcalde, el más joven de entre los favoritos, parece haber perdido pie en las últimas semanas.

Los caucus que encumbraron a Jimmy Carter y a Barack Obama 

Nadie parecía tener en gran consideración Iowa hasta que en 1976 un desconocido Jimmy Carter fue el candidato que se hizo con el mayor número de representantes. Fue el primer paso de quien había sido gobernador de Georgia hacia la Casa Blanca. El politólogo Steffen Schmidt recuerda el día en que estaba «comiendo y bebiendo cerveza con unos amigos cuando, de pronto, por el camino hacia la granja se acercaron unas bicicletas». Era Carter, que se presentó «junto a su mujer y un par de asistentes de campaña». El demócrata conquistó Iowa recorriendo el estado y hablando con los vecinos. La prensa comenzó a seguir a Carter y a darle visibilidad.

El momentum que ofrece ganar en Iowa es uno de los principales alicientes de esta cita. Por ejemplo, el senador Barack Obama empezó allí su ascenso fulgurante hacia la presidencia. Por eso es un compromiso casi definitivo para los menos conocidos. En esta ocasión, «Pete Buttigieg es el único underdog», afirma Schmidt haciendo uso de un término que sirve para describir a un aspirante que parte sin posibilidades y puede dar la campanada. «Porque, ¿quién no conoce al viejo socialista Bernie Sanders? o, ¿quién no conoce a Joe Biden, que lleva en política toda la vida?», se pregunta.

Como si de una novela se tratara, Iowa es el primer capítulo de un libro bastante grueso cuyo relato se inicia en enero y culmina en julio. «Los primeros párrafos de las primeras páginas son muy importantes», defiende Schmidt, e Iowa las ocupa cada cuatro años. Miles de periodistas de todo el mundo cubrirán mañana los caucus de Iowa. Pero este estado no fue siempre el primero ni suscitaba el interés que recibe en la actualidad. 

La avanzadilla desde 1972

Iowa se estrenó como primera cita en 1972. Cuatro años atrás, en medio de las protestas por la guerra de Vietnam, y en plena efervescencia de la lucha por los derechos civiles, la convención demócrata de Chicago fue tensa tanto dentro como fuera del recinto, donde la policía reprimió a los manifestantes. Los tiempos estaban cambiado y, si hasta entonces el aparato del partido era el que controlaba férreamente el proceso de primarias, dejando completamente de lado a las bases, aquello fue un punto de inflexión.

Los caucus son, en resumen, asambleas ciudadanas en las que se debate quién es el mejor candidato. A diferencia que en unas primarias, no existe una papeleta que recontar, sino que se suma el número de personas que se agrupan en torno a un candidato en cada uno de los más de 1.700 recintos donde se celebran. Hay que alcanzar un porcentaje de alrededor del 15 % de representación en cada asamblea para que el candidato sea considerado «viable». Si no, sus seguidores pueden elegir sumarse después al grupo de otro candidato.

Empieza ahí una tarea de persuasión para lograr que los simpatizantes que se han quedado huérfanos se sumen a alguno de los grupos que han superado el porcentaje mínimo exigido. Los más votados reciben una representación porcentual de delegados. Eso sucederá mañana. Pero el proceso no acaba en una noche. Antes de acudir a la convención nacional de julio, los delegados han de pasar por las convenciones del distrito, del condado y del estado, lo que hizo imprescindible adelantar la fecha de celebración. Así Iowa acabó siendo el primer estado en abrir la carrera hacia la Casa Blanca.

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