Pekín, una ciudad paralizada por el miedo a la epidemia del coronavirus

maría puerto PEKÍN / E. LA VOZ

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Un empleado de seguridad toma la temperatura a un ciudadano chino en Pekín. La capital ha establecido controles de salud en el metro y el tren
Un empleado de seguridad toma la temperatura a un ciudadano chino en Pekín. La capital ha establecido controles de salud en el metro y el tren

Funcionarios llaman a tu puerta para saber si has viajado en las últimas semanas y hay controles de temperatura en las estaciones de metro

02 feb 2020 . Actualizado a las 11:02 h.

En Pekín la población se ha acostumbrado a empezar el día con la mala noticia que la epidemia del coronavirus se expande y el número de casos crece exponencialmente. Es a primera hora cuando se actualizan los datos del día anterior y también cuando llegan al móvil los mensajes con las nuevas reglas de prevención, que han ido aumentado con el paso de los días. En la capital, de los folletos colgados en las escaleras de vecinos informando de las normas de higiene, hemos pasado a que funcionarios del distrito llamen a la puerta para indagar si has viajado en las últimas semanas o si tienes fiebre. Hay controles de temperatura para entrar en el metro y estaciones de tren. También en los parques públicos donde es obligatorio llevar mascarilla. Y en los últimos días han empezado a aparecer los termómetros en las entradas de las comunidades de propietarios, para comprobar si hay algún vecino con fiebre.

Las vacaciones de año nuevo van a ser de las más tristes que se recuerden en China. La epidemia provocada por el coronavirus 2019-nCoV ha obligado a tomar medidas de excepción. China anunció el aislamiento de la ciudad de Wuhan, epicentro del foco y diecisiete ciudades más de la provincia de Hubei. Una cuarentena que afecta a cerca de cincuenta millones de personas. Controles estrictos se han extendido por todo el país para reducir el movimiento de la gente y evitar que se propague el virus.

Los consejos son básicos y la gente los sigue disciplinadamente: llevar mascarilla, lavarse las manos a menudo y evitar las aglomeraciones. En resumen, aislarse todo lo posible para limitar el contacto con la gente.

El resultado es una ciudad desierta y la poca gente que se atreve a pisar la calle lo hace protegida con mascarilla. Los restaurantes, cines, teatros y museos permanecen cerrados. Los corrillos en los patios vecinales de los primeros días, cuando la sensación de peligro no era tan fuerte, se han disuelto. Las zonas de juegos infantiles se han vaciado e Incluso ha dejado de verse a los abuelos jugando partidas de mahjong en los jardines desafiando las bajas temperaturas. Los centros comerciales son un páramo donde la gente se esquiva.

La mayoría se limita a las incursiones en las tiendas para comprar lo básico y regresar a casa. Durante la semana, en algunos lugares de la capital ha habido un cierto desabastecimiento de productos frescos, pero el fenómeno es bastante habitual durante estas fiestas del Año Nuevo chino. Con la llegada del fin de semana se ha normalizado.

En cambio, lo que de momento no se solucionará es la falta de mascarillas. Las farmacias han colgado el cartel de «mascarillas agotadas». Tampoco se encuentran en supermercados y a través de Internet la fecha de entrega se aplaza hasta mediados de febrero.

La vida social ha desaparecido y la comunicación, fuera del entorno familiar, pasa por hablar siempre con alguien cubierto con mascarilla. El mejor aliado para combatir la soledad en este país, en que la gente vive pegada a su móvil, son las redes sociales.

Y si al principio se publicaron críticas por la mala gestión de las autoridades de Wuhan, desde que el presidente Xi Jinping se puso al frente de la crisis han desaparecido y predominan los mensajes positivos. Son de agradecimiento al esfuerzo del personal médico, los nuevos héroes del país, y muestras de confianza de que, todos juntos, los chinos vencerán al coronavirus. Cosas de la censura.

Incluso hay apps que retransmiten en directo la supersónica construcción de los dos hospitales de emergencia en Wuhan, que estarán listos en unos días.

En Weibo, la principal red social china, es tendencia «Wuhan jia you», que se puede traducir como «Ánimo Wuhan». Hace referencia a unos videos virales que muestran como los vecinos de esta ciudad gritan este mensaje por la ventana a las siete de la tarde para darse ánimos. Y también triunfan los vídeos con ejemplos solidarios: particulares que se ofrecen a llevar enfermos, restaurantes que reparten comida ante el aislamiento, donativos de mascarillas…

Las vacaciones se han prolongado oficialmente hasta el lunes 3 de febrero, pero muchas empresas no volverán al trabajo hasta después del 9 para evitar la propagación del virus entre los empleados. Y es muy posible que el plazo se amplíe. Los colegios y universidades no tienen fecha de reapertura. Las decenas de miles de pequineses que han regresado en los últimos días después de fiestas deben recluirse dos semanas en casa en cuarentena. La normalidad tardará en regresar a la ciudad.