Santi Vila: «El Estado ha vencido, el reto ahora es convencer»

El exconsejero de la Generalitat asegura que el PP debe «arrimar el hombro» para buscar una solución al conflicto de Cataluña

Santi Vila, exconsejero del Gobierno catalán
Santi Vila, exconsejero del Gobierno catalán

Dimitió como consejero del Gobierno de Carles Puigdemont en desacuerdo con la declaración unilateral de independencia, lo que le costó ser acusado de traidor y cobarde. Santi Vila (Granollers, 1973) fue condenado a una inhabilitación de veinte meses en el juicio del procés. Cuando era consejero, se definía como «independentista instrumental», porque se sentía «frustrado de ver que en España no había la ambición necesaria para encauzar lo que era una quiebra de consensos». Ahora, apuesta por la reconciliación y por hacer de España «una gran nación de naciones, donde la diversidad sea un valor y no un problema», y aboga por la creación de una plataforma centrista catalanista. En su libro Vencer y convencer (Península) expone sus propuestas.

-¿A qué alude el unamuniano título del libro?

-No hay duda de que el Estado ha vencido, el reto es convencer y restaurar un consenso que en Cataluña se ha roto. España necesita una actualización constitucional y regenerar un proyecto político en el que todos nos sintamos cómodos y comprometidos. Por su parte, el catalanismo político sigue ganando las elecciones, pero debe convencer desde el punto de vista racional, no solo emocional, repensarse y plantear nuevos desafíos. En el libro apunto, por ejemplo, participar de verdad en los Gobiernos de España y que nos vean comprometidos con el bien común y el interés general.

-¿La vía del reencuentro propuesta por Pedro Sánchez puede ser la forma de encauzar el problema?

-Sin duda, lo primero que hay que hacer es desinflamar y esto pasa por dejar de ir por el mundo con un lanzallamas. En este sentido, los socialistas están siendo valientes porque, como mínimo, van por las ciudades y los pueblos de España con el extintor. Si esta es la actitud, desactivaremos también a los sectores que viven del fuego. Pero continúa habiendo más pirómanos que bomberos tanto en España como en Cataluña.

-¿Qué habría que hacer?

-Es urgente actualizar el consenso constitucional, resolver tanto agravio acumulado. Creo que la agenda de negociación es muy plausible. Si queremos apostar por la reconciliación, hay que hacer política y no recurrir a los jueces. El propio Supremo, en su sentencia, dice que hay un conflicto político. En el libro hablo de poner orden en las colisiones competenciales y, por ejemplo, compartir los beneficios que supone la capitalidad del Estado. En Barcelona se percibe que sus grandes retos se afrontan sin el apoyo explícito del Estado. En cambio, Madrid, que es un proyecto de éxito inapelable, se siente muy bien acompañada.

-Pero la impresión es que todo esto nunca va a ser suficiente para los independentistas.

-Habrá independentistas que nunca abandonarán esas tesis. Tan cierto como que hay entre 200.000 y 400.000 que son los que les han dado estas mayorías que nunca se habían visto, que cuando se sientan reconocidos, respetados y puedan percibir que España también es suya se van a desapuntar del proyecto independentista. Y esta es la ventana de oportunidad.

-¿Apoya el referendo de autodeterminación, que es irrenunciable para los independentistas?

-Acordado y ajustado a derecho, sí.

-Pero sabe que el Estado nunca lo va a permitir.

-Pero hay decisiones previas que nos pueden evitar llegar a este extremo, si los catalanes pueden votar un ajuste constitucional, una reforma fiscal, una resolución del déficit de inversiones cronificado, se sentirían reconfortados. Es una intuición mía, pero si esta senda que ha iniciado el Gobierno de Pedro Sánchez es sostenida en el tempo, si persiste y hay una voluntad y un compromiso de resolver problemas creo que el apoyo a las ideas independentistas se va a ir reduciendo.

-¿Se puede confiar en que ERC contribuya a encontrar una solución negociada que no suponga imponer sus tesis?

-De momento, por primera vez en su historia reciente, han resistido la presión. A pesar de que no se lo están poniendo fácil, han promovido una mesa de diálogo ligado a un acuerdo de investidura. Es evidente que esto va a ser extremadamente difícil para todos, pero el dato objetivo es que están aguantando la presión,

-¿Cree que ERC dará luz verde a los Presupuestos?

-Si las cosas siguen como hasta ahora creo que sí porque veo que van aguantando y que la legislatura se está orientando razonablemente bien. Pero hay un microclima muy duro en Barcelona y Madrid, cada parte lleva su cruz.

-¿Los independentistas le siguen considerando un traidor?

-Sí. Aunque cada vez está más socializado este título, antes éramos unos pocos y ahora este carné se ha ido vulgarizando y ya no tengo la exclusiva. Todos han ido probando de su propia medicina.

-¿Cree que la sentencia del «procés» fue justa?

-El castigo penal fue desproporcionado, vista la propia descripción de los hechos que asume como verdad judicial la sentencia del Supremo, que se tensó la cuerda sin que llegase a romperse y habla de ensoñación.

-¿Sería más fácil una solución negociada con Junqueras libre?

-Sin duda. Cuanto antes estén todos fuera de la cárcel y asuman sus responsabilidades políticas y sus errores ante la ciudadanía, mejor. Para Puigdemont, habría que encontrar una fórmula similar a la amnistía.

-Hace tres meses se reunió con su amigo Puigdemont y le instó a buscar una solución negociada. ¿Qué contestó?

-Le fui a ver y nuestras diferencias políticas, que existen, se hicieron pequeñas y mi empatía se hizo grande viendo lo que sufre. Siento admiración por la dignidad con la que lleva el cargo, pero mis discrepancias son claras; él cree que España es como Turquía y yo no. Me respondió que para querer arreglarlo hay que ser dos y que si la única respuesta del Estado es que hay que pasar por el aro y no hay nada que discutir comprenderás que me tengo que poner con el pie contra la pared y resistir.

-¿Qué papel debería jugar el PP en la resolución del problema?

-Tiene que arrimar el hombro, porque este es un problema de Estado y difícilmente el Gobierno solo con sus aliados va a poder sacar adelante la resolución del conflicto en Cataluña. Los dos grandes partidos deberían tener un mínimo de complicidad. El PP tiene que decidir qué quiere ser de mayor, si los competidores eternos de la extrema derecha o un partido centrista, liberal, homologable a la derecha europea.

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