Los demócratas temen un nuevo caos en los caucus de Nevada

Los hispanos suponen casi un 30% de la población, en un Estado con la tercera mayor comunidad gay del país y un enorme poder sindical


Nueva York | Colpisa

Caucus, palabra maldita. Un complicado proceso de votación que data de la época de las colonias, cuando unos cuantos vecinos se reunían para elegir a sus representantes. Completamente obsoleto en los tiempos actuales. El intento de modernizarlo con una aplicación en los teléfonos móviles de quienes transmiten los resultados desató en Iowa un caos histórico hace tres semanas. Si algo no se puede permitir el Partido Demócrata es otro ridículo semejante este sábado en Nevada, por eso se ha arrinconado la aplicación. Trump todavía se está burlando de ellos. «¿Quieren gobernar el país y no pueden ni organizar unas primarias?».

Hay mucho en juego. La ruleta decidirá la fortuna de los candidatos. Y lo que pase en Las Vegas no se quedará en Las Vegas, sino que influirá a todo el país. Bernie Sanders, el favorito, se enfrenta al poder de los sindicatos. Toda una paradoja para el único socialista de la campaña, que ha dedicado su vida a luchar por la clase obrera. Su propuesta de sanidad universal amenaza el poder que el Sindicato Culinario ejerce sobre sus 160.000 socios, que con su afiliación obtienen acceso a un seguro médico más asequible.

¿Seguirían pagando esas cuotas si el Gobierno les ofreciera un seguro público? De ahí que las octavillas que ha enviado el sindicato a los trabajadores de hoteles y casinos adviertan de que Sanders pretende arrebatarles su seguro médico, lo más preciado que tienen. Cualquier promesa del candidato cae en saco roto. Todo el país recuerda que Barack Obama juró por activa y por pasiva que podrían mantener su seguro si lo preferían, pero muchos lo perdieron con la reforma sanitaria.

La alternativa de estas es, para más paradoja, su vicepresidente Joe Biden, que siempre ha sabido utilizar la fuerza de los sindicatos para movilizar el voto. Es también el único que en las encuestas se acerca a Sanders con más del 15%, el mínimo de votos necesario para ser viable en los caucus. Cualquier otro candidato que no llegue a ese porcentaje tendrá que retirarse y sus votantes elegir a otro más viable.

Proceso rudimentario

El conteo se hace a dedo, agrupando a cientos de electores en una esquina y otros tantos en la otra. Así de rudimentario y propicio al error es el proceso de los caucus. A ese caos que se monta en los salones de los hoteles casinos se sumará este año el del voto anticipado con el que el partido pretendía incentivar la participación. Más de 77.000 personas habían votado ya el miércoles, cuando Elizabeth Warren tuvo su mejor debate de la campaña al poner contra la pared al multimillonario Michael Bloomberg por ocultar las denuncias de mujeres en su empresa.

¿Se reflejará en los resultados de Nevada, tanto como en el récord de donaciones que ha obtenido? Muchos ya la habían descartado, tras quedar tercera y cuarta en Iowa y New Hampshire, pero el del miércoles fue el debate más visto de la historia de las primarias. Casi 20 millones encendieron la televisión para ver el debut del exalcalde neoyorquino que no está en las papeletas de Nevada. Cerca de los 23 millones que vieron la ceremonia de los Oscars.

¿Y Pete Buttigieg? El primer candidato presidencial gay juega en el Estado que tiene la tercera mayor comunidad de gais, lesbianas y transexuales. Nevada es también el primero en juego donde los hispanos suponen casi un 30% de la población. Con tanta complejidad, la papeleta que han recibido los votantes para adelantar el voto permite elegir hasta cinco candidatos. Cualquier vaticinio será pura carambola. Ni el partido se atreve a anticipar cuándo habrá resultados. La ruleta está en juego.

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