Barcelona / Colpisa

El independentismo acostumbra a culpar al Gobierno sea del signo que sea, de incumplimiento. Sin embargo, y a la espera de que mañana se constituya la mesa de diálogo entre el Ejecutivo central y el catalán, quien no está respetando algunos de los asuntos pactados entre el PSOE y ERC es la parte catalana. El acuerdo suscrito entre socialistas y republicanos hablaba de que la mesa se formalizaría a los quince días de la formación del Gobierno. Si no lo ha hecho aún es por las trabas que ha puesto Quim Torra y su exigencia de que antes de la mesa debía haber una reunión entre los dos presidentes.

El otro incumplimiento lo hizo público ayer el Ejecutivo catalán y no fue recibido con mucha satisfacción por la Moncloa. Tras días de fuertes tiras y aflojas en el independentismo, el Govern dio a conocer cuál será la delegación que acudirá mañana a la mesa. El pacto entre PSOE y ERC hablaba de diálogo entre el Gobierno del Estado y la Generalitat. Sin embargo, el secesionismo ha ampliado el abanico y ha incluido actores no gubernamentales, obligado por sus cuitas internas.

Así, acudirán el presidente Quim Torra y el vicepresidente Pere Aragonés y los consejeros Jordi Puigneró (JxCat) y Alfred Bosch (ERC), así como las diputadas Elsa Artadi (JxCat) y Marta Vilalta (ERC), el republicano Josep Maria Jové (ideólogo del 1-O que ERC incluyó en su equipo negociador con el PSOE) y el exjefe de gabinete de los presidentes Puigdemont y Torra, Josep Rius, actualmente con un cargo de director general en la Generalitat. Son ocho delegados, cuatro por partido. 

 

Montero y Ábalos, también a la mesa de diálogo

Torra y Aragonés solo acudirán a las reuniones de apertura y a aquellas donde se vaya a sellar acuerdos. «Los otros seis representantes asistirán a todas las reuniones y serán la delegación permanente», señalaron desde el Gobierno catalán.

Los socialistas calificaron la delegación del Ejecutivo catalán de decepcionante. «Parece que el Gobierno de España se lo toma más en serio que el de Cataluña», dijo el PSC. El PSOE incluso dudó que la propuesta conocida ayer sea la delegación definitiva. «El acuerdo dice que haya una mesa de diálogo entre Ejecutivos. Dejemos que llegue el momento de la celebración de la mesa y veamos cuál es finalmente esa composición», afirmó Cristina Narbona. La Moncloa anunció la incorporación a la mesa de los ministros María Jesús Montero (Hacienda) y José Luis Ábalos (Transportes) para ser también ocho.

Según la interpretación de los republicanos, el pacto suscrito incluía que cada parte pudiera elegir su delegación. ERC justificó que haya miembros ajenos al Gobierno para que la mesa sea más inclusiva y representativa de todo el arco independentista. JxCat avisó al Ejecutivo de que no le queda otra que aceptar la delegación elegida por la parte catalana. 

Aragonès, diluido

La composición de la delegación catalana es todo un encaje de bolillos, en plena guerra en el independentismo. Por un lado, trata de que estén representados todos los sectores secesionistas, ya que la desconfianza entre unos y otros es muy grande. Torra y Puigdemont han conseguido además su objetivo de que Pere Aragonès pierda relevancia en la delegación. Los posconvergentes, que quieren alargar al máximo la legislatura catalana para desgastar a sus socios en la Generalitat, tratan de restar protagonismo al dirigente republicano, quien a la postre será el candidato de ERC en las elecciones autonómicas y, en consecuencia, su adversario en las urnas.

El tercer objetivo logrado por Torra y Puigdemont es a medias. El expresidente no estará en la Moncloa mañana como quisiera el jefe del Ejecutivo catalán, pero sí ha colocado a dos de sus más fieles escuderos. Elsa Artadi, diputada de JxCat, y sobre todo, Josep Rius, su exjefe de gabinete y figura de su máxima confianza.

Un encuentro sin agenda y con líneas rojas 

La agenda de la mesa de diálogo no está acordada. Las dos partes acuden a la cita con líneas rojas y propuestas difícil de asumir por la otra parte. La Moncloa ha planteado hacer primero un diagnóstico de la situación.

Agenda. Sánchez entregó a Torra una lista de 44 asuntos con demandas de la Generalitat sobre competencias que podía ser una base para diálogo. El catalán despachó la oferta con una negativa.

El relator. Torra lo quieren y exiger su presencia para futuras citas. Sánchez, no. Para ERC es deseable, pero no imprescindible.

Autodeterminación. El referendo es una línea roja infranqueable para la Moncloa porque no figura en el ordenamiento legal. La Generalitat reconoce que no puede renunciar a él por la presión de las bases. Argumenta que es una figura que España reconoce en otros países, como Palestina. Podría tener encaje sobre un reforma estatutaria.

Amnistía. El Gobierno de Sánchez esgrime que el artículo 62 de la Constitución impide los indultos generales.

Reforma del Código Penal. La Moncloa prepara una revisión del delito de sedición para suavizar las penas. La Generalitat preferiría la amnistía.

Estatuto y Constitución. La apuesta del Gobierno es una reforma combinada del régimen de autogobierno y la Carta Magna para que el encaje de Cataluña en España satisfaga al secesionismo. Pero ni ERC ni JxCat han dado señales de estar por la labor porque el autonomismo, insisten, es una «pantalla superada».

Financiación. La Moncloa estudia modos de financiación que atienda a algunas demandas fiscales e inversiones. Al Gobierno catalán no le parece suficiente.

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