¿Hay algún ministro en la Luna?

Todo hace prever que la I+D+i de este país seguirá siendo la asignatura pendiente también en el 2027


España no es ninguna potencia en investigación, desarrollo e innovación (I+D+i). La afirmación, por dura que parezca, está fuera de toda duda siempre que estemos hablando en términos generales porque lo que sí tiene este país son investigadores con gran talento, reconocidos internacionalmente, y empresas de primer nivel que ponen en marcha proyectos que son calcados por multinacionales del denominado primer mundo.

¿Qué nos pasa como país? ¿Dónde está el ministro de Ciencia e Innovación, Pedro Duque Duque, cuya capacidad es evidente? Él es astronauta (el primero de nacionalidad española), es también ingeniero aeronáutico y desde el 7 de junio del 2018 es el responsable del I+D+i del Gobierno de España. Desde el sector hay voces críticas que se preguntan dónde están las líneas maestras dadas por el ministerio para elaborar el plan estratégico español de ciencia, tecnología e innovación para el período 2021-2027. Por el momento, este plan que ha trascendido se resume en un documento de 25 páginas a las que se le añade la 26, en la que se dan las «gracias».

Todo en el documento es genérico, excepto la fecha de inicio y finalización (2021-2027) del programa. Entre los que se califican indicadores relevantes sobre la situación de la I+D+i en España se incluyen datos del número de «documentos científicos» presentados entre 1996-2018 por una veintena de países, entre los que España se encuentra en una situación intermedia. Se explica también que hay 7.563 empresas innovadoras en España que en el 2016 realizaron actividades de investigación, frente a las 12.997 que se contabilizaron en el inicio de la crisis. Tres páginas más adelante se encuentra un apartado que se titula: Visión y objetivos de la estrategia española de Ciencia, Tecnología e Innovación. Y explica que el fin es «conseguir que en el 2027 la ciencia y la tecnología hagan de España un país basado en el conocimiento y en la innovación, capaz de afrontar sus retos sociales, económicos y medioambientales y lograr un bienestar sostenible y un crecimiento inclusivo». ¿Qué significa esta frase tan de cajón? Rascando en el documento aparecen seis puntos que parece que intentan darle contenido. En uno de ellos se lee como objetivo: «hacer de España un país atractivo en ciencia e innovación , aprovechado nuestras ventajas y elementos diferenciadores». En otro se subraya como reto: «favorecer la transferencia de conocimiento. Fortalecer y desarrollar vínculos bidireccionales entre ciencia e innovación y sociedad. Implicar a la ciencia y la innovación en los desafíos sociales y a la sociedad en el desarrollo científico e innovador».

Lo que, en principio, podría parecer lo más interesante de este documento —se vincula con los ejes de actuación—, deja mucho que desear. Dentro de lo que se denomina «marco de apoyo» se busca como objetivo aumentar el presupuesto dedicado a la I+D+i durante el período 2021-2027 de manera continua y sostenida, abordar el desarrollo de un sistema de indicadores que facilite el análisis y seguimiento de las actividades y la evaluación de resultados. En otro apartado se habla de potenciar la incorporación de investigadores en las empresas. En definitiva, si lo explicado es un plan estratégico y audaz, todo hace prever que la I+D+i de este país seguirá siendo la asignatura pendiente también en el 2027. ¡Un horror!, ¿o no?

España patina en la reiterada promesa de impulsar el I+D

Cristina Porteiro

El país se queda rezagado en la batalla por liderar las economías del futuro. Los fondos para innovar han caído un 32 % desde el 2008 hasta la actualidad

Corría el año 2009 cuando José Luis Rodríguez Zapatero dio con la solución para salir de la crisis: invertir en I+D+i. «Innovar en la situación económica mundial actual es más necesario y útil que nunca», sostenía. Su sucesor en la Moncloa, Mariano Rajoy, también había ejercido antes como visionario. Lo anticipó en el 2008: «Educación, ciencia e innovación. Esa es la gran prioridad nacional. ¿Con qué vamos a competir? ¿Con petróleo?». En desayunos informativos, en cónclaves de partido o en debates, la palabra innovación siempre salía a relucir como cura para cualquier mal endémico de la economía española. Pero a la hora de la verdad, ninguno de los dos dio ejemplo de lo predicado. Desde el inicio de la crisis hasta la actualidad, los fondos para la investigación y la innovación en España han caído un 32 %, según cifras de la Fundación Cotec.

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