Madrid / La Voz

En unas elecciones en las que el giro en el Ejecutivo está descartado y en las que lo único que se decide es si el PNV gobernará con más o menos apoyos de los que tiene ahora, la gran novedad es la decisión del PP y Ciudadanos de concurrir a los comicios en coalición. Un pacto alcanzado con grandes dificultades y que se ha llevado por delante al ya exlíder de los populares vascos, Alfonso Alonso, laminado tras echar un pulso a Pablo Casado rechazando los acuerdos alcanzados por las direcciones de los dos partidos en Madrid. Las últimas encuestas no auguran el éxito de esa coalición y apuntan a que la aportación de los votos del partido naranja, que no tiene representación en el País Vasco, no servirá para aumentar el espacio de la derecha. Al contrario, los sondeos pronostican que los nueve diputados con los que cuenta ahora el PP en solitario podrían bajar a entre cinco o siete concurriendo en coalición con la formación naranja y que Vox podría entrar con un escaño.

La dirección nacional del PP era ya consciente de las malas perspectivas en estas elecciones, pero su decisión de forzar la alianza con Ciudadanos forma parte de una estrategia nacional a largo plazo con la que pretende absorber a los naranjas de cara a las próximas generales. Sin embargo, la arriesgada iniciativa de situar como candidato a Carlos Iturgaiz, que ya lo fue en 1998, cuado las circunstancias en el País Vasco eran muy distintas, podría llevar el derrumbe de la coalición a un nivel que, al contrario de lo pretendido, cuestionara la eficacia de la alianza electoral. Algo que se vería reforzado si en las elecciones gallegas el PPdeG lograra reeditar la mayoría absoluta después de que el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, rechazara una candidatura conjunta con Ciudadanos.

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