La niña que cruzó el mar en patera, sola y en plena cuarentena

La pequeña Mace, de siete u ocho años, fue recogida por Salvamento Marítimo y llevada a Las Palmas, tras cuatro días de travesía

El momento en que los profesionales de Cruz Roja y Salvamento Marítimo suben a tierra a la pequeña Mace
El momento en que los profesionales de Cruz Roja y Salvamento Marítimo suben a tierra a la pequeña Mace

Redacción

La capacidad del ser humano por la supervivencia y la esperanza siempre ha sido prodigiosa, pero en tiempos tan duros como los que corren con la crisis del coronavirus como la gran amenaza global, esta clase de fuerza de voluntad se acentúa aún más. Porque en medio de la pandemia hay tragedias que no cesan y, la de los migrantes que se juegan la vida en el mar, es una de ellas. Precisamente, los profesionales de Salvamento Marítimo lograron rescatar en aguas de Gran Canaria a 28 jóvenes africanos, pero de entre todos estos sobresalió la historia de la pequeña Mace, la niña que completó una travesía de cuatro días completamente sola en una patera para atracar en un país prácticamente confinado, que inicia esta semana un nuevo refuerzo a las restricciones ya implementadas.

¡Las Palmas! ¡Las Palmas!», corearon los migrantes a su llegada a puerto

Cantando, con algunas lágrimas furtivas en los ojos y coreando: «¡Las Palmas! ¡Las Palmas!» . Así llegaron al puerto de dicha ciudad canaria los 28 migrantes rescatados por la Salvamar, mostrando su agradecimiento a las personas que acabaron con cuatro jornadas de agonía e incertidumbre entre el oleaje. Mientras descienden de la embarcación comienzan a sono los teléfonos móviles de algunos de los africanos. Al otro lado de la línea, se suceden las emotivas conversaciones con familiares y amigos a los que les relatan su odisea personal. No obstante, y a escasos metros, en un grupo de tres chiquillos, la pequeña Mace no tiene a nadie en la suerte de Ítaca que acaba de pisar.  Por no tener no tiene ni la certeza de que haya cumplido los siete u los ocho años de edad.

Asustada y con el frío calándole los huesos, Mace comienza a explicarle su historia a los técnicos de la Cruz Roja que la asisten. Entre las constantes pausas que amartillan las balas de un incómodo silencio, los profesionales logran arrancarle a la niña los detalles de su travesía. Su madre ha muerto, mientras que su padre residiría en Francia, pero tampoco tiene la certeza de que vaya a estar allí. Lo único que sabe es cómo se subió a una patera en alguna playa del sur del Sáhara Occidental, pero ninguno de los otros migrantes puede constatarlo. En realidad, solo es una pequeña asustada, frente a unos hombres extraños que portan mascarillas y trajes de protección ante el COVID-19.

Un suceso sorpredente

Gerado Santana-Cazorla, el vicepresidente de Cruz Roja en Canarias, es claro al indicar lo sorprendente de esta historia, pues aunque bien es cierto que desde este verano llegan cada vez más a niños migrantes en patera, este señala: «Nos han llegado niños con familiares, con amigos, pero solos... nunca».  No es el único experimentado profesional atónito ante este caso. Desde la oenegé Caminando Fronteras -la misma que alertó a las autoridades españolas de la salida de cuatro pateras desde Djala- han mostrado su sorpresa, pero también su indignación. 

Estas son las cosas que pasan en la playa, cuando los llevan a todos como animales a la patera y los suben a la carrera»

En Caminando Fronteras manejan un dato que la tripulación rescatada desconoce. Alguna de aquellas embarcaciones que zarparon de Djla habría naufragado y, a falta de confirmación oficial, habría una persona muerta. Mace no aclara si su madre subió con ella a la patera o si las separaron. «Estas son las cosas que pasan en la playa, cuando los llevan a todos como animales a la patera y los suben a la carrera», sugiere la portavoz de la oenegé, Helena Maleno. Sea como sea, ahora esta niña y el resto de migrantes deberán capear otro temporal, el que agita a todo un planeta independientemente de su nacionalidad, riqueza o color de piel.

El coronavirus en África, una bomba de relojería

La Voz
Un hombre camina por una calle sudafricana vacía
Un hombre camina por una calle sudafricana vacía

Los infectados de COVID-19 en el continente africano ya superan los 2.800 y hay al menos 75 muertos, mientras la OMS alerta de que deben estar «preparados para lo peor»

La crisis del coronavirus está sacudiendo los cimientos del sistema sanitario de países del primer mundo, pero la expansión de la pandemia también es notable en zonas con recursos escasos o prácticamente inexistentes. Cada vez, surgen más dudas sobre lo que la evolución de los contagios a nivel global puede suponer en algunas partes de sudamérica, pero también del continente africano. Este último caso supone una auténtica bomba de relojería, ante unas cifras de infectados que ya superan los 2.800, con al menos 75 muertos. Son tan solo los datos correspondientes a 46 naciones africanas que maneja la Organización Mundial de la Salud (OMS) para un continente que hace un mes contaba con un solo contagio, pero que ahora registra la friolera de 300 al día.  

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