El retraso del estado de alarma


Amedida que avanza el virus, también se extiende la impresión colectiva de que el Gobierno actuó tarde. Que tardó demasiado en decretar el estado de alarma y confinarnos en nuestras casas. Esa reacción no solo es lícita, sino lógica: todos sabemos que es preferible prevenir que curar. Extirpar con celeridad el minúsculo tumor, aunque parezca benigno, antes de que se extienda. Visto en retrospectiva, siempre llegamos demasiado tarde. Profetizar el pasado garantiza el acierto, pero no consuela ni cura, aunque pueda proporcionar algún rédito político (¡que les aproveche!).

El «ya lo decía yo», dígalo quien lo diga, es mentira. Nadie vio venir la pandemia que nos caía encima. Ni chinos ni lombardos, ni madrileños ni catalanes. Ni siquiera Nostradamus incluía esta plaga en su repertorio de catástrofes futuras. Tampoco anduvieron finos ni diligentes los políticos y los gobiernos, incapaces de prever el tamaño de la ola y preocupados por el enorme coste que suponía levantar un dique de contención. Todos contemporizaron o adoptaron medidas suaves, con la esperanza de que el tsunami pasara de largo. Y solo a regañadientes —unos más que otros—, cuando el agua nos llegó al cuello, optaron por el confinamiento y el cerrojazo económico.

Todos se retrasaron, pero el Gobierno de España menos que los demás. Esa es la verdad y no debería ser motivo de polémica. Decretó el estado de alarma el 14 de marzo: había en ese momento 4.231 personas infectadas y 120 fallecidos. Italia lo hizo antes, pero cuando ya llevaba contabilizados 9.172 contagios y 463 muertes. Francia, después, tras celebrar la primera vuelta de las elecciones municipales, al alcanzar los 6.633 casos registrados y 148 fallecimientos. Estados Unidos o Reino Unido todavía presumían, a esas alturas, que el coronavirus no iba con ellos.

Si hubo retraso, los profetas del pasado debieron advertírnoslo entonces. No solo no lo hicieron, sino que predicaron con el ejemplo contrario. El PP decidió participar por primera vez en la multitudinaria marcha feminista de Madrid y posteriormente acusó a Sánchez de «negligencia dolosa» por no haberla prohibido. Negligencia doble la de Pablo Casado: por no haberse opuesto a la manifestación y por haber metido a los suyos en un foco de infección. Vox reunía el mismo día a 9.000 simpatizantes en Vistalegre: otra negligencia de Pedro Sánchez.

El lunes día 10 de marzo se desplomaron las bolsas, saltan todas las alarmas, pero la prioridad, en las tertulias y en los foros políticos, es la economía.

El Partido Popular exige rebaja de impuestos. Rebusco en la hemeroteca y no encuentro periodistas o políticos que reclamen la declaración del estado de alarma. Bueno, sí, hay un comentarista que lo pide, pero no para luchar contra la pandemia, sino para posponer las elecciones gallegas. Y así hasta el viernes día 13, víspera del tardío decreto, en que Abascal y Arrimadas piden que se decrete el estado de alarma.

¿Se imaginan ustedes las reacciones políticas, pero también de los ciudadanos, si el estado de alarma se decretase solamente cinco días antes?

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