Clamor europeo por compartir la factura de la crisis en la economía

Alemania trata de atraer a España a la telaraña del rescate con «poca condicionalidad»


bruselas / e. la voz

No más préstamos, ni ayudas de ida y vuelta, ni caridad. La eurozona necesita financiar esta crisis de forma conjunta. Sin dogmas, sin dedos acusadores ni sesgos nacionalistas. Con eurobonos. «Lo que está en juego es la unidad de la UE y la supervivencia del proyecto europeo», alertó el ministro de Economía francés, Bruno Le Maire, en vísperas de la reunión que celebra hoy el Eurogrupo para modelar un plan de urgencia con el que garantizar el oxígeno a las economías del euro. La cita tiene lugar en un momento de alta tensión, ya que en el último encuentro quedó en evidencia la brecha entre el norte y el sur de Europa. El Gobierno español llega con un perfil bajo y sin haber definido públicamente su posición.

En Roma, Lisboa y otras capitales europeas el mensaje se repite: necesitamos un Fondo Europeo de Reconstrucción con el que emitir deuda de forma conjunta. Algo «excepcional y temporal», pero lo suficientemente ambicioso como para no dejar a nadie atrás. Para que ningún país tenga que depender de lo que tenga en la cartera para salvar su tejido económico, agrandando las brechas entre ricos y pobres: «Todos los países europeos deben reiniciarse a la misma velocidad para garantizar la cohesión, la solidaridad y la unidad en la UE», advirtió Le Maire, quien propondrá dotar a ese fondo con el equivalente al 2-3 % del PIB de la UE para financiar los servicios públicos y reflotar el rejido productivo.

No es la única voz que ha intentado marcar territorio de cara a la cita de hoy, crucial para conocer el rumbo que tomará la economía el día uno después del confinamiento. Hay un clamor europeo, al que se han sumado reputados economistas, comisarios europeos, empresarios alemanes o antiguos detractores de los eurobonos, a favor de abandonar el conservadurismo y hacer frente al desafío más grande de la historia de la UE con soluciones comunes: «Ningún Estado europeo, ya sea del norte o del sur, tiene los medios para hacer frente a tal choque por sí solo. Ninguno en absoluto», advirtieron el comisario de Economía, Paolo Gentiloni, y el de Mercado Interior, Thierry Breton.

Ni los gritos de auxilio, ni las presiones políticas ni los argumentos de peso han logrado vencer hasta ahora las reticencias de Alemania que ha trazado por libre otro plan: quien se quiera salvar, que pida un rescate al MEDE y su línea de crédito (240.000 millones de euros). España podría acceder a préstamos por 25.000 millones de euros. Siempre que acepte una «poca condicionalidad», sugirió ayer Merkel. Su ministro de Finanzas, Olaf Scholz, trató de atraer a España hacia la telaraña del fondo de rescate asegurando que en ningún caso enviarían a la troika a intervenir las cuentas, excepto para supervisar el gasto de los fondos.

Una opción que la ministra de Economía, Nadia Calviño, observa con grandes reticencias. Los Países Bajos siguen negándose en rotundo a que los préstamos provenientes de este mecanismo se concedan sin condicionalidad. La guerra está servida.

Los otros dos pilares del plan que se debatirán tienen que ver con la creación de un «fondo panaeuropeo de garantías» de 25.000 millones de euros en el seno del Banco Europeo de Inversiones (BEI), que tratará de multiplicarlo hasta los 200.000 millones. Y, por supuesto, el ya anunciado fondo contra el desempleo de la Comisión Euorpea (SURE) dotado de 100.000 millones de euros. El responsable económico del grupo socialista en la Eurocámara, Jonás Fernández, aplaude ambas iniciativas porque «están permitiendo que los Estados mantengan el sistema productivo vivo durante este periodo de hibernación». Menos optimista se muestra el expeto de Bruegel, Grègory Claeys, quien cree que la propuesta de la Comisión es «positiva, pero cuenta con demasiadas limitaciones». Su presupuesto es «insignificante para la magnitud de la crisis» y se trata de un «préstamo, cuando Europa necesita una herramienta para compartir la deuda».

Fernández alerta de que los Estados miembro podrían elevar su deuda en un 20 % o 30 % de su PIB para hacer frente a la crisis sanitaria, por lo que sería clave contar con «un instrumento para financiar inversiones a escala europea, una política de impulso fiscal para animar la economía». El responsable económico del grupo liberal, Luis Garicano, defiende que la Unión Europea «debe poner dinero y mostrar su utilidad en esta crisis».

La UE sucumbe a los egoísmos ante la peor crisis existencial de su historia

cristina porteiro

España e Italia se ven empujadas a pedir rescates y acumular deudas indigeribles

Hace casi una semana que sopló las velas por su sexagésimo tercer cumpleaños con el poco aliento de vida que aún conserva. El contagio la ha dejado postrada en la UCI. Apenas se mantiene en pie. Como muchos otros enfermos, arrastra patologías previas y aunque ha sobrevivido a muchos avatares, los expertos empiezan a dudar de que pueda salir adelante: «Debemos organizar un mecanismo de solidaridad a nivel europeo. Si se falla, la eurozona estará en peligro», alertó la semana pasada el economista belga de la London School of Economics, Paul De Grouwe, quien considera «aterrador» el discurso que están blandiendo las autoridades holandesas, empeñadas en invocar los «riesgos morales» para no compartir el coste de la reconstrucción. El desprecio y la inhumanidad con la que han despachado a sus socios italianos y españoles han sembrado una semilla de rencor y euroescepticismo que será difícil de extirpar si no se toman medidas audaces y rápidas. Hay tiempo para enmendar el daño, pero no está claro que haya voluntad.

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