La Unión Europea rectifica y recomienda el uso de mascarillas a personas asintomáticas

El Centro Europeo de Prevención y Control de Enfermedades aconseja utilizarlas en lugares cerrados y concurridos, así como en el transporte público, aunque destaca que los sanitarios deben tener prioridad


El Centro Europeo de Prevención y Control de Enfermedades (ECDC en sus siglas en inglés), dependiente de la Unión Europea, ha dado un golpe de timón en lo referente al uso, o no, de las mascarillas. En un documento hecho público este miércoles 8 de abril, los expertos de la institución ven ahora con buenos ojos el uso de este tipo de protección en personas asintomáticas como medida complementaria para frenar el avance del coronavirus. Entre letras rojas afirman que, a pesar de esta recomendación, el colectivo con prioridad sobre el acceso a las mismas debe ser el de trabajadores del sector sanitario, ya que son los que corren más riesgo de infección.

Según explica el centro comunitario, su uso en público puede servir para reducir los contagios por COVID-19, al minimizarse las excreciones respiratorias de aquellas personas que están infectadas y que no han presentado síntomas. Sin embargo, apuntan que por el momento se desconoce en qué grado podrá ayudar a este fin, por lo que se deben mantener las otras medidas activas.

Con este documento se despeja una incógnita que sigue sin resolverse de manera contundente en España. Por el momento, el gobierno no ha aclarado si una vez se levante el confinamiento será recomendable u obligatorio su uso. Aunque Fernando Simón dejó caer que la posibilidad está encima de la mesa, el ministro de Sanidad, Salvador Illa afirmó que no pondrán en marchar medidas que no se puede garantizar que se vayan a cumplir. 

La utilización por parte de la población, apuntan los expertos, debe priorizarse en las visitas a lugares muy concurridos, sobre todo si son cerrados, como es el caso de centro comerciales. A su vez, también las recomiendan para los desplazamientos en transporte público. Además, consideran positivamente el uso de las mascarillas que no son específicas para médicos, debido a los problemas de suministro que existen en estos momentos. 

Los contras

A pesar de este cambio de parecer, desde el ECDC indican que esta recomendación solo debe ser considerada como una medida complementaria y no como un reemplazo de otras ya tomadas, como el distanciamiento social, el lavado de las manos tres veces al día, así como evitar tocarse la cara, especialmente nariz, ojos y boca. 

En el documento, informan que pueden ser necesarias campañas de educación para que la gente utilice estos productos de la manera adecuada, ya que colocarla y retirarla de la manera incorrecta puede dar pie a contagios. También destacan los expertos que su mal uso puede llevar a contagios y que existen ciertos grupos de población, como el caso de los niños, que no toleran bien este tipo de medidas de protección. 

Los motivos

Entre los motivos que han llevado a este cambio de parecer, el ECDC indica que ante la rápida propagación del COVID-19, han considerado esta medida como un freno añadido para la enfermedad. También que las evidencias científicas últimas indican que la difusión del virus puede ser más fuerte en los días previos a registrar síntomas. Como otro punto a favor del uso de máscara, destacan su proliferación en los países asiáticos, poniendo en relieve la epidemia del SARS de 2003, donde la mascarilla ayudó a la contención del virus

El robo de mascarillas en Santiago se produjo antes del estado de alarma

x. melchor/ j. benito

El detenido declara a la jueza que vendió los dos millones de unidades por 60.000 euros

El detenido por el robo de dos millones de mascarillas que estaban almacenadas en una nave en el polígono industrial del Tambre, de Santiago, es Javier Conde Fiestras, un empresario natural de Silleda y afincado desde hace muchos años en Compostela, donde ha tenido al menos un negocio de hostelería y un bar situado junto al Parlamento, y también tuvo relación con unos cines. En su localidad natal se dedicó a los seguros.

Conde Fiestras nada tiene que ver con la empresa a la que pertenecía el material, Oxidoc, que quebró en el 2013, por lo que las mascarillas, así como guantes, botiquines, botas y mucha otra mercancía, llevaban allí abandonadas desde entonces.

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