Científicos de Harvard auguran confinamientos intermitentes a lo largo de dos años

Creen que mientras no se dé con una vacuna, la población deberá aislarse de nuevo con la llegada de los brotes estacionales


Redacción / La Voz

Un grupo de científicos de la Universidad de Harvard publicaron en la revista Science un estudio en el que auguran confinamientos intermitentes de la población e los próximos dos años. Creen que solo de esa manera se podrán contener los rebrotes de un virus que se prevé estacional y que se volverá de nuevo peligroso cuando bajen las temperaturas. Solo confinando a la población y obligándola a cuarentenas intermitentes se podrá evitar el colapso de los hospitales.

Los científicos americanos llegaron a esta conclusión a través de una simulación informática que concluye que el COVID-19 es estacional, lo mismo que otros virus similares como el de los resfriados comunes, con tasas de transmisión más altas en los meses más fríos.

Según el autor principal de la publicación, Stephen Kissler, «los períodos intermitentes de distanciamiento social se hacen necesarios en ausencia de otro tipo de tratamientos», que se deberán complementar con pruebas virales generalizadas que permitirán determinar el momento en el que se haga necesario volver de nuevo al confinamiento.

La duración e intensidad de esos encierros se podrá ir relajando a medida que los tratamientos y las vacunas estén disponibles, pero mientras, las cuarentenas permitirían a los hospitales aumentar su capacidad y prepararse para una nueva oleada de pacientes.

 Escasa inmunidad

Los autores del estudio son conscientes de que un distanciamiento social prolongado puede ser también negativo, porque no permite que la población se inmunice. Admiten, además, que en el caso del coronavirus no se sabe cuánto de intensa es esa inmunidad en una persona que ya pasó la enfermedad, ni cuánto tiempo dura. Todo ello, hasta que llegue la vacuna, que sería el arma definitiva contra el coronavirus.

El microbiólogo José Antonio López Guerrero está de acuerdo. «El virus ha llegado para quedarse». Y por eso, aunque lo óptimo sería contar ya con la vacuna, mientras no sea así, habrá que ir aumentando el porcentaje de población que haya pasado el virus; es decir, el de personas que se vuelven resistentes al COVID-19, «pero esa es otra incógnita _asegura el profesor de la Universidad Autónoma de Madrid_. No sabemos si es una respuesta duradera o de corto alcance. Si tenemos en cuenta el SARS e el 2002, hay estudios que analizan que las personas infectadas en China seguían teniendo anticuerpos quince años después». A su entender, mientras no se alcance una inmunidad de rebaño en torno al 60 o al 70 %, el virus seguirá expandiéndose con libertad y habrá nuevos brotes, seguramente más suaves que el que hemos tenido porque estaremos más preparados y podremos actuar de una forma más rápida.

López Guerrero cree que habrá que seguir tomando medidas, «aunque seguramente no serán tan drásticas, podría ser una cuarentena parcial». De lo que sí está convencido es de que un estadio lleno de gente o una discoteca a rebosar, «en lo que queda de año, no lo veo».

No quiere fijar el fin de confinamiento en el 2022 como dicen los autores del artículo, pero sí cree que es necesario concienciarse con que habrá que seguir tomando medidas «hasta que no se alcance una inmunidad mínima para que el virus ya no tenga fácil expansión o hasta que salga la famosa vacuna, que no será antes de año y medio.

Los gallegos, más desprotegidos

 Para Juan Gestal el artículo es «realista y sensato». Sin embargo, el catedrático de Medicina Preventiva de la USC cree que se podrían evitar esos sucesivos confinamientos si se toman otras medidas, como «eliminar todos los reservorios del virus». A su entender, es fundamental hacer «test, test, y más test», porque solo de esta manera se protegerá a la población. La primera medida debería ser la anunciada encuesta epidemiológica, que permitirá saber cuál es el porcentaje de inmunes y el de personas susceptibles de contagiarse. «Por el confinamiento, en Galicia el porcentaje de inmunes es pequeño y el de susceptibles es más alto». Eso deja a la población gallega más desprotegida y en un peligro mayor ante posibles brotes en el futuro. «Para evitarlo, hay que actuar sobre la fuente de infección, para inmunizarla. Si hacemos eso protegeremos a la población y aumentaremos el control sobre los casos nuevos».

El profesor de la USC y exdecano de Medicina admite que mientras no haya una vacuna, «no vamos a estar tranquilos», y en tanto no llega, es muy importante que la población se conciencie y que asuma su responsabilidad ante esta crisis sanitaria.

De esa manera se podrán evitar medidas más drásticas como el confinamiento estacional al que hace referencia el artículo, que Gestal no ve imposible pero que considera que se puede evitar con otras medidas.

Anticuerpos neutralizantes

El responsable de la unidad de enfermedades infecciosas del CHUS, Antonio Antela, cree que el artículo de los investigadores americanos se basa «en predicciones hechas sobre distintas hipótesis que son bastante probables». El informe parte de la inmunidad generada por otros coronavirus, ya de que del COVID-19 solo se tiene el estudio hecho en China a poco más de un centenar de infectados. «No sabemos ni siquiera si esa inmunidad se genera, y de ser así, cuánto tiempo duraría», indica el doctor. Con esos parámetros, los de la inmunidad cruzada con otros coronavirus y el porcentaje de personas infectadas pero no diagnosticadas, el estudio americano abre un abanico sobre la duración de la pandemia del COVID-19 que tiene en cuenta una serie de rebrotes estacionales hasta el 2022, suponiendo que, para entonces, ya haya vacuna, o incluso hasta el 2024. La clave está en el nivel de anticuerpos neutralizantes que presenten los infectados, algo que, de momento, se desconoce en el COVID-19.

Para que estas predicciones no se cumplan, habría que tener antes un medicamento efectivo o una vacuna, algo improbable para el próximo otoño. «Yo creo que el artículo de Harvard hay que tenerlo en cuenta para estar más preparados si tenemos un nuevo brote en otoño, porque es probable que el virus amaine en verano, pero no que logremos erradiquemos», indica Antonio Antela.

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