La dimisión del exjuez Moro agrava la crisis en el Gobierno de Bolsonaro

El ministro de Justicia cumplió su amenaza de renunciar tras el cese por el presidente del director de Policía Federal de Brasil

Sergio Moro abandona entre aplausos la rueda de presna en la que anunció su dimisión
Sergio Moro abandona entre aplausos la rueda de presna en la que anunció su dimisión

Bogotá / E. La Voz

Terremoto político en Brasil. Sergio Moro, el juez del caso Lava Jato, dimitió ayer de su cargo de ministro de Justicia y Seguridad Pública. Tomó la drástica decisión después de que el presidente Jair Bolsonaro destituyese al director general de la Policía Federal (PF), Mauricio Valeixo, un hombre de la máxima confianza de Moro. Ambos habían trabajado juntos en el mayor caso de corrupción de la historia del país, que llevó a la cárcel a algunos de los empresarios y políticos más importantes de Brasil y de América Latina, entre ellos el expresidente Lula da Silva. La pérdida del ministro debilita aún más a Bolsonaro y agrava la crisis política.

En la rueda de prensa en la que anunció su renuncia, Moro lanzó graves acusaciones contra Bolsonaro, asegurando que la destitución de Valeixo era una «interferencia política» del presidente en investigaciones del Poder Judicial, que calificó de «inaceptable». «No tengo cómo mantener los compromisos que asumí, sin condiciones de trabajo, sin tener cómo preservar la autonomía de la PF», dijo después de confirmarse la destitución de Valeixo. El exministro había advertido el jueves al gobernante ultraderechista que la salida del jefe de la Policía era algo que no podía aceptar y que supondría su dimisión.

«El presidente me dijo más de una vez, expresamente, que quería tener una persona de contacto personal, a la que pudiese llamar, y con la que pudiese recabar informaciones de inteligencia, sea el director, o sea superintendente. Y realmente ese no es el papel de la Policía Federal», dijo. «Imagínense que durante la investigación Lava Jato, el ministro, el director general, la entonces presidente Dilma [Rousseff] o el expresidente [Lula], estuviesen llamando al superintendente en Curitiba para recabar informaciones sobre las investigaciones en curso», criticó.

Su salida es un duro golpe para el Gobierno de Bolsonaro. Moro tiene una popularidad del 53 % en Brasil y es conocido por el 93 % de los ciudadanos. Fue aclamado por buena parte de la población cuando metió en prisión a empresarios como Marcelo Odebrecht, cuya constructora pagó sobornos multimillonarias en la mayoría de los países latinoamericanos a cambio de contratos de obra pública. En prisión acabaron también buena parte de los políticos más importantes del país, incluido Lula da Silva, a quien Moro condenó a nueve años y medio de prisión por corrupción y lavado de dinero. El expresidente brasileño está en libertad desde el pasado año a la espera de que el Supremo haga público su veredicto de apelación.

Moro es muy popular entre los sectores contrarios al Partido de los Trabajadores de Lula, hasta el punto de que muchos brasileños declaran haber votado a Bolsonaro por haber contado con el beneplácito de Moro. Pero el exjuez es loado y denostado a partes casi iguales. Sus detractores critican su perfil político, su falta de imparcialidad y en ser solo duro con la izquierda, además de atropellar las leyes brasileñas para condenar al expresidente.

Moro también había apoyado a Luiz Enrique Mandetta, a quien Bolsonaro destituyó la semana pasada como ministro de Salud, y que estaba a favor de un mayor aislamiento social para hacer frente al coronavirus.

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