Para valorar la gestión del Gobierno en esta crisis sin precedentes, en primer lugar habría que analizar qué han hecho los países con características hasta cierto punto similares al nuestro en cuanto a población, número de turistas o capacidad sanitaria, como Francia, Reino Unido o Italia. Junto con España, son los más golpeados por la pandemia en Europa. En los cuatro se contabilizan ya, según cifras oficiales que se quedarán cortas, más de 20.000 muertos. Tienen en común que sus gobiernos actuaron tarde, la falta de material sanitario, los engaños al adquirirlo o la improvisación. ¿Lo han hecho mejor Johnson, Macron o Conte que Sánchez? La respuesta es no. Al menos, triste consuelo, ninguno ha recomendado inyectar desinfectante para acabar con el virus. En el caso del premier británico llegó a defender que no había que tomar ninguna medida. Hoy Reino Unido tiene casi el triple de infectados y muertos diarios que España. Él mismo estuvo a punto de fallecer. El segundo factor a tener en cuenta es que en España la sanidad está transferida a las autonomías. Cuando se dice que somos el país con más muertos por habitante del mundo (en realidad nos supera Bélgica) se obvian otras comparaciones. Por ejemplo, los datos de la Comunidad de Madrid, gobernada por el PP desde 1995, con los del resto de España. La tasa de fallecidos por millón de habitantes se dispara a 1.200 frente a 381. En las residencias madrileñas, de su competencia, han muerto ya casi 6.000 personas, muchas sin atención médica. Tiempo habrá de evaluar lo que ha pasado y de atribuir a cada cual sus responsabilidades. Pero culpar de los muertos al Gobierno no es buena idea, no solo porque ahora tendría que primar la unidad, sino también porque se puede convertir en un bumerán.

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