La contraseña de hambre en Latinoamérica, colgar un trapo rojo

El confinamiento por el covid-19 puede condenar a la desnutrición a 29 millones de personas en América Latina

Imagen de una casa en el sur de Bogotá, con una prenda de ropa roja para señalar que necesitan alimentos
Imagen de una casa en el sur de Bogotá, con una prenda de ropa roja para señalar que necesitan alimentos

Bogotá / E. La Voz

Varios jóvenes esperan en una estropeada calle, mascarilla en rostro, mientras hacen señas a las pocas motocicletas que se acercan al lugar. En El Listón, una de las zonas más empobrecidas del centro de Bogotá, algunos talleres continúan funcionando, a pesar de la cuarentena decretada hace un mes en Colombia. Los peones trabajan con la ventana bajada. Si no lo hiciesen, probablemente quedarían prácticamente en la indigencia.

Las vetustas calles de El Listón, de aceras reventadas comandadas por humildes viviendas de apenas tres o cuatro pisos, y ladrillo visto, se han llenado ahora de trapos rojos. Camisetas viejas, ropa interior, mantas, bayetas. Cualquier cosa sirve. Cuelgan de ventanas y custodian los portones metálicos de los edificios. Significan dos cosas: «Aquí tenemos hambre» y «necesitamos ayuda».

«Estamos pidiendo auxilio. No tenemos cómo alimentarnos, y no podemos salir a trabajar», explica a La Voz de Galicia Eduardo Mamundia, un indígena emberá que llegó a la capital colombiana hace cinco años, junto a su familia, escapando de las balas del conflicto armado.

Estudiaba y sostenía a los suyos con el dinero que ganaba de la venta ambulante de artesanías. Pero ahora la actividad está prohibida por la cuarentena, y ha perdido todos sus ingresos. El Gobierno, dice, ha repartido ayudas, pero no a todos, y de forma insuficiente.

«Cuando nosotros tenemos dos libras [casi un kilo] de arrocito para ocho o nueve familias, eso no alcanza para una semana. Simplemente sirve para un día, nada más. Eso para el almuerzo. Para la cena toca buscar a algún vecino que nos ayude. Estoy preocupado por los niños. Ellos piden desayuno, almuerzo y cena, y nosotros siempre intentamos darles tres comidas en el día», señala, mientras en su ventana se reflejan las camisetitas rojas de los pequeños que ha colgado fuera.

Los trapos rojos se han convertido en la imagen de los barrios más pobres de Colombia durante la cuarentena, pero el problema es regional. «Estamos al borde de una pandemia de hambre de dimensiones bíblicas», dijo esta semana David Beasley, director del Programa Mundial de Alimentos de la ONU.

Las proyecciones no son halagüeñas. La pandemia mundial podría arrojar a la pobreza a 29 millones de latinoamericanos, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Celac). 

Países en riesgo

Los sectores más humildes de la mayoría de los países de la región subsisten con trabajos informales, que han sido los más afectados por la cuarentena. El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Haití y Venezuela son los países donde la crisis podría llegar antes, al registrar las poblaciones con mayor inseguridad alimentaria.

El riesgo para la salud es alto. La población más empobrecida no puede renunciar al trabajo, y labora en condiciones generalmente menos higiénicas. Por otro lado, debido a la deficiente sanidad pública de muchos de los países de la región, existe una gran desigualdad en el acceso a los cuidados. En muchas zonas del continente, como los barrios más humildes de México, o las favelas de Brasil, incluso el acceso al agua es deficiente, impidiendo el control del coronavirus, al dificultar la higiene.

Parte de la población más empobrecida depende de las remesas que sus familiares migrantes les envían desde otros países, pero la Celac calcula que esos envíos también se reducirán entre un diez y un 15 % debido a que muchos han perdido su trabajo en los Estados que les han acogido.

América Latina registra 129.700 casos positivos de coronavirus y 6.708 muertes, pero preocupa también la situación de los más desfavorecidos.

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