Manuel Fariñas, enfermero del Chuo: «Intentamos tranquilizar y cortar los bulos que llegan a casa»

Pablo Varela Varela
Pablo Varela OURENSE / LA VOZ

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Los trabajadores de la uci covid de Ourense buscan una vía de desconexión en su hogar, pero no es fácil

27 abr 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Manuel Fariñas, enfermero de la uci en el Hospital de Ourense desde el año 2010, habla de la adaptación al medio como una de las vías que encontraron para enfrentarse al coronavirus. «No es cuestión de buscar culpables, porque esto nos vino grande a todos, así que también hubo un cierto grado de autoorganización entre el personal que está en áreas de críticos», explica.

Cada día, Fariñas se enfunda el traje de protección, que le ha dejado el rostro marcado y, a su vez, provoca una extenuación física. «No se debería trabajar más de cuatro horas seguidas con estos equipos. El trato con un paciente que está en una situación grave ya genera un estrés de por sí, pero además debes tomar decisiones rápidas y con estos equipos estamos hablando de un proceso que provoca el doble de cansancio», ilustra.

En las salas de pacientes críticos se ha encontrado de todo. Angustia, pero también afectados que aún guardan fuerzas para mandarles un mensaje de ánimo a los propios sanitarios. «Hay quien nos dice: ‘Estate tranquilo, que eu estou ben. Ti traballa’», cuenta Manuel. Valoran ese gesto porque también les ayuda a dar un balón de oxígeno a las familias, que contactan con ellos a diario para conocer la evolución de sus allegados. Pero a veces, sanitarios como Fariñas no tienen la suerte de poder accionar el botón de apagado en su cabeza. «Normalmente ya no te apetece hablar del trabajo cuando llegas a casa. Y si tienes la suerte, entre comillas, de que tu pareja no trabaja en esto, lo que intentas es tranquilizar y cortar los bulos que están llegando a casa», cuenta.

Ahora, estima que tendrán que realizar más guardias de las habituales, «porque empieza a haber alguna baja de compañeros que dieron positivo». En este sentido, se han encontrado con el empujón del personal que todavía no tiene «Todos estamos muy orgullosos de lo que hacemos, pero con quien hay que quitarse el sombrero es con los empleados contratados, porque son los que más están dando la talla», indica.