Johnson admite que el Gobierno británico preparó su posible muerte

Confiesa que fue salvado gracias a «litros y litros» de oxígeno mientras estuvo en la uci

Boris Johnson, a su llegada este lunes a Downing Street
Boris Johnson, a su llegada este lunes a Downing Street

Londres / E. La Voz

La batalla de Boris Johnson contra el covid-19 fue más reñida de lo que se sabía y estuvo tan cerca de costarle su vida que hasta el Gobierno británico tenía preparado un plan para asegurar su continuidad, en caso de que se produjera un desenlace fatal. La revelación la realizó el propio primer ministro en una entrevista al rotativo londinense The Sun publicada ayer. En esa conversación, el líder tory deja claro que su estado llegó a ser mucho más grave de lo informado en su momento por el número 10 de Downing Street, pues confesó que requirió «litros y litros de oxígeno», mientras estuvo en la unidad de cuidados intensivos del hospital St. Thomas.

«Para ser honesto, los doctores tenían todo tipo de planes sobre qué hacer en caso de que las cosas fueran mal, porque yo no estaba en una condición brillante. Había [en el Gobierno] una estrategia para lidiar con un escenario "muerte de Stalin". Yo era consciente de que había unos planes de contingencia en marcha», declaró el mandatario.

Antes de que el 27 de marzo Johnson engrosara la lista de contagiados por el covid-19 que terminaron en un hospital el Gobierno, el premier ya había decidido que, en caso de que esto ocurriera, sería reemplazado por el ministro de Asuntos Exteriores, Dominic Raab. Y en efecto lo hizo desde principios hasta finales del mes de abril.

Pese a todo ello, días después también se aprobó que si a Raab le ocurría algo que le impidiera encabezar el Ejecutivo, sería el ministro de Economía, Rishi Sunak, quien tomaría las riendas del Gobierno con el objetivo de evitar cualquier parálisis.

El Reino Unido no tiene Constitución escrita y la cadena de sucesión en el Gobierno no está expresamente descrita. Esta circunstancia, sumada a que el Parlamento está cerrado, complicaba el panorama en el caso de que a Johnson le ocurriera algo. De ahí que, como admitió, fue al hospital casi obligado: «Yo estaba en negación. Estaba trabajando y manteniendo vídeo conferencias, me sentía muy aturdido, pero no quería ir al hospital».

También reveló en la entrevista que los médicos pensaron en conectarlo a un respirador mecánico, debido a que «todos sus valores iban en la dirección contraria». Esta confesión contradice lo que en su día dijeron ministros como Raab, quien en sus comparecencias ante los medios insistió en que el premier estaba «estable», con «buen ánimo» y que respiraba sin asistencia.

La entrevista se centró en la experiencia de Johnson y no abordó las críticas que su Gobierno ha recibido por la gestión de la pandemia, en particular por no garantizar a los sanitarios los insumos para protegerse mientras hacen su trabajo. Solo al final declaró que «tiene un deseo abrumador de poner al país de nuevo en pie».

El primer ministro trata de recuperar la iniciativa política

El covid-19 no solo golpeó físicamente a Boris Johnson. También le ha pasado factura política. Su Gobierno cae en las encuestas por la secuencia casi diaria de fallos en la gestión de la pandemia y por los golpes de una oposición laborista reforzada con la llegada de un nuevo líder. Y, por ello, nada más volver al número 10 de Downing Street el primer ministro ha buscado cómo recuperar el terreno perdido.

La vuelta del primer ministro ha sido recibida con alivio en las filas conservadoras, donde se temía que la incapacidad de funcionarios como el ministro de Salud, Matt Hancock, para garantizar a los sanitarios los medios de protección adecuados les pasara factura ante la opinión pública.

Los miedos están fundados: el número de quienes aprueban al Gobierno se redujo desde el 61 % de principios de abril hasta el 47 de finales del mismo mes, según una encuesta. Otro estudio reveló que la simpatía hacia el laborismo creció hasta llegar a 33 %.

Pese a que Johnson ha rechazado disculparse por los errores de su Gobierno, tal y como le han exigido los familiares de alguno de los médicos muertos por no tener máscaras y batas, The Guardian aseguró que fue él quien autorizó que se incluyeran los datos de los geriátricos al balance de fallecidos por el covid-19, sin importar que esto ubicara al país como el tercero más afectado en el mundo. ¿La razón? Quería dar una muestra de transparencia.

A los tories también les preocupaba que la ausencia de Johnson impidiera avanzar en la vuelta a la normalidad. The Sunday Times reveló que el gabinete estaba dividido sobre si mantener o flexibilizar el confinamiento. En el primer grupo estarían Hancock, e incluso el polémico asesor estrella de Johnson, Dominic Cummings, quienes temen que un relajamiento provoque un rebrote del virus. Y, en el otro extremo se hallarían el ministro de Economía, Rishi Sunak; y el eurófobo Michael Gove, a quienes les preocupa que el aislamiento tenga consecuencias difíciles de reparar sobre la economía.

El papel de la oposición

A su vez el nuevo líder laborista, Keir Starmer, lleva pidiendo al Gobierno desde principios de abril, cuando fue elegido, que diga cómo son sus pasos. En los últimos días ha aumentado la presión al afirmar que «el Gobierno fue lento imponiendo el confinamiento, lento a la hora de realizar los exámenes de despistaje, lento para garantizar equipos de protección, y ahora está siendo lento a la hora de presentar una estrategia para salir del confinamiento».

Starmer se ha hecho eco de lo que se dice en las calles. La última encuesta de la empresa Ipsos Mori, publicada esta semana, arrojó que el 66 % de los británicos creen que Johnson actuó tarde contra el covid-19. Posiblemente por ello, apenas cinco días después de regresar, el premier prometió para los próximos días una «hoja de ruta» para volver a la rutina.

Los conservadores esperan que con Johnson retome su agenda y en particular resuelva su gran promesa electoral: el brexit. La prensa británica da por hecho que el líder tory presionará a los líderes europeos para salir del bloqueo en el que están las negociaciones sobre la relación futura con Bruselas, debido a las diferencias en la pesca y competencia. Pero mientras esto pasa se da por hecho que Johnson finiquitará el caso de la ministra del Interior, Priti Patel. Se espera que dé por bueno el informe en el que se exonera a la funcionaria de las acusaciones de hostigamiento en su contra.

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