Todos dicen querer un pacto. Incluso, sostienen que es imprescindible para salir a flote de la catástrofe del covid-19. Pero, en realidad, los partidos políticos no muestran predisposición, ni emiten signos que indiquen que quieren llegar a un gran acuerdo nacional. El marco pactado es una comisión parlamentaria que nacerá con un enfrentamiento total entre el Gobierno y el PP. Los populares quieren convertir el foro en una comisión de investigación para pedir cuentas a la coalición gobernante de la gestión de la crisis, lo que los socialistas rechazan tajantemente. El PNV y ERC también se alejan progresivamente de Sánchez. ¿Es posible en estas condiciones que las grandes fuerzas políticas logren alcanzar un pacto efectivo? Así lo valoran cuatro politólogos ante una semana clave para el devenir de esa comisión, y también para medir los apoyos con los que cuenta Pedro Sánchez tras comprobar cómo ha escalado la tensión política en los últimos días.

¿La comisión servirá para algo o será un mero escaparate propagandístico?

«Tal como está el panorama político, es más que dudoso que la comisión dé resultados útiles; ahora mismo, parece más bien un escenario de confrontación que de solución de problemas, tanto por la actitud desganada del Gobierno como por el creciente malestar de cada vez más partidos de la oposición», estima Carlos Barrera, profesor de Medios de Comunicación y Política en la España Reciente por la Universidad de Navarra y experto en comunicación electoral.

Para Verónica Fumanal, «dependerá del análisis coste-beneficio que realicen los partidos políticos, si consideran que no hacerlo puede tener más costes que réditos lo harán, porque visto el clima parlamentario no parece que ninguno lo haga por convicción». En todo caso, añade, «sea por la razón que sea, estaría bien salir del partidismo habitual y remar todos en la misma dirección» dice quien fue directora de comunicación de Pedro Sánchez y asesora de Albert Rivera, presidenta de la Asociación de Comunicación Política.

«Servirá en función de las medidas que se adopten. Si son más bien cortoplacistas será evidente que se ha usado como un efecto propagandístico», sostiene Santiago Martínez. «Si, en cambio, realmente pretenden aprovechar la crisis como una oportunidad para reconstruir y cambiar deficiencias a medio y largo plazo, entonces dentro de unas décadas será recordado dicho consenso y demostrará que fue eficaz», explica. Pero es pesimista ante el contexto actual: «Viendo el oportunismo político de todos los partidos, me temo que no servirá para nada y será una cortina de humo más como la mayoría de las comisiones; si no quieres que algo se haga, haz una comisión», añade este consultor político yprofesor de oratoria. 

Ernesto Pascual, profesor de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), ve muy complicado un pacto a corto plazo. «Si los políticos toman conciencia de lo que va a representar esta crisis y de la necesidad de estar unidos, puede que más adelante llegue a haber un escenario de posibles acuerdos, pero ahora mismo, tal como está de polarizada la situación, es muy dudoso», afirma.

¿Cuáles deberían ser los puntos prioritarios del acuerdo?

«Es evidente que uno de ellos, si realmente quieren inspirarse en una especie de pacto de Estado, es blindar la sanidad pública y provisionarla de medios y personal suficientes, así como integrarla en una red global de detección y coordinación de emergencias sanitarias eficaz», considera Martínez. «Debe establecerse un protocolo de actuación con equipos de crisis definidos que lideren la toma de decisiones durante crisis como esta, porque si lo había, para nada lo ha parecido o cuanto menos no se ha ejecutado, y esto también debería regularse y planificarse», añade. «Esta crisis debiera ser una oportunidad para apostar por la economía verde, y para cambiar el modelo productivo del país, y ser lideres en energías y tecnologías renovables por ejemplo», asegura. «También sería importante establecer asignaciones presupuestarias para fondos de contingencias para crisis como esta, pues todo apunta a que serán más habituales», concluye.

Para Pascual, «sería muy necesario establecer una renta básica universal o salario mínimo de inserción, que permita la supervivencia de muchos trabajadores que no van a recuperarse rápidamente, un régimen impositivo más cercano a los europeos, con alguna tasas ya anunciadas por el Gobierno, pero que sería deseable que apoyara la oposición». En su opinión, también sería muy positivo alcanzar un pacto de Estado que incluyera blindar la sanidad pública en la Constitución, consensuar los ejes básicos de la educación y cambiar el modelo productivo, excesivamente orientado al sector servicios.

«La cuestión económica, y por ende social, debería ser la prevalente por las consecuencias de la pandemia a corto y medio plazo, pero las izquierdas y las derechas tienen planteamientos e intereses muy alejados ahora mismo con respecto a esta cuestión», afirma Barrera. «¿La prioridad? Las medidas económicas», responde Fumanal. «Considero que el revisionismo de la crisis ya es inevitable, ‘quién tuvo la culpa’, ‘qué se podría haber hecho que no se hizo’... Vamos a tener años de este discurso, comisiones de investigación, procesos judiciales. Sin embargo, las medidas económicas serán más duras que en la anterior crisis, y un pacto fortalecería nuestra posición en la UE y sentaría las bases para las próximas décadas, como fueron los Pactos de la Moncloa», concluye.

¿Tendría que ser un acuerdo similar a los Pactos de la Moncloa?

«No, el contexto histórico de los Pactos de la Moncloa no tiene que ver con este, me parece desafortunada la comparación, entonces la idea era que había que sacar adelante la democracia fuera como fuera en una situación política, económica, y social muy complicada. Pero ahora no se trata de eso, sino de no cometer los mismos errores que en la crisis del 2007, es decir mitigar la desigualdad, que en España ya era de las mayores de Europa, e intentar rebajarla», señala Pascual.

«Deben ser otro tipo de consensos porque las situaciones, y sobre todo los principales actores, son diferentes», opina Barrera. «Resulta más complicado ahora implicar a la mayoría de los partidos que lo que fue en la transición, quizás solo el abismo de un posible rescate a las puertas podría activar a dichos actores para que recapaciten en sus actuales actitudes», añade.

«Solo si realmente las medidas inciden en un cambio del modelo productivo y social a medio y largo plazo y también sirven para proteger y crear aquellas herramientas que doten al Estado de más medios, y para sacar conclusiones, aprender de lo ocurrido y corregirlo», considera Martínez. «En mi opinión, partidos políticos, mesa de diálogo social, la conferencia de presidentes, junto con la Federación de Municipios y Provincias, deberían formar esta mesa de diálogo y efectivamente consensuar las bases económicas para salir de esta grave crisis en ciernes», asegura Fumanal.

Los pactos de la Moncloa: un acuerdo político y económico que hizo despegar al país

Gonzalo Bareño
Los líderes de la Transición, en la firma de los pactos de la Moncloa
Los líderes de la Transición, en la firma de los pactos de la Moncloa

Suárez fraguó en 1977 un pacto con todos los partidos para hacer frente a la inestabilidad que vivía España

El Gobierno invoca la necesidad de alcanzar un gran acuerdo nacional para la reconstrucción de la economía, equiparando la situación actual con la que vivía España la inicio de la Transición. Pero, ¿en qué consistieron los pactos de la Moncloa? En el año 1977, el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, elegido en las primeras elecciones democráticas, propuso a partidos, sindicatos y organizaciones empresariales un gran acuerdo para hacer frente la inestabilidad económica que vivía el país.

El vicepresidente del Gobierno para Asuntos Económicos, Enrique Fuentes Quintana, fue el encargado de diseñar esos pactos, que planteó a la nación en un histórico discurso televisado. A la inestabilidad política por el paso de una dictadura a una democracia se sumaba la crisis del petróleo. La situación económica era catastrófica, con una inflación del 44 %, una enorme deuda externa y una tasa de desempleo que entonces parecía elevadísima, aunque apenas superaba los 700.000 parados. 

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