La investigación internacional une fuerzas en 500 ensayos clínicos para doblegar al virus

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Enrique Castellón, médico, economista y vicepresidente del Colegio Médico de A Coruña
Enrique Castellón, médico, economista y vicepresidente del Colegio Médico de A Coruña Álvaro Ballesteros

La colaboración entre los sectores público y privado acelera los procesos para obtener vacunas y terapias

13 may 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Entre los aspectos positivos que sobresalen en la crisis generada por el coronavirus está sin duda la colaboración a diferentes niveles entre científicos de todo el mundo para obtener cuanto antes una vacuna o al menos una terapia que permita mitigar el impacto de la pandemia.

Enrique Castellón, médico, economista y vicepresidente del Colegio Oficial de Médicos de A Coruña, subraya que se trata de una alianza sin precedentes. Las cifras hablan por sí solas. «Hay más de 500 ensayos clínicos en marcha en el mundo, en los que participan diversos países. España está involucrada en 22. Varios centros de investigación españoles participan junto con otros europeos en 6 de 17 proyectos financiados por la Unión Europea», explica.

Castellón resalta que la incertidumbre que en estos momentos existe acerca de qué vacuna, entre las muchas que están en desarrollo más o menos avanzado, funcionará, supone un fuerte incentivo a la cooperación: «No obstante, una vez que se perfilen las mejores candidatas, esos incentivos tenderán a desaparecer, según algunos expertos, y los intereses nacionales podrían prevalecer».

Un acuerdo de mil millones

Otra de las grandes novedades que ha dejado sobre la mesa esta epidemia es la cooperación entre instituciones públicas y empresas privadas. Un trabajo conjunto que a menudo tropieza con recelos. «La colaboración público-privada —señala el vicepresidente del Colegio Médico de A Coruña— está funcionado bien en aquellos países donde esa relación ya estaba consolidada. Por ejemplo, en Estados Unidos, Johnson & Johnson ha firmado un acuerdo de mil millones de dólares con el Gobierno para el diseño y desarrollo de una vacuna que en principio iniciará los ensayos clínicos en octubre. Y el trabajo recae fundamentalmente sobre universidades punteras. En nuestro caso, la colaboración tiene aún que despegar, ya que las condiciones de partida no son las mismas. Pero, sin duda, la situación que estamos viviendo es un incentivo para que esta colaboración se refuerce y sea efectiva de ahora en adelante».

Lo que sí se puede constatar ya es que esta alianza entre los sectores público y privado ha acelerado los proyectos de investigación de terapias o vacunas para esta enfermedad.

Procesos más eficientes

«Con motivo de la epidemia de ébola se avanzó bastante en el desarrollo de antivirales, pero se perdió algo de impulso cuando el brote se controló. También en vacunas contra el virus del SARS, epidemia que también se controló bastante rápido con medidas de contención. Aprovechando esa base y con el conocimiento compartido que existe, se podrá progresar rápidamente en estos momentos, contando además con que las agencias regulatorias están incrementando enormemente la eficiencia de los procesos», argumenta Enrique Castellón.

En este sentido, el médico y economista recalca que «los procedimientos regulatorios se están acelerando sobre todo en lo que se refiere a las etapas administrativas, no a los controles de calidad». «Lo que también se está planteando —añade—, y aquí hay ya una iniciativa de Oxford y probablemente otra de Harvard, es tratar de anticipar la producción a gran escala antes de saber que el prototipo de vacuna ha culminado con éxito las fases clínicas regulatorias. Lógicamente hay un riesgo de que no sea aprobada y lo fabricado no sirva para nada, pero se prefiere asumir ese riesgo y compensarlo con el beneficio potencial de poder tratar antes».