Nunca la pesca ha sido tan esencial en Europa

UE y el Reino Unido, firmes y enfrentados, condicionan el «brexit» a un acuerdo sobre el sector

Barcos de Gran Sol como los que operan en Burela (en la imagen), Celeiro, A Coruña, Ribeira o Vigo resultarian afectados si no llegan a buen puerto las negociaciones entre la UE y el Reino Unido
Barcos de Gran Sol como los que operan en Burela (en la imagen), Celeiro, A Coruña, Ribeira o Vigo resultarian afectados si no llegan a buen puerto las negociaciones entre la UE y el Reino Unido

redacción / la voz

A una semana de la cuarta y, teóricamente, última ronda de negociaciones entre la UE (Unión Europea) y el Reino Unido, la pesca es uno de escollo clave en las negociaciones del brexit. Con posiciones muy alejadas, ambos condicionan el acuerdo de divorcio a un entendimiento sobre un sector que nunca había sido tan esencial en Europa. Los británicos porfían en limitar el acceso de la flota comunitaria a sus aguas, en gestionar de modo independiente sus pesquerías y en negociar anualmente permisos y posibilidades de pesca. El club de los veintisiete quiere continuar como hasta ahora, con el acceso recíproco a los caladeros y a los mercados, gobernando conjuntamente las pesquerías y definiendo las cuotas a más largo plazo.

El tiempo se agota. A partir del 1 de junio se retomarán las conversaciones entre las delegaciones que encabezan Michael Barnier, por parte de la UE, y David Frost, por el Reino Unido. Si antes del 30 de junio no logran entenderse y si no deciden una prórroga, se romperían las negociaciones y en enero se consumaría el divorcio sin ningún paliativo.

«Moneda de cambio»

Firmes en sus posiciones encontradas y con las espadas en alto, las dos partes velan armas ante el próximo encuentro. Atentas, las organizaciones pesqueras españolas y de otros estados comunitarios guardan públicamente silencio, confiando en que a la UE siga sin temblarle el pulso. Desde el otro lado, caldean el ambiente en su territorio convirtiendo a la pesca en el símbolo de su soberanía y, por tanto, reiterando su propósito de liberarse de una UE que presentan como un yugo para sus intereses y su independencia. Los comunitarios confían en un acuerdo y los británicos creen que no lo habrá.

Que un sector acostumbrado a ser «moneda de cambio» nunca ha pesado tanto en Europa lo ha subrayado Barnier: «Nuestros Estados miembro han sido muy claros, sin igualdad de condiciones y sin acuerdo sobre pesca, no habrá acuerdo de asociación económica y comercial». Y lo ha confirmado Frost: «Cualquier acuerdo debe reflejar la realidad de que el Reino Unido, como Noruega, Islandia y las Islas Feroe, tendrá negociaciones anuales con la UE sobre el acceso a las aguas y las oportunidades de pesca».

Cruce de cartas públicas

Frost y Barnier se cruzaron esta semana cartas que ambos hicieron públicas. «Estamos buscando un conjunto de acuerdos por un tratado de libre comercio», proclama el británico, a quien le resulta «desconcertante que la UE insista en disposiciones adicionales, desequilibradas y sin precedentes, en una variedad de áreas, como condición previa para el acuerdo». Para Frost, en la pesca «claramente no es realista la posición de la UE de que el acceso a nuestras aguas después del final de este año debería ser el mismo que ahora».

Barnier, que previamente había calificado de «decepcionante» la negociación de mediados de mes, le respondió el mismo día: «No me gustaría el tono que ha tomado para impactar la confianza mutua y la actitud constructiva, que es esencial entre nosotros». Dicho eso, añadió: «Del mismo modo que no aceptamos beneficios selectivos en el mercado único sin las obligaciones correspondientes, tampoco aceptamos la selección de cerezas» en la cesta de las negociaciones. Esa donde recalca cómo las encara la UE: «El éxito de nuestra negociación solo será posible si se logra un progreso tangible y paralelo en todas las áreas, incluyendo compromiso y compromisos con un campo de juego nivelado y apropiados mecanismos de gobernanza, así como acuerdos equilibrados, sostenibles y a largo plazo en la pesca».

En ese escenario, Barnier subraya que si el Reino Unido «todavía tiene intención de llegar a un acuerdo» conjunto sobre todos los temas a debate, la UE está «preparada» para resolver el pesquero. No aventura resultados, aunque si no hay pacto los veintisiete capearían las consecuencias de un brexit abrupto.

Impacto para todos

Una de las muchas lecciones de la pandemia la sintió la pesca británica, que perdió parte el mercado comunitario, al que envía el 75 % de sus capturas. El Gobierno de Boris Johnson la calmó abonando gran parte de sus salarios. Si las conversaciones con la UE no llegan a buen puerto, quedaría en el aire el futuro de los pesqueros británicos y de sus tripulantes. También el de los comunitarios que serían expulsados de sus caladeros históricos y no podrían faenar a menos de 200 millas del archipiélago británico.

Contando solo a los buques de pabellón nacional, el impacto de un brexit duro en España sería menor que en otros países de la UE, pero no por ello menos relevante. Por eso Javier Garat, secretario general de Cepesca, considera «prioritario» conservar el acceso a aguas británicas. Beneficiaría a 88 barcos de españoles de Gran Sol que faenan en parte de las aguas británicas, a 28 de capital español y bandera británica, y a otros 55 de armadores españoles con pabellón de Francia, Irlanda, Bélgica y Alemania.

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