Diputados «tories» se unen a Starmer para exigir la dimisión de Cummings

Johnson maniobra para salvar la cabeza de su estratega, que se saltó la cuarentena

PA Wire dpa

londres / e. la voz

La cabeza de su asesor estrella o una potencial revuelta en sus filas. Un Boris Johnson que parece vivir el fin de su luna de miel con la opinión pública se despertó así este domingo, después de que ocho diputados conservadores se sumaran a la oposición comandada por Keir Starmer en sus demandas para que despida a Dominic Cummings tras la revelación de que su mano derecha no habría violado una, sino dos veces el confinamiento impuesto por el covid-19.

«Debe marcharse antes de que haga más daño al Reino Unido, al Gobierno, al primer ministro, a nuestras instituciones o al Partido Conservador», reclamó el diputado tory Steve Baker, una figura influyente de la formación, quien llegó a integrar su todopoderoso Comité 1922, instancia que tiene la potestad de designar y remover al líder del partido; y además fue exministro para el brexit durante el Gobierno de Theresa May.

La demanda del parlamentario sacudió el tablero político, por cuanto muchos en el Reino Unido daban por cerrado el debate, después de que el sábado desde el 10 de Downing Street se calificara de «esencial» el viaje que el asesor hizo a finales de marzo a la residencia de los padres de este en Durham, a casi 400 kilómetros de Londres, para que su hermana cuidara a su hijo pequeño mientras él y su esposa se recuperaban del coronavirus.

Sin embargo, la publicación este domingo de una información que asegura que Cummings también se saltó el confinamiento el domingo de Pascua, cuando fue visto en un pintoresco pueblo inglés, reavivó la polémica e hizo saltar por los aires la supuesta unidad exhibida, hasta ahora, por los conservadores en este asunto.

«Con el daño que el señor Cummings está haciendo a la reputación del Gobierno él mismo debería reconsiderar su posición», planteó el también diputado conservador Simon Hoare.

Caída en las encuestas

La oposición, en especial los nacionalistas escoceses y galeses, ha vuelto a demandar la cabeza del asesor, mientras que desde el laborismo parece que quieren sacar el mayor provecho del caso y, por ello, han exigido al premier abra una investigación para determinar si las acusaciones contra Cummings son verdaderas y si hubo algún tipo de encubrimiento por parte de su Gobierno.

La crisis no podía haber estallado en peor momento para Johnson, a quien las encuestas, por primera vez desde el estallido de la pandemia, reprueban. Hoy, el 42 % de los británicos cuestionan la labor del Ejecutivo, frente al 39 % que la aprueban, de acuerdo con el último estudio demoscópico del portal Yougov. Asimismo, seis de cada diez rechazan medidas como la reapertura de los colegios el próximo mes. Para aumentar la presión, unos 65.000 ciudadanos han firmado una petición que exige al premier que despida a su mano derecha y el polémico presentador de televisión Piers Morgan anunció que no invitará a su programa matinal a ningún ministro que haya apoyado a Cummings, mientras este siga en su puesto.

Desde el Gobierno, por su parte, negaron el segundo viaje, pero el desmentido no sirvió para disipar la polémica. El asesor se dejó ver por Downing Street y allí permaneció buena parte del día, junto a Johnson buscando contener los daños que pueden acabar con su poder casi plenipotenciario en Downing Street.

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