El modelo sueco fracasa: ni inmunidad de rebaño ni menos muertes

El epidemiólogo jefe de la Agencia de Salud, Anders Tegnell, reconoce que el país debió de reaccionar antes frente a la pandemia

Tegnell considera que Suecia debería haber reaccionado antes
Tegnell considera que Suecia debería haber reaccionado antes TT

El modelo sueco frente al covid-19 está demostrando que la ecuación de medidas laxas y población desconfinada no da necesariamente como resultado una inmunidad de rebaño que permita a un porcentaje importante de la sociedad generar anticuerpos y volverse invulnerable al virus. El resultado, a juzgar por los datos, es más bien el de un país cuya tasa de mortalidad supera con creces a la de sus vecinos nórdicos, escandalizados desde el inicio con sus medidas. Ahora el epidemiólogo jefe de la Agencia de Salud, Anders Tegnell, reconoce que fueron erróneas.

¿Cuál fue el enfoque sueco?

Voluntariedad de la población. La principal recomendación de la Agencia de Salud Pública de Suecia para evitar que los ciudadanos se contagiasen de coronavirus a principios de abril se basaba, prácticamente, en su buena voluntad. Las únicas directrices lanzadas por el Gobierno por aquel entonces se centraban en el uso frecuente del gel desinfectante para mantener la higiene de manos y en el distanciamiento social. Su enfoque frente a la pandemia, radicalmente distinto al de la gran mayoría de países europeos, escandalizó a sus vecinos nórdicos por lo laxo de un modelo que hoy hace aguas.

¿Cómo era el panorama allí mientras otros países se confinaban?

Colegios, bares y gimnasios abiertos. Los niños siguieron yendo a clase en los colegios de primaria, los bares y los restaurantes continuaron abiertos y los ciudadanos pudieron disfrutar de los parques e incluso de los gimnasios, que tan solo permanecieron cerrados unos días. Incluso las pistas de esquí siguieron operativas inicialmente. Las reuniones, que durante la fase inicial de la alerta sanitaria estaban permitidas hasta un máximo de quinientas personas, bajaron en abril el tope a cincuenta. La situación ni se acercaba a las restricciones de otros países europeos que observaban con estupor los criterios suecos.

¿Cuál era el objetivo? 

Inmunidad de rebaño. El país optó por arbitrar medidas mucho más suaves que las de la gran mayoría de países europeos, incluidos sus vecinos nórdicos de Dinamarca, Noruega o Finlandia, y apelando a la inmunidad de rebaño frente al covid-19. El fin no era otro que la población se fuese contagiando y generando anticuerpos para que hubiese un porcentaje importante de suecos invulnerables al virus. Un objetivo que no se ha logrado: un estudio realizado en el propio país determinó que solo el 7,3 % de los habitantes de Estocolmo desarrollaron anticuerpos.

¿Qué dice ahora la Agencia de Salud sueca?

El epidemiólogo jefe se arrepiente. Los datos hablan por sí solos y el epidemiólogo jefe del organismo de salud sueco, Anders Tegnell, ha reconocido que debieron reaccionar antes frente al covid-19. «Si nos enfrentásemos a la misma enfermedad sabiendo lo que sabemos hoy, creo que acabaríamos haciendo algo a medio camino entre lo que Suecia hizo y lo que hizo el resto del mundo», señaló ayer el especialista en una entrevista en la emisora pública Radio de Suecia recogida por Efe, en la que también se mostró inseguro sobre el planteamiento correcto para plantarle cara a la pandemia: «Suecia es uno de los pocos países que fue cerrando más y más, el resto empezó con mucho a la vez. El problema es que no se sabe qué medidas tienen más efecto, probablemente lo sabremos cuando empecemos a levantarlas».

¿Ha habido amagos de cambiar el modelo?

Una ley que no se llevó a la práctica. El Parlamento sueco aprobó en abril una ley temporal de urgencia que permite al Ejecutivo cerrar puertos, aeropuertos, estaciones de tren, centros comerciales y restaurantes, además de redistribuir material y medicinas sin pasar por la Cámara, pero esta normativa, vigente hasta junio, no ha sido puesta en práctica.

¿Cuál es ahora su situación epidemiológica?

La contraria a la pretendida por el Gobierno. El balance no deja en muy buen lugar la política adoptada. Suecia, con 10,2 millones de habitantes, ha registrado 4.468 muertes vinculadas con el covid-19, muchas más que sus vecinos nórdicos, y presenta una de las tasas de mortalidad per cápita más altas del mundo. Mientras, Dinamarca ha registrado 580 muertes, Finlandia 320 y Noruega 237, de acuerdo con el recuento de la Universidad Johns Hopkins, basado en cifras oficiales. Su tasa de mortalidad es de 43,2 fallecidos por cada 100.000 habitantes, muy superior también a la de sus países próximos. Tras no registrar ninguna víctima mortal por primera vez en dos meses el domingo y apenas 8 el lunes, ayer las autoridades comunicaron 65 más, lo que mantiene la media diaria actual en unos 50, con la curva de contagios y muertes en descenso lento desde principios de abril, y la tasa de reproducción por debajo de uno, a lo que se aferran los defensores del modelo.

Críticas a la estrategia

Sobre todo internacionales. La alta mortalidad ha provocado críticas a la estrategia sueca, sobre todo fuera del país, aunque hasta las declaraciones de Tegnell, las autoridades han mantenido su línea, admitiendo no obstante el fracaso en la protección de los ancianos, más de dos tercios del total de muertos, sumando los que viven en asilos y los que reciben asistencia en sus casas.

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