«No se puede ceder con los niños y poner siempre el bote de kétchup o mayonesa en la mesa»

Javier Becerra
javier becerra REDACCIÓN

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Cristina Tejera, en su intervención en el Ciclo Mesas Saludables, de La Voz
Cristina Tejera, en su intervención en el Ciclo Mesas Saludables, de La Voz Eduardo Pérez

La médica especialista en nutrición Cristina Tejera sostiene que el gusto se puede corregir y apuesta por educar a los niños en nutrición

14 jun 2020 . Actualizado a las 09:07 h.

Para Cristina Tejera Pérez (Cáceres, 1985) hay un momento en el que una persona duda de si lo que entendía por comer bien lo era o no. «Cuando una pareja empieza a vivir junta se ve claramente que lo que es una ración en una casa no es igual en la otra», resume. «Comemos acorde a nuestras creencias y a lo que nos han enseñado, pero no significa que lo hagamos bien», añade esta médica del CHUF.

-¿Introduciría esa educación en el colegio?

-Totalmente. Yo incluiría dentro del currículo en la Primaria la educación en salud, con una parte muy importante en la alimentación. Llegas a los niños y llegas a los padres, con los que ya es mucho más difícil. Cuando un niño le dice que no fume a su padre eso le llega más que lo que le diga un profesional.

-Después de años comiendo bollería industrial y precocinados, a una persona unas acelgas le pueden producir rechazo. ¿El gusto se puede modificar o ya no hay vuelta atrás?

-Sí, claro que se puede modificar, pero cuesta. Todos los procesados, con su alta concentración de azúcar y grasa, impactan en nuestro cerebro. Le mandan mensajes de refuerzo positivo y van al mismo centro al que impactan las drogas. Cuando uno toma ese tipo de productos el cuerpo pide seguir tomando exactamente eso. Pero igual que te puedes acostumbrar, te puedes desacostumbrar y habituarte a otros sabores. Igual que se educa el oído se puede educar el paladar. También influye mucho lo que se ve en el plato. Hay gente que te dice que lleva toda la vida a dieta, con la lechuga, la pechuga a la plancha y el pescado cocido. Te lo dicen como un disgusto, cuando no se dan cuenta que esa misma verdura se puede hacer con una especia y un aceite y sabe muchísimo mejor.

-A veces es complicado disfrutar de las verduras. Por ejemplo, cuesta encontrar hoy en el súper un tomate que sepa a tomate.

-¡Uy! Yo soy extremeña y con el tomate tengo un paladar especial. Prefiero muchas veces no comerlo a que no me sepa. Lo primero de las hortalizas, la fruta y la verdura es que tiene que oler. Muchas veces ya no huele. Mmm... si es así, mejor no. Pero también es cierto que hay mucha diferencia de precio y, a veces, un tomate bueno cuesta caro porque hay que pagar el trabajo de los agricultores que, en mi opinión, no está bien valorado. En Galicia tenemos suerte al respecto. Hay mucho rural y tiendas pequeñas que no traen el producto de los grandes mercados. Ahora con el covid-19 se ha visto claramente, apostando por las tiendas pequeñas.

-Hablado de tomate, ¿por qué los niños tienen tanta dependencia del tomate frito industrial?

-Por el glutamato. Es un neurotransmisor excitante en el cerebro y nos da una sensación de gustito. Esa combinación le resulta muy apetitosa a los niños. El kétchup, además, tiene mucha sal que hace una palatabilidad muy agradable. Su puntito de picante es muy adictivo.

-¿Qué hacer con los que comen todo con kétchup o mayonesa?

-Sé que hay que pelear con los niños la comida, que se lo digan a mi madre [risas]. Pero no se puede ceder y poner siempre el bote de kétchup o la mayonesa en la mesa. Al final la mayonesa que le pones para que se coma el pescado es como un premio. No hay que jugar con la comida como premio. Porque si no, entramos en un modo de comer emocional y no racional que puede ser muy negativo.

-¿Qué producto tomamos como algo sano y no lo es tanto?

-El pan industrial. Teniendo en cuenta que el pan aquí en Galicia es tan bueno, me parece un delito ir a comprar pan industrial a una gran superficie. ¿Por qué vale la barra de pan de pueblo un euro o euro y medio y la otra 20 céntimos? Tiene que haber algo diferente. La calidad. Aquí en Galicia somos de comer pan, pero no se puede comer ese de mala calidad, con mucha grasa para conservarse y mucha sal. Merece la pena hacer el esfuerzo por el otro.