Merkel llama a la unidad para que la UE recupere su fortaleza

La canciller aspira a dejar su huella en la Unión antes de su retirada en el 2021


berlín / Corresponsal

«Son tiempos muy serios y lo importante es hacer que Europa vuelva a ser fuerte». Así resumía ayer Angela Merkel su objetivo, en la inauguración oficial de la presidencia alemana de la UE, la primera de turno que le toca a Berlín desde el 2007 y que fue celebrada el martes por la noche con la proyección en varios idiomas de un lema similar sobre la fachada de la puerta de Brandeburgo: «Todos juntos para relanzar Europa». La canciller sabía que su última legislatura sería también la más complicada. Lo que no se imaginaba es que se enfrentaría a los desafíos derivados de una pandemia mundial.

La presidencia rotatoria de la UE no podía llegar a manos alemanas en mejor momento. Si con la crisis migratoria, el auge de la extrema derecha y el brexit los socios comunitarios exigían mayor liderazgo por parte de la primera potencia europea, este llamado no ha hecho sino agravarse con el covid-19. Todo apunta a que esta vez a la locomotora no le queda otra opción que coger el toro por los cuernos y capitanear la recuperación social y económica del bloque. De lo contrario, el buque de los 27 hará agua más pronto que tarde.

Retirada en el 2021

Si alguien puede lograrlo es ella, la dama de hierro que gobierna Alemania de forma ininterrumpida desde hace 15 años. Y, a juzgar por sus declaraciones, no cabe duda de que, al igual que otras veces, Merkel sabrá mantener la calma y dejarse guiar por su instinto frente a las críticas, para dejar una huella imborrable en la UE antes de retirarse de la política a más tardar a finales del 2021.

Para ello, el primer escollo será la cumbre presencial los días 17 y 18 en Bruselas. Allí, los líderes comunitarios deben dar el visto bueno a los presupuestos de la UE hasta el 2027, incluido el programa de recuperación económica diseñado por Merkel y el presidente francés, Emmanuel Macron, que incluye una línea de ayudas de 750.000 millones. Un «instrumento presupuestario», como dijo ayer la propia líder de la gran coalición, basado en préstamos y subsidios que necesitan los vecinos del sur de Europa, y que rechazan aplicar Austria, Holanda, Dinamarca y Suecia, abanderados de la austeridad.

«Los países llamados frugales son beneficiarios netos del mercado único», les recordaba el lunes Macron. Si bien el mismo argumento no sirvió en la recesión del 2008, esta vez el eje franco-germano coincide en infringir la norma de la cohesión presupuestaria. «Por responsabilidad y generosidad», ha llegado a defender Merkel, consciente de que con la salida del Reino Unido, Alemania ya ha perdido a su principal socio comercial, y no puede permitirse dejar de sacar tajada. «Es esencial que el mercado interior siga funcionando, pese a que las posturas aún están alejadas», admitió.

Si finalmente se alcanza un consenso, quedaría el desafío del brexit. «La UE debe prepararse para una eventual salida sin acuerdo», subrayó la canciller sobre el hecho de que el plazo para pactar la futura relación comercial entre el Reino Unido y Bruselas concluye a finales de año. Alemania hará todo lo posible por impulsar el proceso y dar con «una buena solución en otoño», pero por ahora los avances son «muy superfluos». De no haber acercado posiciones para entonces, la OMC dicta que se apliquen elevados aranceles y controles aduaneros a las economías europeas, que sufrirían aún más.

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