redacción / la voz

El pasado 12 de enero entró en erupción el volcán Taal, en Filipinas. La erupción fue moderada, pero los vulcanólogos que vigilan su actividad advierten de que existe un riesgo real de que se produzca una nueva más violenta. Esta posibilidad se ha convertido en un motivo de preocupación para la comunidad científica por las consecuencias en el clima.

Las cenizas y el dióxido de azufre de las erupciones alcanzan la estratosfera y bloquean la radiación solar, reduciendo el calor en la superficie. Tras una erupción, suele ser habitual que el planeta se enfríe, pero también puede haber un calentamiento en el primer invierno posterior a la erupción en el hemisferio norte, a medida que la temperatura de la superficie se recupera.

Todavía hay algunas brechas en la relación en los impactos climáticos de los volcanes proyectados por las simulaciones. Un grupo de investigadores está utilizando la erupción del Taal como una herramienta de evaluación en tiempo real del impacto de las erupciones volcánicas en el clima, para así mejorar los modelos. La investigación del equipo se ha publicado en la revista Advances in Atmospheric Sciences.

Los científicos tomaron datos sobre la escala de erupciones volcánicas en todo el mundo durante los últimos 1.100 años a partir de los núcleos de hielo de Groenlandia y la Antártida, y los ingresaron en modelos climáticos globales. Esto les permitió proyectar el impacto de la erupción del Taal.

En base a los resultados, consideran que hay una alta probabilidad (83 %) de que se produzca un evento de calentamiento similar a El Niño durante el invierno 2020/2021 si la magnitud de la erupción del Taal alcanza un «índice de explosivo» de rango medio.

Vórtice polar

Tal erupción también produciría un vórtice polar, el área de baja presión que confina el aire frío que rodea los polos norte y sur de la Tierra, lo que a su vez provocaría un calentamiento en todo el continente euroasiático; es decir, justo lo que está pasando este año, sumando la influencia de El Niño, un fenómeno que fue observado en los primeros inviernos boreales después de las grandes erupciones tropicales del Krakatoa en 1883, el Santa María en 1902, el Agung en 1963, El Chichón en 1982 y el Pinatubo en 1991.

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¿Puede un volcán despertar a El Niño?