Ferraz intenta proteger a un Sánchez que sale más debilitado del 12 de julio

Su estrategia de pactar con fuerzas minoritarias dio alas al BNG y ahogó al PSdeG


MAdrid / LA Voz

Todo empezó con Miguel Ángel Revilla. Contra todo pronóstico, las elecciones del 28 de abril del 2019 depararon un diputado en Madrid para el Partido Regionalista de Cantabria. A las pocas semanas, el televisivo presidente regional se plantó en la Carrera de San Jerónimo para asistir desde la tribuna de invitados del salón de plenos a la toma de posesión del acta que acreditaba como diputado nacional a José María Mozón, un veterano político de su máxima confianza. En uno de los recesos, mientras chupaba un habano y bromeaba con La Voz de Galicia sobre los orígenes lucenses de su esposa, presumía que acababa de clavar una pica en Flandes.

Tras una negociación con el por entonces ministro de Fomento en funciones, José Luis Ábalos, el PRC anunció a bombo y platillo que votaría a favor de la investidura de Sánchez a cambio del apoyo de los socialistas para que Revilla revalidara el poder (después de las generales hubo autonómicas), acuerdo en el que también incluyó el compromiso de Moncloa para acelerar el AVE a Santander, la mejora de la línea a Bilbao y el desembolso para un hospital. Monzón fue el único diputado fuera del grupo socialista que votó a favor de la investidura de Sánchez, que no llegó a cuajar por falta de acuerdo con Podemos, y los españoles fueron convocados de nuevo a las urnas. El 10N el PRC obtuvo 16.000 votos más.

Habían tomado buena nota en Teruel, paradigma de la España vaciada, donde una plataforma de aspecto más vecinal que político logró un escaño con el objetivo de reclamar inversiones y atención. Teruel Existe rascó también compromisos en trenes y carreteras, un éxito debido en gran parte a que las urnas volvieron a deparar otro tablero parlamentario endiablado. Confirmada la abstención de ERC, el sí de Teruel Existe brindó el penúltimo apoyo que necesitaba Sánchez para atar la presidencia. El definitivo llegaría a manos del BNG. Los nacionalistas gallegos llevaban varias legislaturas ausentes. Se quedaron a las puertas el 28A, pero la repetición electoral les brindó una nueva oportunidad en el gran escaparate de la política española que no desaprovecharon. Tras semanas de negociaciones con el PSOE, Néstor Rego logró la firma de un documento en el que, entre otras cosas, se incluía el compromiso del Gobierno para transferir la AP-9 en el primer semestre del año (aparcado por el covid-19), bonificaciones de los peajes, la mejora de la red ferroviaria, una rebaja de la factura energética para las electrointensivas o la creación de juzgados de violencia de género en Santiago, Lugo y Ourense. Y estuvo a un tris de lograr la movilidad entre provincias durante el estado de alarma.

Con esta estrategia, Sánchez estaba dando alas a los nacionalistas, y a su vez cortándoselas a su candidato en Galicia, que se quedó sin mensaje en clave autonómica y que se limitó a poner en valor a la coalición de la Moncloa. El presidente no se involucró en la campaña todo lo que le hubiese gustado a un PSdeG más sanchista que Sánchez. El colmo fue la avería de su avión que obligó a cancelar la última de sus contadísimas visitas a Galicia.

Ferraz intenta tomar distancia de los resultados del 12J, el primer gran revés desde que es presidente. Fuentes de la ejecutiva reclaman tiempo para analizar los resultados con detenimiento, y sin cargar las tintas sobre Caballero, creen que con otro candidato los números hubiesen sido distintos. Ábalos compareció la misma noche electoral para contextualizar el proceso en un marco muy determinado y alejarlo de cualquier crítica al Gobierno. Pero es una evidencia que Sánchez sale debilitado del proceso gallego, al no lograr capitalizar el hundimiento de Podemos, que fue a parar todo a manos del BNG.

Silencio de Iglesias mientras Errejón asegura que Podemos «ya no existe»

En Podemos siguen guardando silencio tras el desplome electoral sufrido en los comicios autonómicos del País Vasco y el batacazo gallego, donde Galicia en Común se queda fuera del parlamento autonómico. Más allá del tuit publicado por Pablo Iglesias a última hora del domingo en el que reconocía «una derrota sin paliativos» y de unas palabras de ayer de su portavoz, Isa Serra, en las que llamaba a hacer «autocrítica» interna, nadie en la dirección ha reflexionado sobre los resultados del 12J. La sede de Princesa permanece cerrada a la espera de que el tiempo ayude a digerir unos números en los que no cabe una lectura positiva.

Juan Carlos Monedero, fuera de la ejecutiva, pero que sigue siendo una de las personas de confianza de Iglesias, interpretó que «la izquierda nacionalista vasca y gallega se han podemizado».

Los que sí se han manifestado fueron algunos de los que han dejado la nave morada por discrepancias con el secretario general, como Ramón Espinar, que denunció el exceso de poder acaparado por el vicepresidente, o el que fuera mano derecha de Iglesias en los primeros pasos del partido, Íñigo Errejón, que dictó sentencia en Twitter en referencia a lo que fue Podemos: «Eso ya no existe. Existe una cosa que se llama UP y que tiene los resultados de siempre de IU».

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