Una cumbre histórica que amenaza con quedar en agua de borrajas

Fuerte división en la UE para sacar adelante el presupuesto y el fondo de reconstrucción

Fernando Calvo

redacción / la voz

«Calculo que la posibilidad de que lleguemos a un acuerdo este fin de semana es inferior al 50 %. Además, al final, el contenido es más importante que la rapidez. Un compromiso débil no llevará a Europa más allá». Con esa frase lapidaba este viernes el primer ministro holandés, Mark Rutte, las esperanzas de un pronto acuerdo entre los líderes europeos sobre el ansiado fondo de reconstrucción. Una idea en la que abundaba la canciller alemana, Angela Merkel, por cierto ayer de cumpleaños. Como el primer ministro luso, Antonio Costa. Ambos recibieron algún que otro regalo de manos de sus colegas. Quizá lo único agradable de la crucial reunión. «Las negociaciones son muy difíciles», soltó con pesimismo la germana a su llegada.

Pedro Sánchez como el francés Emmanuel Macron no arrojaban, sin embargo, la toalla. Apelaban a la responsabilidad de todos, al empaque histórico de la cita y a la necesidad de resolverla con un acuerdo sin más demoras. «Estamos ante un Consejo muy importante, yo diría que histórico, para el conjunto de países europeos, porque la situación que estamos atravesando es además inédita», aseguraba Sánchez. «Estamos obligados a llegar a un acuerdo», remarcaba. Urgencia también imprimía el liberal Macron. «Ha llegado el momento de la verdad para la ambición de Europa», proclamaba. «Haremos todo lo posible para conseguirlo», añadía con muchas cautelas.

Así las cosas, once horas después del comienzo de la cumbre, y al cierre de esta edición, los Veintisiete seguían defendiendo las mismas posiciones con las que entraron en la reunión. Los frugales (Países Bajos, Suecia, Dinamarca y Austria) reclamando recortes tanto en el presupuesto europeo como en el fondo de reconstrucción. Eso y reducir el peso de las ayudas no reembolsables en favor de los préstamos, que esos sí hay que devolverlos.

Unanimidad

Además, el holandés exigiendo que los planes nacionales de reformas para acceder a las ayudas sean aprobados por unanimidad, una opción que España e Italia consideran «inaceptable», precisaban a Efe fuentes de la Moncloa. El presidente Sánchez, por contra, defendiendo un sistema «ágil y que incentive las reformas», pero también que sea «eficiente».

«Está solo, el resto de frugales no lo apoyan», destacaban esas mismas fuentes, si bien convencidas de que Rutte seguirá firme tanto en esta reivindicación como en su exigencia de que Italia y España ofrezcan garantías de que aprobarán reformas estructurales.

La intransigencia, por barrios

Y es que, en el frente frugal que lidera Holanda la intransigencia va por barrios. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, apuesta por reducir la dimensión del plan de recuperación; el sueco socialdemócrata Stefan Löfven, que no hizo declaraciones a la llegada, abrazado al mantra préstamos sí, pero no subsidios, y el austríaco Sebastian Kur, partidario de «redimensionar» el fondo (reajustarlo en tamaño y en las proporciones ayudas-créditos). La condicionalidad de Rutte no es, aparentemente, asunto prioritario para ellos.

El holandés, además, tiene otro frente abierto con el Este. Que el dinero del presupuesto plurianual se otorgue reforzando el peso de otra condición; la del respeto del Estado de Derecho. Ni Hungría ni Polonia (protagonistas de derivas muy cuestionadas) están dispuestas a asumirlo.

Los países del norte también mantienen su posición con respecto a los cheques o correcciones a la baja de sus contribuciones al presupuesto de la UE. Aunque la propuesta sobre la mesa los mantiene, piden que se les rebaje todavía más su aportación a las cuentas europeas. España, lejos de aceptarlo, considera que estos cheques son «regresivos e injustos» y está a favor de eliminarlos. Ante esta situación, la Moncloa reconoce que «todo el mundo tiene que ceder» para conseguir cerrar un pacto. «Si no, no sería una negociación», expresan, para después añadir que se trata de «un paquete complicado» en el que «todos los puntos son importantes y están relacionados». 

Italia le canta las cuarenta a Holanda

No está siendo la cumbre europea de jefes de Estado que se celebra desde ayer en Bruselas, lo que se dice una balsa de aceite. Sobre la mesa, paquetes multimillonarios: 750.000 millones de euros del fondo de recuperación (medio billón de ellos, subsidios no reembolsables) y 1,074 billones más para tejer el presupuesto plurianual 2021-2027. «Tengo que decir que las diferencias siguen siendo muy, muy grandes y, por lo tanto, todavía no puedo predecir si esta vez alcanzaremos un resultado«, aseguraba Ángela Merkel, presidenta de turno de la UE, minutos antes del inicio de la cumbre. Sobre la mesa, también, las dos sensaciones contrapuestas de casi siempre, la de la necesidad de cerrar con urgencia el acuerdo y la partitura de tempo lento que defienden los Países Bajos como estrategia para sacar un mayor rédito.

Pero el sur no se arredra. Que se lo digan si no al primer ministro de Italia, Giuseppe Conte, que ayer le cantó las cuarenta a su homólogo holandés, Mark Rutte, en una de las intervenciones más duras y vehementes de la jornada. Le advirtió que el mecanismo de control de los gastos que propone para conceder dinero a los países más afectados por la pandemia, es «incompatible con los tratados europeos e impracticable a nivel político». Realizó el italiano una exposición «muy fuerte y articulada a nivel legal».

Y es que, Holanda plantea que no sea la Comisión Europea la que dé el visto bueno a las subvenciones. Quiere Rutte que los Estados que las reclaman estén sujetos a un examen previo de los Gobiernos individuales, que podrían exigirles a cambios reformas y ajustes. De esta manera, la luz verde a las transferencias sería cosa del Consejo Europeo y no de la Comisión. Los frugales (ya saben Países Bajos, Suecia, Dinamarca y Austria) se asegurarían así el derecho de veto si los planes nacionales de recuperación presentados por el Estado solicitante no les convencen y podrían pedir mayores sacrificios.

Rutte, líder del ala dura, dejó muy claro este viernes en Bruselas que no es optimista sobre la posibilidad de llegar a un acuerdo este fin de semana e instó a «concretar las reformas» como condición para negociar y respaldar un fondo de reconstrucción que restañe las heridas.

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