La número uno en la lista del Sergas para Enfermería pide plaza en Ourense
24 jul 2020 . Actualizado a las 05:00 h.Cuatro oposiciones después, Rosa María Rodríguez Vasallo, ourensana de 48 años, ya tiene su plaza fija como enfermera en el Sergas. Ella es la número uno de la lista de aspirantes de toda Galicia que, en mayo del año pasado, se examinaron con vistas a integrar la lista de personal estable de Enfermería en los hospitales de la comunidad. De todos ellos, 116 profesionales han escogido destino en el área sanitaria de Ourense, de Verín y O Barco de Valdeorras.
«En realidad, yo llevo como enfermera en el CHUO desde el año 2001», dice Rosa. Comenzó su andadura como técnico de rayos tras realizar un ciclo de Formación Profesional y cuando su trabajo aún era visto como algo llegado del futuro. «Era una variante innovadora por aquel entonces, y fui poco a poco hasta sacar mi plaza en el año 1998, pero mientras tanto hice Enfermería porque con el tiempo fue a donde quise dar el salto», añade. Apenas pasaron tres años hasta que se reconvirtió a lo que es ahora, siempre con pie y medio en los quirófanos del hospital ourensano, donde lleva casi 18 años encadenando contratos largos al ir por promoción interna.
Dentro del área de Cirugía también las pasaron canutas durante la epidemia. Rosa no estuvo en Urgencias y tampoco fue reclamada para la uci covid-19 del CHUO, pero los quirófanos abrieron sus puertas a pacientes que llegaban precisamente de la zona de críticos aún sometidos al coronavirus. «A muchos de ellos teníamos que realizarles una traqueotomía. Y el protocolo de seguridad ahí dentro no era como el de la NASA, pero se le acercaba bastante», cuenta. La preparación, intervención del afectado y limpieza del recinto multiplicó el número de horas de trabajo dentro de los quirófanos. Y todo ello, enfundados en los epi, su particular escafandra para el momento. «Eso, sin duda, era lo peor. Por el sudor, la sensación de agobio constante y la dificultad añadida que implica estar siempre al 100 % y sin despistes con un paciente en esa situación», cuenta.
Ahora, Rosa no tiene claro cuándo la llamarán para reincorporarse, ya como fija en plantilla. Técnicamente ya era una de ellas, pero se muestra aliviada tras muchos años de trabajo en la sombra. Tantos, que ni se acuerda cuándo fue su primera oposición. «Fue hace muchos, ni siquiera recuerdo el año», dice riendo. «Pero ahora notas algo más de tranquilidad, porque en su momento quise sacar la plaza de técnico de rayos para no estar dependiendo siempre de contratos pequeños, y ahora ves que se tiende precisamente a los cortos y que hay algo de inestabilidad», razona.
Las jornadas sin fin
Hasta que obtuvo su plaza, un día normal en la vida de Rosa María Rodríguez se distribuía entre la jornada de trabajo en el CHUO, el encierro posterior hincando los codos ante los libros y, a continuación, el descanso.
«Yo suelo trabajar por turnos. Así que, poniendo por caso que me tocase por la mañana, solía ponerme sobre las 16.00 horas a estudiar y no paraba hasta las 21.00. A todo esto debes sumarle que cada uno tiene su familia, con sus circunstancias personales, y que no siempre es posible estar a tope aunque lo desees. Ya no sueles hacer mucha vida social cuando asumes a por lo que vas, pero durante los cuatro últimos meses antes del examen es algo aún más marcado», dice. Ahora, quizá sin darse cuenta, la próxima vez que atraviese la puerta del CHUO, lo hará también para recuperar lo que se llevó ese tiempo invertido.