¿Solo o en compañía de otros? 40 años de incógnitas del crimen de los Urquijo

El asesinato de los marqueses, acribillados a tiros el 1 de agosto de 1980, sigue dejando todavía muchos interrogantes


Madrid / Efe

1 de agosto de 1980. Miles de españoles ultiman las maletas para irse de vacaciones de verano. Probablemente encendieron la radio para escuchar las noticias del día y se desayunaron con una que conmocionó al país: los marqueses de Urquijo habían sido acribillados a tiros.

Su dormitorio de la lujosa residencia que María Lourdes Urquijo y Manuel de la Sierra compartían en Somosaguas, en Madrid, fue el escenario de un crimen que 40 años después mantiene abierta la principal incógnita: ¿Rafael Escobedo, yerno de los marqueses, cometió solo el asesinato o participaron otros?.

Una pregunta que dejó en el aire la sentencia de la Audiencia de Madrid sobre este caso. No se puede decir que los jueces fueran muy contundentes, porque el fallo afirmó: Escobedo cometió el crimen «solo o en compañía de otros». Y hasta ahora. Pero a un caso así, tan mediático -no en vano el marqués era poseedor de una de las mayores fortunas de España-, no le faltaron los ingredientes que hicieron mantener en vilo la atención y el interés de los españoles durante mucho tiempo.

Al marqués le habían descerrajado en su cama un tiro en la nuca. Su esposa yacía en el dormitorio con un balazo en la boca y otro en el cuello. Ocho meses después el yerno de los marques y marido de Miryam de la Sierra, Rafael Escobedo, Rafi, fue detenido tras encontrarse en una propiedad de su padre y consuegro de las víctimas unos casquillos de pistola similares a los usados en el doble asesinato.

Casi tres años después de la muerte, Rafi fue condenado a 53 años de cárcel como autor del doble asesinato. Una pena que no cumplió porque justo cinco años después de la condena (el 27 de julio de 1988) se suicidó en la cárcel de El Dueso (Cantabria).

Revuelo mediático

Su detención también causó un importante revuelo. Se trataba de un joven atractivo, de una familia acomodada de abogados, con estudios de Derecho. Pero para los psiquiatras que intervinieron en el proceso, Rafi era un hombre inmaduro, con afán de notoriedad y tendente a establecer relaciones de dependencia. Alguno llegó a afirmar que podría ser la persona idónea para firmar su culpabilidad bajo presiones externas, pero en ningún caso de cometer un asesinato.

La condena de la Audiencia fue confirmada por el Tribunal Supremo en 1984. Más tarde, se abrió un segundo sumario tras unas declaraciones de Mauricio López-Roberts, amigo de Rafi, que condujeron a su propia detención y a la de Javier Anastasio de Espona, ambos procesados luego como presuntos encubridor y coautor, respectivamente.

Javier Anastasio, procesado en el segundo sumario en relación con la muerte de los Marqueses de Urquijo, abandona la prision de Carabanchel en 1987. Luego huyó de España
Javier Anastasio, procesado en el segundo sumario en relación con la muerte de los Marqueses de Urquijo, abandona la prision de Carabanchel en 1987. Luego huyó de España

El primero quedó en libertad provisional bajo fianza de medio millón de pesetas, mientras Anastasio estuvo en la cárcel Carabanchel desde el 17 de octubre de 1983 hasta marzo del 87, cuando salió en libertad provisional y a finales de ese año huyó de España. No le faltó detalle al caso, incluidos «cambios de lugar» de algunas pruebas aportadas al sumario por la policía, como los casquillos encontrados en la escena del crimen, cuya desaparición fue objeto de un sumario en el juzgado de Instrucción 17 de Madrid, sin que se llegara a encontrar a los responsables. Desaparecieron las balas extraídas a los cadáveres, que también fueron aportadas por la Policía como pruebas de convicción para averiguar el arma homicida.

El arma, una pistola marca Star, modelo F, calibre 22, número de fabricación 219.444 y que figuraba inscrita a nombre de Miguel Escobedo Gómez-Martín, consuegro de los Urquijo y socio de la Federación Nacional de Tiro Olímpico, fue encontrada más tarde.

La pistola y algunos casquillos de la misma marca y características que la utilizada en el crimen, además de un soplete, fueron recuperados por la Policía en una finca propiedad de Miguel Escobedo en Montalvillas de Huete (Cuenca). Y por si fuera poco, los investigadores se extrañaron porque los cadáveres fueran lavados antes de ser examinados por los médicos forenses, José Antonio García Andrade y Raimundo Durán, quienes denunciaron la trascendencia del hecho.

Hasta los hijos de los marqueses -Juan y Myriam- llegaron a ser sospechosos, pero todo quedó en eso, en una sospecha. Un doble crimen que, sin duda, daba para una película. Y la que se hizo para la serie La huella del crimen de TVE, también ha tenido que pasar por los tribunales.

Cuarenta años después, la incógnita se mantiene para los que todavía recuerdan el truculento suceso. ¿Quiénes serían los otros?

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