Estos sí fueron veranos de canción

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Viajamos a aquellos años en los que un tema sonaba y sonaba sin parar

04 ago 2020 . Actualizado a las 08:55 h.

El verano más raro que se recuerda tampoco tiene una canción clara para amenizarlo. Normal. Andan por ahí pululado el Perreo sola de Bad Bunny, el Amarillo de J Balvin o el Break My Heart de Dua Lipa, en discotecas a media capacidad y pubs a los que hay que acudir con mascarilla. Ninguna tiene la presencia hegemónica que, por ejemplo, tuvo el Despacito en el 2017, cuando todo hijo de vecino se había expuesto a sus efectos, amándola u odiándola. Pero nunca ignorándola, porque se trataba de algo imposible. Ahí, cuando toda la gente canturrea, baila o detesta esa canción es cuando se ha hecho diana. Ocurrió muchas veces.

Los Payos «María Isabel» (1969). Si una persona dice en voz alta en cualquier lugar de España «coge tu sombrero y póntelo» seguramente todos los que tengan más de 35 años contesten: «Vamos a la playa calienta el sol». La televisión emitía aún en blanco y negro, pero el fenómeno del turismo y el culto a la playa eran ya una realidad. Aquí había una canción que le ponía la banda sonora a todo eso.

Los Diablos «Un rayo de sol» (1970). Se trata de una de las más emblemáticas canciones del verano y una de esas piezas que se escuchan una vez y quedan para siempre. Aderezada de los celebérrimos «salalalalá» y «ouooó» se convirtió en uno de esos clásicos básicos que resucitan constantemente cuando llega junio.

Raphaella Carrá «Hay que venir al sur» (1978). En plena Transición y con el país saboreando la libertad en la era del destape, las canciones del verano subieron la temperatura. Como esta de Raphaella Carrá que, entre guitarras funkys y ritmos disco, instaba a aprovechar el momento y desplazarse al sur para poder hacer bien el amor. Otros tiempos.

Georgie Dann «El Chiringuito» (1988). Es el rostro eterno de la canción del verano. De las muchas que lanzó (La barbacoa, El africano, Macumba, ...) esta es la más célebre. Lo tiene todo: la melodía adhesiva, los tópicos playeros y una letra llena de dobles sentidos con extra de picante («de menú del día tenemos conejo a la francesa, pechuga a las española y almejas a la inglesa»). Es solo mentarla y que se dispare en la cabeza su machacón estribillo.

Los Refrescos «Aquí no hay playa» (1989). En realidad se trata de la anticanción del verano, una pieza que a ritmo de ska denuncia precisamente la falta de una playa en Madrid. Eclipsó totalmente la trayectoria de un grupo muy interesante.

Los del Río «Macarena» (1993). El gran éxito internacional del pop español se encuentra aquí. Tanto que en su día se bailó en Estados Unidos en lugares tan insólitos como la convención del Partido Demócrata en 1996. En aquel verano del 93 arrasó en las verbenas, los locales de copas y hasta en las fiestas infantiles. Los niños fueron uno de los máximos embajadores, bailándola sin parar. Sus efectos perduran: si suena en el 2020 se monta la fiesta ipso facto.

King África «Bomba» (2000). ¿Quién no se acuerda del verano en el que aquel grito que decía «¡Booooooomba!» se repetía sin parar? Sí, aquella voz inconfundible del argentino King África estaba en todas partes, dictando cómo se tenía que bailar el tema, «movimiento sexi» incluido.

Las Kétchup «Aserejé» (2002). Colando la primera estrofa de la canción The Sugar Hill Gang de Rapper's Delight del mismo modo que la cantaría alguien que no tiene ni idea de inglés, este insólito trío logró uno de los éxitos más extraños de la música en España. El reto consistía en pronunciar la sucesión de sílabas sin aparente sentido al tiempo que se bailaba cruzando los brazos. Un videoclip con las artistas trabajando en un chiringuito al lado de la playa, puso la guinda.

Michael Teló «Ai si eu te pego» (2012). Aunque el artista ya tenía gran éxito en Brasil, su suceso en España resultó sorprendentemente inesperado. Se coló en invierno y en verano su baile acompañado con el «Nossa, nossa / Assim você me mata» se convirtió en omnipresente.

Luis Fonsi «Despacito» (2017). Aquello fue un virus que sirvió para cristalizar en unos minutos el éxito de la música latina en la década pasada. Una suave melodía reggae, cortada por la rítmica del reguetón y jugando magistralmente con la velocidad, se convirtió en la canción más escuchada de aquel verano.