Tecnología con una segunda vida

Los productos reacondicionados empiezan a ganar pulso por su bajo coste y por las inmensas posibilidades que ofrecen. Pero los consumidores deben tener cuidado con lo que compran


No siempre es tarea sencilla lo de seguir el ritmo de renovación que marcan los constantes avances tecnológicos. Estrenar el último grito en cacharros tampoco está al alcance de cualquier bolsillo. Y en todo este caldo de cultivo -que en cierto modo ha propiciado la obsolescencia programada y el continuo estreno de los productores- cada vez toma más impulso una opción mucho menos agresiva para el bolsillo del ciudadano. Hablamos de los productos reacondicionados, que de un tiempo a esta parte han conseguido conquistar a más de un consumidor. De hecho, ya existen negocios y páginas web que se dedican enteramente a comercializar este tipo de aparatos. Pero, ¿qué es un reacondicionado y qué lo diferencia de un simple segunda mano? Los smartphones, tablets y ordenadores reacondicionados no tienen mucho que ver con el concepto más tradicional de segunda mano, aunque guarden ciertas similitudes. A diferencia de los segundos, los reacondicionados no tienen por qué haber pasado necesariamente por las manos de otros clientes (aunque muchos de ellos sí que cumplen con este requisito). Lo que sí que es cierto es que todos los dispositivos que cuentan con esta etiqueta deben de haber sido sometidos a toda clase de pruebas que demuestren que ofrecen el mismo rendimiento que uno nuevo.

«Ante la amplia variedad de productos que están relacionados con el concepto reacondicionado, es habitual que las tiendas los agrupen en diferentes apartados, pero los nombres muchas veces confunden más que ayudan al consumidor», explican los responsables de la Organización de Consumidores y Usuarios, que además diferencian entre tres categorías de artículos dentro de esta opción. En primer lugar, aseguran, se encuentran los productos nuevos, últimas unidades o devoluciones de clientes que pueden haber abierto la caja o probado algo el producto. También se pueden encontrar productos que proceden de exposición y que, por tanto, pueden haber tenido un mayor o menor uso. Por último, también hay productos de segunda mano o reparados y restaurados, dispositivos que normalmente han pasado por una empresa que los revisa y repara para dejarlos en perfecto estado.

Los expertos de la organización de consumidores advierten de los riesgos que pueden entrañar estos artilugios y ofrecen algunas recomendaciones a tener en cuenta: «La idea que deben tener clara los consumidores es que no siempre se trata de un producto nuevo y como tal se vende a un precio especial».

¿Qué garantías tienen los consumidores?

Tal y como explican desde la OCU, el principal problema que se pueden encontrar los consumidores es que no saben realmente el producto que van a recibir. Y ante esto, recomiendan encomendarse a la garantía. «El tipo de fianza que ofrecen es clave. Como productos equiparables de segunda mano, el punto de partida es que la garantía sea de 12 meses. Pero es habitual que las tiendas ofrezcan hasta dos años, ya sea porque se trata de productos que consideran nuevos o por una ampliación como aval comercial».

Además, recuerdan los expertos que el cliente puede ejercer el derecho de desestimiento con un plazo ampliado y sin costes adicionales, si el cacharro adquirido no se ajusta a sus expectativas.

¿A quién pueden interesar estos aparatos?

Los productos reacondicionados son una buena oportunidad. Sobre todo si lo que buscamos son nuevas tecnologías a un precio más asequible: «Es una opción que merece la pena explorar porque nos puede permitir encontrar auténticas gangas en productos de alta gama que, de otra manera, a lo mejor no podríamos comprar», sentencian desde la OCU. Eso sí, recuerdan que el consumidor no debe dejarse «deslumbrar» por el término reacondicionado, «ya que como otras oportunidades, chollos o low-cost, no significan nada si no vienen acompañados de un descuento acorde con el estado real del producto».

¿Qué hay que tener en cuenta antes de comprar?

Lo primero que recomiendan los duchos en la materia es no dar nada por supuesto: «Lo mejor es asumir que es un producto de segunda mano y a partir de ahí valorar si es interesante». Además, es imprescindible comprobar el ahorro real que se va a obtener: «Visita y compara diferentes tiendas y desconfía de grandes descuentos, ya que muchas veces están calculados sobre el precio de referencia o recomendado por el fabricante y probablemente estén desactualizados». Por último, los clientes deben valorar cuestiones como el desgaste, la antigüedad del modelo o los vicios ocultos que no se ven.

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