Trump convierte la Casa Blanca en el gran plató de la convención republicana

Crece la polémica en Estados Unidos por el uso partidista de la residencia presidencial

Melania Trump y su esposo, tras la intervención de la primera dama en la convención republicana desde la rosaleda de la Casa Blanca
Melania Trump y su esposo, tras la intervención de la primera dama en la convención republicana desde la rosaleda de la Casa Blanca

La línea de separación entre las tareas que el inquilino de la Casa Blanca desempeña como presidente aún en el cargo y su papel como candidato a la reelección ha sido siempre nítida y sagrada en Estados Unidos. Hasta que Donald Trump desembarcó en el despacho oval. El magnate no ha titubeado a la hora de romper con la tradición e incluso de eludir la llamada ley Hatch, que prohíbe el uso de instalaciones federales para actos partidistas, y ha puesto todos los recursos del Gobierno al servicio de su campaña de reelección como candidato republicano.

Donald Trump ha convertido la Casa Blanca en el plató central de la convención republicana, que se celebra en Charlotte (Carolina del Norte), pero que a causa de la pandemia ha cambiado el formato de mítines multitudinarios por una sucesión de discursos grabados o retransmitidos desde diferentes localizaciones. La agenda política de la madrugada del martes al miércoles (hora española) ha hecho saltar todas las alarmas entre la oposición demócrata y los medios críticos con el presidente.

Melania Trump eligió la rosaleda de la Casa Blanca y un atril institucional para pronunciar su discurso ante la convención republicana, un terreno en teoría neutral que debería permanecer excluido de la campaña. Tampoco gustó a los de Biden que buena parte del Gobierno federal (con Donald Trump y Mike Pence en primera fila) se dedicase a aplaudir con entusiasmo el mitin de la primera dama en el jardín de la residencia presidencial.

A por las amas de casa

Melania Trump, a la que los republicanos catapultan para captar el voto de las amas de casa de las áreas residenciales, rebajó el tono agresivo que hasta ahora ha marcado el ritmo de la campaña y lanzó un mensaje de unidad al evocar la epopeya de su «sueño americano» tras superar una infancia bajo el yugo comunista en Eslovenia. La primera dama hizo un derroche de empatía, una de las cualidades de las que su esposo anda escaso, y sus primeras palabras fueron para recordar a los más de 170.000 muertos por el covid-19 en Estados Unidos.

Más polvareda levantó la breve intervención de Mike Pompeo, que se sumó a la convención republicana con un vídeo grabado en la azotea del emblemático hotel Rey David de Jerusalén. Se trata del primer secretario de Estado en los últimos 75 años que participa en un acto de partido y el congresista demócrata Joaquín Castro ya ha lanzado una investigación para dilucidar si Pompeo se ha saltado la ley.

Durante esta polémica jornada, el propio Donald Trump aprovechó dos actos de su agenda oficial como presidente para retransmitirlos como parte del programa de la convención republicana. Para tratar de edulcorar su imagen con un toque de compasión, firmó el indulto a un ladrón de bancos arrepentido y participó junto al secretario de Interior, Chad Wolf, en una ceremonia en la que entregaron a cinco inmigrantes su documentación como nuevos ciudadanos estadounidenses. De nuevo, en la Casa Blanca y para mayor gloria del candidato.

Y este jueves llegará el momento estelar de la convención. Trump pronunciará su discurso de aceptación. Lo hará desde el ala este de la residencia presidencial y, al final de su intervención, habrá fuegos artificiales republicanos sobre el monumento a Washington.

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