Johnson lanza un órdago a la UE y da de plazo hasta el 15 de marzo para cerrar la desconexión del «brexit»

Insiste en que un fracaso de las negociaciones sería una buena noticia para el Reino Unido y amaga con anular partes del acuerdo de divorcio

Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido
Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido

REDACCIÓN / AGENCIAS

El primer ministro británico, Boris Johnson, dio un plazo hasta el 15 de octubre para alcanzar un acuerdo con la Unión Europea (UE) sobre el brexit, tras lo cual, señaló, «habría que aceptar (el fracaso) y pasar página».

«Tiene que haber un acuerdo con nuestros amigos europeos antes del Consejo Europeo del 15 de octubre si va a entrar en vigor antes de final de año», señaló el jefe del Gobierno británico en un comunicado que adelantó las declaraciones que realizará este lunes.

Las palabras de Johnson llegan antes de que este martes comience en Londres una nueva ronda de las conversaciones entre el Reino Unido y la UE para cerrar un nuevo tratado de libre comercio que evite que el próximo 31 de diciembre se produzca un fin abrupto de la actual relación.

En las últimas horas el Gobierno británico ha multiplicado los mensajes de que no teme que finalmente no se halle un acuerdo, como repitió este domingo el negociador británico, David Frost, en una entrevista publicada por el Mail on Sunday.

Para el primer ministro, «no tiene sentido pensar en plazos que vayan más allá (del 15 de octubre). Si no nos ponemos de acuerdo para entonces, no creo que vaya a haber un acuerdo de libre comercio entre nosotros, y deberíamos aceptarlo y pasar página».

Johnson aludió a los puntos de discrepancia, sin citarlos, como los subsidios estatales o la pesca, y aseguró que el Reino Unido no renunciará «a los fundamentos de lo que significa ser un país independiente» en pos del éxito de las conversaciones.

El Ejecutivo conservador desea tener las manos libres para decidir si respalda con una inversión estatal masiva sectores clave para la economía como el tecnológico -pese a la tradición no intervencionista de los tories-, y ve cualquier arreglo con Bruselas como un posible lastre para esos subsidios.

Pese a todo, el primer ministro reiteró que un fracaso de las negociaciones sería para su país «un buen resultado» y que en ese caso significaría que la UE pasase a ser un socio comercial «como Australia» del Reino Unido, con los protocolos establecidos por la Organización Mundial del Comercio.

Estas declaraciones se suman a la información desvelada este domingo por el diario Financial Times de que el Gobierno británico planea aprobar nueva legislación que anularía partes del acuerdo de salida de la UE del Reino Unido, especialmente en lo referido a los subsidios estatales y en las aduanas con Irlanda del Norte. A juicio del influyente periódico, la aprobación de esa nueva ley de mercado interno -que se espera para el miércoles- podría hacer saltar por los aires las negociaciones esta misma semana.

El negociador comunitario para la relación posbrexit con la Unión Europea (UE), Michel Barnier, se mostró este lunes preocupado por la negociación con el Reino Unido porque ese país quiere «lo mejor de los dos mundos». «La negociación abarca el comercio, la pesca, la seguridad, el transporte, la energía y muchos otros temas. Sigo preocupado. Esta semana no empieza la última ronda. Habrá otras a finales de septiembre y en octubre. Es una negociación difícil porque los británicos quieren lo mejor de los dos mundos», dijo.

Barnier recordó que el divorcio entre el Reino Unido y la UE fue una decisión de los británicos que el bloque comunitario «respeta pero lamenta», y que ahora requiere centrarse en qué relación se establece entre ambos para el futuro.

Este domingo, su homólogo británico, David Frost, había subrayado que el Reino Unido no será un Estado «subordinado» a los Veintisiete, por lo que no cederá «en puntos fundamentales» como tener control sobre sus propias leyes.

La octava ronda de negociaciones comienza este martes para intentar cerrar un nuevo tratado de libre comercio que evite que el próximo 31 de diciembre se produzca un fin abrupto de la actual relación.

«Si los británicos y nosotros no conseguimos un acuerdo de libre comercio las reglas son sencillas: el Reino Unido volverá a estar bajo las reglas tradicionales y habituales de la OMC (Organización Mundial de Comercio) y habrá tarifas aduaneras, lo que provocará muchos trastornos», añadió Barnier.

El reparto de las cuotas pesqueras en aguas británicas es uno de los grandes escollos en las conversaciones. «Querrían recuperar la totalidad de las aguas territoriales británicas, y eso implica excluir a los pescadores europeos, lo que no es aceptable para nosotros, pero creo que un acuerdo es posible. Es complicado, porque pescamos un centenar de pescados diferentes. (...) Debemos mirar las cosas al detalle. Es una cuestión de buena voluntad», recalcó.

Barnier señaló igualmente que la Unión Europea ha defendido y defiende sus intereses, y dejó claro que no habrá un acuerdo «en detrimento del mercado único». 

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